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'Taxi a Gibraltar': una lamentable mezcla de comedia y road movie a la que no merece la pena subirse
Críticas

'Taxi a Gibraltar': una lamentable mezcla de comedia y road movie a la que no merece la pena subirse

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Si en algún momento tuvieron razón los detractores del cine español que siempre aluden a los mismos argumentos, hace ya tiempo que dejaron de tenerla. La variedad reina hace mucho entre la producción cinematográfica nacional y obviamente hay películas muy malas y otras estupendas con mucho entre medias. Lo mismo que sucede en cualquier otra cinematografía.

Por desgracia, hoy me toca hablar de una de las peores, ya que no hay prácticamente nada en ‘Taxi a Gibraltar’ que merezca ser rescatado. Es verdad que no llega a ser el engendro que temí tras ver el tráiler, pero eso no quita que estemos ante una mala road movie y una comedia espantosa.

Sin puñetera gracia

Escena Taxi A Gibraltar

Recuerdo que hace ya unos cuantos años se estrenaba ‘El oro de Moscú’, una comedia que abordaba el mito de un tesoro oculto como excusa para ofrecer un humor bastante zafio en la línea de lo peor del panorama televisivo español de la época. Años después llegó una secuela que ya no contó con el favor del público, por lo que la idea de ofrecer algo similar tampoco parecía una gran idea por mucho que cuentes con Dani Rovira. Y así ha sido.

Es verdad que ‘Taxi a Gibraltar’ nunca resulta zafia -aunque muy estúpida sí que puede llegar a ser-, pero sí que nunca sabe cómo encarrillar esos excesos sobre los que construye su naturaleza cómica. Un buen ejemplo de lo tenemos con el momento el que el dúo protagonista pasa a convertirse en trío, ya que eso provoca una pequeña subtrama con la aparición de un hombre muy cabreado que está manejada de tal forma que roza la vergüenza ajena.

No obstante, me estoy adelantando mucho y los problemas de ‘Taxi a Gibraltar’ resultan evidentes mucho antes que eso. Tras una presentación de personajes que tampoco funciona mal del todo para dejar clara la personalidad antagónica de los dos protagonistas –aunque todo lo relacionado con la rivalidad entre taxistas y VTCs daba para más que un gag tan soso-, la película va aumentando de forma paulatina el lío en el que se encuentran nuestros dos “héroes”.

‘Taxi a Gibraltar’, un cóctel muy mal agitado

Imagen Taxi Gibraltar

Ahí lo primero que queda claro es la falta de chispa de la película, ya que el guion firmado por Alejo Flah, también director de ‘Taxi a Gibraltar’, y Fernando Navarro muestra una alarmante incapacidad para crear situaciones divertidas. Lo más parecido a eso es la química que se intenta conseguir entre Rovira y Joaquín Furriel. El primero un pobre diablo con problemas de agresividad y el segundo un liante con mucha labia.

La mezcla no funciona mal de inicio -sobre todo por las actuaciones de Rovira y Furriel-, pero acaba resultando un tanto cargante y contagiándose de la falta de ideas de la película para ofrecer algo satisfactorio. Todo avanza a trompicones y cualquier ingenio que pudiera haber va derivando paulatinamente en una sucesión de excesos sin gracia en los que hay incluso hueco para la aparición un tanto gratuita de un mono. Porque hacen gracia imagino, o eso deben pensar.

La traca final ya traspasa el límite de lo razonable y va concatenando situaciones azarosas en la búsqueda del inevitable final feliz. Antes se pueden salvar algunos detalles como el logrado acento de Ingrid García-Johnson, algo que cae en saco roto por lo ridículo que resulta todo lo relacionado con su personaje, o los dos policías encargados de controlar a los que entran y salen de Gibraltar, lo más parecido a algo gracioso que hay en toda la película.

En definitiva, ‘Taxi a Gibraltar’ no es un insulto al cine ni una mamarrachada de las que hacen historia, simplemente es una mala película con muy poca gracia. Una sucesora de ‘El oro de Moscú’ que nadie pedía, aunque al menos hay que reconocer que mejor que la cinta dirigida por Jesús Bonilla ya es.

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