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'Superagente 86', no queremos a un Smart listo

'Superagente 86', no queremos a un Smart listo
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'Superagente 86' ('Get Smart') es la versión cinematográfica de la serie de los años sesenta creada por Mel Brooks y protagonizada por Don Adams en la que éste interpretaba a un torpe agente de Control al que todo le salía mal… pero con buenos resultados, algo así como 'El Inspector Gadget' que, por edad, me marcó mucho más que la anterior.

El film está dirigido por Peter Segal e interpretado por Steve Carell en el papel protagónico del Superagente 86; Anne Hathaway como la agente 99; Alan Arkin como el jefe y Dwayne ‘The Rock’ Johnson y David Koechner como agentes rivales de Smart. Bill Murray tiene un cameo, mientras Terence Stamp interpreta, como era de esperar, al malo, y James Caan al presidente.

'Superagente 86' se estrenó este verano y probablemente me pilló de vacaciones o a punto de marcharme, así que no escribí la crítica en su día. Ahora que nos llega una noticia sobre una secuela, aprovecho para comentar lo que me pareció la primera. Como he indicado en otras reseñas sobre películas de Carell, el actor tiene la ventaja de que sólo con aparecer en pantalla despierta la risa. Probablemente su forma de trabajar consiste en hacer lo menos posible, al contrario que otros actores cómicos, a los que no desprecio, simplemente recalco la diferencia. Sin hacer gestos ni aspavientos, solo con tener la cara que tiene, Carell puede hacer reír si la cámara se queda un rato delante de él. Gracias a eso, la película no es del todo despreciable, ya que cuenta con este hombre que, además de tener esta vis cómica, es absolutamente idóneo para el papel, no sólo por el parecido con Don Adams, sino también porque le quedan bien los roles de pringado. De esta forma, todo lo que está relacionado con él en 'Superagente 86' se hace ameno y entretenido.

Lo que ya no han sabido encajar en la película y les ha quedado carente de humor por completo son las subtramas, como la de los dos agentes medio tontos (David Koechner y Terry Crews) que rivalizan con Smart. Eso se lo podrían haber ahorrado. Quizá con Masi Oka (Hiro en 'Héroes') y su compañero logran algo más de comicidad al retratar de forma entrañable a estos freaks y porque sirven para demostrar lo que era 86 y lo que es en ese momento.

Otra de las subtramas es la romántica. Por mucho que se esfuercen en hacer que nos creamos que esa espectacular 99 se enamora de 86 porque ha tenido malas experiencias en el pasado y porque es más vieja de lo que aparenta, no hay forma de tragárselo. Al cambiar a Barbara Feldon, que tenía tanta capacidad de hacer reír como Adams, por Anne Hathaway, la agente 99 se convierte en una mujer demasiado guapa para acabar con Carell. La falta de credibilidad es falta de química en la relación y eso lleva a la falta de interés para los espectadores.

El jefe en la serie, Edward Platt, probablemente era lo mejor, como así lo fue el de Clouseau en las películas de 'La pantera rosa'. Aquí Alan Arkin hace un buen trabajo, pero no tiene la gracia que tenía el original.

'Superagente 86' cuenta con algunos momentos de humor por aquí y por allá, como el baile con la chica gordita, que no están mal. También tiene varios chistes apreciables. Es una pena que los más graciosos, como "There was a guy in the bathroom... and he was really hot!" sean juegos de palabras intraducibles. Pero todos los instantes cómicos están repartidos por un metraje que, en general, no termina de ser todo lo divertido que podría. Lo mismo le ocurre al cameo de Bill Murray: que me parece que no está todo lo conseguido que debiera.

La historia policial de 'Superagente 86' es muy simplona, tanto que la película se hace corta o más bien se queda en nada, y todo se resuelve sin obstáculos, con absoluta facilidad. Pero lo peor es que va en contra del concepto de la serie: Smart no puede ser lo que su apellido indica (listo). Maxwell es tonto y torpe y, si algo le sale bien, tiene que ser a pesar de todo. En esta película, al final se olvidan de esta idea y convierten a Carell en un superagente más, con la misma habilidad que la de cualquier Bond o Bourne. Ni siquiera para introducir una catártica evolución de personaje podemos aceptar que se haya transformado en una persona competente. Por todo ello, si durante un primer momento se puede pasar bien viendo el film, el regusto final es el de la decepción.

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