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Francis Ford Coppola, loco por el cine

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F.F. Coppola nació en el seno de una familia de artistas inmigrantes (sus abuelos eran originarios de Basilicata, al sur de Francia Italia), en Detroit (Michigan), en la primavera de 1939. Cuatro meses después ‘El mago de Oz’, y ocho meses después se estrenaría en Estados Unidos ‘Gone With the Wind’. Estas dos películas comparten no sólo el mismo director, Victor Fleming (responsable de gran parte de la segunda), sino una obsesión que poco a poco iremos desgranando en este estudio que ahora retomamos.

Y es que los Oscar, y todo lo que han supuesto de trabajo para este blog, han obligado a posponer unos días la continuación del análisis de la obra, la personalidad, y el estilo, de uno de los cineastas más apasionantes y distorsionados de la historia. Para este hombre de cine, su vida y su carrera parecen inseparables, son un todo, pues su vida se refleja en su cine, y su cine en su vida, hasta el punto de que es imposible diferenciar ambos. Siguiendo la máxima “habla sobre lo que más conozcas”, Coppola lleva toda la vida hablando de sí mismo, hasta el final de sus consecuencias.

Hijo de un eminente flautista, contrajo la poliomielitis de niño, con lo que se vio obligado a guardar cama durante largas temporadas, encerrándose en su habitación y sin poder hacer otra cosa que aprender por su cuenta las lecciones del colegio, y buscar formas de divertirse con las que no caer en la depresión. Primero encontró satisfacción con sus marionetas, por las que siente un profundo cariño, y poco después encontró la cámara Super-8 de su padre y a los diez años comenzó a grabar con ella. El joven muchacho iniciaba de aquella manera una vocación que ha marcado su vida. No sólo la de ser cineasta, sino la pasión por la representación, la búsqueda de una vida bohemia y apasionada, la cristalización de una existencia consagrada a vivir la vida a su manera, sin tener muy claro si lo que quería era ser cineasta, dramaturgo, escritor, actor, productor, o cualquier otro rol que le asegurara un lugar eminente en el mundo de la cultura.

De ese modo acabó en la eminente Universidad Hofstra, de donde se graduó a los 21 años, y de ahí pasó a la UCLA, donde tuvo la oportunidad de trabajar en un buen número de cortos, y de dejar bien claro a sus compañeros de promoción de que, tuviera talento o no lo tuviera (lo segundo aún se lo plantean muchos), tenía intención de comerse el mundo y de controlar por entero su vida. De hecho, mientras otros se dormían en los laureles o buscaban otra forma de culminar sus carreras, él se largó durante unas semanas a filmar una película de presupuesto irrisorio, que se basaba en su propia experiencia de cuando se largó de casa varias semanas, a los 15 años. ¿Pero fue ese su primer largometraje? Pues no.

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Antes de eso en 1963, Coppola trabajaba de ingeniero de sonido en una película de Roger Corman, alternándolo con sus estudios, pasando semanas sin dormir. Era ‘The Young Racers’, que como todas las de Corman, dejó 20.000 dólares sobrantes, y Coppola aprovechó para escribir en tres días y filmar en nueve otra película. Una locura llamada ‘Dementia 13’, gótica y llena de suspense, que muy pocos han visto. Pero tampoco fue esta la primera de Coppola. En 1961 y 1962 había ensamblado mucho material erótico en un western atípico (por decir algo) y en un filme alemán en blanco y negro. El resultado: ‘Tonight for Sure’ y ‘The Bellboy and the Playgirls’. Coppola hacía cualquier cosa para lograr llegar a ser cineasta. ¿Quién se acuerda hoy de todas ellas?

Sin embargo ‘You’re a Big Boy Now’ es diferente. Y no se sabe si porque por fin escribió él mismo la historia (eso sí, sobre la novela de David Benedictus). Y lo es porque es intransferible y personal, porque por primera vez habla de sí mismo. La posterior ‘Finian’s Rainbow’, un musical encargado por la Warner-Seven Arts, resulta competente pero desapasionada, no tanto por incrustarse en una épica en la que el musical clásico estaba casi muerto, sino porque se nota que Coppola agarra un clavo ardiendo sin poder hacer otra cosa que arder con él. Fred Astaire y Petula Clarke, eso sí, bailan estupendamente, como siempre.

Aprovechando un salario decente, ya en 1969 y a los 30 años, Coppola se anima a rodar su filme más personal hasta el momento, basado, una vez más, en sus propias experiencias vitales, aprovechando un momento de la indecisión de la industria y ganándose el respeto de los productores. Es el momento de varios rodajes itinerantes, como ‘Alice Doesn’t Live Here Anymore’ o ‘Easy Rider’, y desde luego la propia ‘The Rain People’, que se filmó en ocho semanas, con el estudio de montaje y sonorización dentro de las furgonetas. Esto convence a Coppola de su necesidad de autonomía, de su capacidad de independencia. Decide instalar su productora, de la que son socios George Lucas y Walter Murch. Dispuesto a jugarse el todo por el todo, le produce a Lucas su debut, la desastrosa (ahora defendida por algunos) THX 1138’, que supone la primera de una larga serie de bancarrotas para Zoetrope.

Han concluido los 60, locos y frenéticos. Y han comenzado los 70. En esta nueva década Coppola filmaría tan sólo cuatro largometrajes. Ahora bien, estos cuatro largometrajes son cuatro obras maestras (eso sí, de muy distintos rasgos) que le han apuntalado a lo más alto de la cinematografía mundial de todos los tiempos. Ahí es nada. Y sus trabajos previos como director no hacían sospechar que era capaz de un logro semejante, si bien ‘You’re a Big Boy Now’ y ‘The Rain People’ ofrecían a un cineasta capaz de abrirse el pecho y de mostrar su corazón con una sinceridad casi autodestructiva.

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Lo que nadie puede negar, es que es resulta muy difícil ofrecer un perfil desde su actividad creativa en los años 60, por la disparidad de los proyectos en los que trabajó, por la cantidad de disciplinas por las que pasó, por las vicisitudes del cine de autor enfrentado al industrial que intentó cultivar, por sus deudas a Hitchcock y a la Nouvelle Vague. Pero del mismo modo que Terrence Malick (al que esperamos estudiar en un futuro próximo) se pasa veinte años sin dirigir para regresar con una creación sublime, la explosión de talento de Coppola es incontenible, y los antecedentes no pueden explicarlo.

En los próximos capítulos vamos a hacer un análisis profundo de las dos primeras películas de ‘El Padrino’, así como de ‘La conversación’ y de ‘Apocalypse Now’. Pero no vamos a ofrecer una simple crítica, sino un análisis profundo de sus motivaciones, su ejecución y los resutados, tanto cinematográficos como en la vida de su máximo responsable. ¿Os digo un secreto? Ni siquiera sé cuántas entradas me va a llevar esto.

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