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‘The Mandalorian’: space-opera y western se abrazan mostrando el mejor camino para ampliar el universo 'Star Wars'
Críticas

‘The Mandalorian’: space-opera y western se abrazan mostrando el mejor camino para ampliar el universo 'Star Wars'

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Después de 42 años disfrutando de épicas espaciales imposibles entre droides, Jedis, Sith, sables láser, planetas inhóspitos y naves de todos los tamaños y apariencias imaginables, es innecesario puntualizar que el universo 'Star Wars' es una vasta caja de arena en la que dar forma a infinidad de relatos, edificados sobre una mitología prácticamente inagotable.

Esto se ha visto reflejado ya no sólo en la rica enealogía principal, que ya ha dado su cierre definitivo con la controvertida 'El ascenso de Skywalker', sino en un surtido de spin-off que —sin entrar en el terreno de cómics, novelas y videojuegos— han explorado tanto en la gran como en la pequeña pantalla la cronología galáctica desde diferentes tonos y puntos de vista.

Tras las ambiciosas y duramente criticadas apuestas cinematográficas de las dos precuelas subtituladas 'Una historia de Star Wars' —filmes que siempre he defendido a capa y espada a pesar de sus flaquezas—, en Disney han decidido trasladar sus historias paralelas al medio catódico con la primera serie en acción real de la franquicia: una soberbia 'The Mandalorian' que debería ser tomada como referente a la hora de dar forma a las siguientes aproximaciones al material original de George Lucas.

Por un puñado de créditos

Un hombre avanza por un camino polvoriento hacia lo que parece un pueblo no demasiado acogedor. La puerta de la cantina se abre, revelando a nuestro héroe a contraluz, en pose de duelo, con su guardapolvo al viento —aquí es una suerte de capa— y con la cartuchera de su revólver —reconvertido en un blaster— a la vista de todos los parroquianos, que no tardan en centrar su atención sobre el misterioso visitante.

Con esta cliché —término desprovisto en este caso de cualquier connotación negativa—, 'The Mandalorian' inicia su apasionante periplo, abrazando sin miramientos los códigos estéticos, tonales y narrativos propios del western que marcarán los ocho episodios que componen su primera temporada. Un viaje rebosante de virtudes en el que la fusión genérica brilla como principal reclamo.

Mando

Esta escena introductoria es sólo la primera de muchas referencias a uno de los géneros más longevos de la historia del cine que encierra la nueva aventura de 'Star Wars'. Estas van desde situaciones como asaltos a caballo a asedios a un grupo de personajes encerrados en un recinto cerrado, pasando por un tratamiento del cazarrecompensas protagonista, a quien se conoce únicamente como "Mando" y que bien podría ser el equivalente galáctico del  hombre sin nombre de Sergio Leone.

Esta esencia del cine del oeste también transpira en el espíritu que envuelve la producción y sus personajes, de una extraña solemnidad y moral más propia del 1860 terrestre que del año 9 después de la Batalla de Yavin, y en el  modo en el que traslada estas normas al terreno de la space opera; estableciendo un lúcido paralelismo entre la norteamérica de la posguerra civil y una decadente galaxia posimperial.

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Finalmente, entre duelos, forjajidos y demás cánones del western, no tarda en aflorar la verdadera naturaleza de 'The Mandalorian', que condensa todas y cada una de las señas de identidad —guiños y fan service aparte— que han hecho tan grande y querida a 'Star Wars': el misticismo que siempre ha rodeado al concepto de la Fuerza, la permanencia del conflicto velado entre Imperio y República típico de la saga y la sensación de ambientarse en un mundo casi inabarcable, repleto de criaturas y sorpresas de todo tipo.

Lo bueno, si breve...

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Ambientación aparte, si hay algo que reverenciar en 'The Mandalorian', eso es su brillante formato. Compuesta por cuatro pares de piezas que superan por muy poco la barrera de los treinta minutos, uno no puede evitar lamentarse por su escasa duración tras la conclusión de cada capítulo, pero dado lo depurado de su narrativa y las cotas de calidad que se alcanzan, estas "pequeñas" píldoras reafirman el dicho de que lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Parca en palabras y abanderada de la máxima que apuesta por el uso de la narración en imágenes y no de la exposición oral, la serie de Disney+ se construye como una suerte de colección de pequeñas piezas autoconclusivas, cada una estructurada en tres actos, que hacen gala de una variedad conceptual exquisita; mención especial para un episodio 6 que parece beber del mismísimo John Carpenter, y para una recta final de infarto que vuelve al western quintaesencial.

Pero todo lo comentado hasta el momento no tendría, ni por asomo, el mismo efecto sin una ejecución audiovisual a la vanguardia del medio. Los 15 millones de dólares con los que se ha presupuestado oficialmente cada capítulo han quedado plenamente justificados después de ver el estilizado festival formal ofrecido por los realizadores del show, entre los que se encuentran Bryce Dallas Howard o el mismísimo Taika Waititi.

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Rodada con una relación de aspecto de 2.39 : 1 —conocida como cinemascope y, de nuevo, propia del western—, y sacando oro de la espectacular tecnología Stagecraft —de la que os hablé ampliamente en este artículo—, 'The Mandalorian' nos regala un surtido de instantáneas, paisajes y set-pieces para el recuerdo que dan empaque al rico lore del relato y elevan los niveles de épica hasta límites insospechados.

Redondeada por una descomunal banda sonora original cortesía de Ludwig Goransson que, probablemente, sea de lo mejor que nos ha dado la televisión durante los últimos años, 'The Mandalorian' es una auténtica delicia que, Baby Yoda aparte, muestra a la gente de Disney y Lucas Film que "este es el camino" para continuar expandiendo el universo 'Star Wars'.

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