Creo que todos los que amamos el cine podemos estar de acuerdo en que '12 hombres sin piedad', la película que Sidney Lumet dirigió en 1957, es una obra maestra. Su fantástico esquema, que muestra cómo la mente humana es manipulable por la masa y solo se necesita una duda razonable para trastocar una idea que parecía irrefutable, sigue a día de hoy, casi 70 años después, a prueba de bombas. Es simplemente fabulosa a todos los niveles y ha inspirado decenas de películas y series de televisión a lo largo de los años... Pero su veneración lleva a que obras como 'Recreación de un asesinato' ('Re-creation'), que parte de una idea original y atrevida, se queden en un simple calco sin mucho más que contar.
12 hombres con piedad
El punto de partida es, cuando poco, singular: Jim Sheridan imagina la deliberación, con todas las pruebas recabadas a lo largo de las décadas, de un hipotético jurado moderno a cargo de juzgar uno de los asesinatos más mediáticos de la historia de Irlanda, el de Sophie Toscan du Plantier el 23 de diciembre de 1996. Durante años, Ian Bailey, periodista independiente, fue acusado del asesinato, pero el juicio nunca llegó a ocurrir pese a que existían pruebas que parecían apuntarle a él directamente. En plena era del true crime, esta búsqueda de justicia tardía no puede ser más acertada, máxime cuando en Francia sí se hizo un juicio paralelo en el que sí se declaró a Bailey culpable, condenándole a 25 años de prisión (que nunca cumplió al no ser extraditado). El problema es que la película no va más allá de su original planteamiento.
Sheridan podría haber optado por hacer una crítica de la sociedad enganchada al true crime o hablar de los defectos de un sistema judicial que prima la rapidez por encima de la verdad, pero, en su lugar, se rebaja, inexplicablemente, a la mera copia de Lumet: aunque todos están convencidos de que Bailey es culpable, un miembro del jurado cree que hay una duda razonable. Lo que pasa después no os sorprenderá, porque repite uno a uno todos los giros de '12 hombres sin piedad', pero añadiéndoles un toque emocional y dramático que acaba siendo excesivo y nada aporta a una trama que habría ganado enteros de centrarse tan solo en la deliberación en sí misma y las distintas personalidades alrededor del jurado.
Con todas las pruebas sobre la mesa, la elección de hacer una ficción narrativa sobre el asesinato de Sophie Toscan du Plantier es, cuando poco, cuestionable: la película habría ganado enteros como un documental que plantease un camino distinto al de la versión oficial y que no se perdiera por vericuetos poco afinados y personajes a medio gas, que acaban por desinflar el supuesto resultado escandaloso que el director propone. Al final, 'Recreación de un asesinato' falla al no centrarse en dicho asesinato y dejar que la narrativa se disperse en exceso, resultando en una obra muy menor de Sheridan que si se salva in extremis es solo por la interpretación de Vicky Krieps.
¡Un momento! ¡Protesto!
Krieps, al igual que el resto de intérpretes, hace lo que puede con su papel pero no es suficiente para revolucionar el guion: para el público irlandés, esta película puede ser una de las grandes revelaciones del año al atreverse a tocar un tema tabú, pero fuera es difícil no verla con una rampante sensación de apatía constante. Es, de hecho, más interesante la historia que rodea a la cinta, el caso y su atrevimiento inicial que la cinta en sí misma, que, para no repetirse a sí misma constantemente, introduce viajes emocionales (y físicos) que nunca parecen reales, dejando una sensación chiclosa y alargada: su aparente sensibilidad se queda en la mera superficie.
Hay, pese a todo, una película interesante en los márgenes de 'Recreación de un asesinato', que llega a unas conclusiones inesperadas y a un inevitable nuevo sospechoso que gran parte del jurado ni siquiera puede imaginarse. Además, el director logra que, pese a desarrollarse casi en su totalidad dentro de una sala cerrada, nunca resulte aburrida visualmente, explorando nuevas maneras de contar la historia y llegando a escenas donde la débil frontera entre realidad y ficción parece destruirse por completo. Ojalá, de hecho, hubiéramos tenido más momentos así y menos confrontaciones excesivas que nada aportan al montaje final.
Voy a ser honesto: si quisiera ver '12 hombres sin piedad', vería '12 hombres sin piedad'. El esquema es infalible, sí, pero para sacarlo a la palestra de nuevo en tiempos modernos hace falta darle un giro a la propia narrativa, como hacía Clint Eastwood en la fantástica 'Jurado Nº2'. En el primer momento en que el personaje de Krieps se enfrenta al resto de sus compañeros, todos sabemos lo que se avecina durante la siguiente hora y media, y 'Recreación de un asesinato' no se preocupa en hacer que el camino no sea el esperado. Como un viaje recurrente en Alsa, sabes perfectamente cada giro del camino, y solo te queda por delante una hora y media de incómodo tedio.
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