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'The Man Who Could Cheat Death', un Fisher en baja forma

'The Man Who Could Cheat Death', un Fisher en baja forma
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Terence Fisher fue probablemente el mejor director de cuantos tenían nómina trabajando en la Hammer, la mítica productora británica, que se especializó en películas de terror, tocando absolutamente todos los personajes que la Universal tocó en los años 30, y todo tipo de películas fantásticas. Actores casi siempre presentes en esos films fueron Peter Cushing y Christopher Lee, éste último alcanzando fama inmortal interpretando al Conde Drácula en una serie de films que fueron de mejor a peor. Personalmente prefiero los films que dedicaron al personaje de Frankestein, papel a cargo del gran Cushing, y que salvo el último, fueron todos de una calidad inigualable. 'The Man Who Could Cheat Death', que puede traducirse por algo así como 'El Hombre que podía engañar a la muerte', fue uno de los films menos conocidos de Fisher, permaneciendo inédito en algunos países como el nuestro. 'The Man Who Could Cheat Death' es un remake del film americano 'The Man in Half Moon Street', que a su vez adapta la obra de Barré Lyndon, en la que se narra como un científico ha desafiado a la muerte, encontrando lo que parece el secreto de la inmortalidad, mediante una simple operación quirúrjica, la cual debe realizarse cada diez años. Ahora, que le va tocando hacerlo de nuevo se encuentra con que no dispone de nadie que pueda realizar dicha operación, ya que su mejor amigo, también cirujano y conocedor de su terrible secreto, ha quedado inmóvil de una mano. Han de encontrar una solución, o la muerte le pedirá cuentas.

Realmente la premisa argumental, a pesar de ser muy típica de aquellos años, y poseer cierto encanto, no deja de ser una tontería, por como está planteada. El protagonista se ha vuelto codicioso, y este aspecto no está bien retratado en el guión, por lo que a cualquiera le resultaría fácil deshacerse de tan problemático personaje, que en realidad no lo es tanto. Después la historia está llena de algunas situaciones ridículas, como cierta escultura que es encontrada "por casualidad" por la protagonista femenina, o la ayuda sistemática que el protagonista va pidiendo a colegas de profesión, con una naturalidad poco creíble, dadas las circunstancias de la operación. Son pequeños momentos que chirrían enormemente dentro de un argumento ya de por sí bastante flojo.

De lo que no hay duda es de que la interpretación de su actor principal es sobresaliente. Se trata de Anton Diffring, quien sustituyó a un indispuesto Peter Cushing que no pudo intervenir en el film. A pesar de que era un papel idóneo para Cushing, Diffring está soberbio, logrando transmitir en todo momento los sentimientos del personaje. Por un lado, la seguridad que debe sentir alguien inmortal, pero también la soledad, al no poder permitirse amar a alguien, y también, cómo no, la locura y rabia, al no querer acabar con todo de una vez, porque todavía quiere vivir más, y quitará de en medio a todo aquél que quiera impedírselo. A su lado, en un papel más secundario, un actor de la casa, Christopher Lee, con un personaje mucho más convencional, y peor tratado. El actor impone con su presencia, pero poco más.

Nos encontramos, sin duda, ante una de las peores películas de su genial director, perjudicada sobre todo por ese mencionado guión que raya lo risible, lo cual termina perjudicando muchísimo un film que desde luego pretende tomarse en serio a sí mismo. Realizada después de la hiperfamosa 'El Perro de Baskerville', Fisher aún tardaría en recuperar su buena forma, hasta tres películas después con la estupenda 'Las Novias de Drácula'. No obstante, eran unos años de mucha productividad para la Hammer, en los que Fisher era capaz de realizar cuatro películas en un año. No todas le iban a salir bien.

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