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Quentin Tarantino: sus inicios

Quentin Tarantino: sus inicios
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Ahora que se aproxima el nuevo estreno de Quentin Tarantino, la esperada ‘Malditos Bastardos’ (‘Inglourious Basterds’), es buen momento para repasar la carrera de este destacado director. Vuelve a la palestra (si es que alguna vez no lo ha estado desde hace años), para ofrecernos su último trabajo, donde ha puesto nuevamente todo su saber hacer, y sobre todo, toda su influencia y capacidad mediática para convertirla en número uno de taquilla. No sabemos cómo funcionará en España, pero seguramente, tendrá una excelente acogida, como casi todos los trabajos del realizador de ‘Pulp Fiction’.

Y es que Quentin Tarantino se ha convertido, por méritos propios, en un director de culto. Alabado y admirado por muchos, aunque también criticado y odiado por otros. Se le pueden reprochar muchas cosas, pero no se le puede negar que desde que irrumpió con su ópera prima, ‘Reservoir Dogs’, se ha convertido en un realizador fundamental del cine norteamericano de los últimos años. Y su estilo ha marcado una tendencia en el cine contemporáneo, especialmente por sus ingredientes: multirreferencial, cinéfilo, mezcla de géneros y recuperando viejas estrellas en declive.

Todo lo que conforma su manera de dirigir películas, nace de su profunda cinefilia. Una afición que adquirió muy joven, viviendo junto a su madre soltera y alimentándose de cientos de películas, devorando títulos para alimentar la semilla de cinéfilo que fue creciendo. Influenciado por manifestaciones culturales de diversa índole, sin importar su procedencia o reputación, se fue forjando su particular sueño: triunfar en Hollywood.

La interpretación le llamaba la atención y siempre se esforzó en estudiar arte dramático, aprender para conocer todos los entresijos y también lograr, como consecuencia, una experiencia valiosa para plasmar historias y poder dirigirlas en un futuro. Tenía claro que se quería dedicar al cine, aunque no tuviera mucha idea de como conseguirlo y ni qué camino tomar. Su ingesta compulsiva de películas le fue forjando como un cinéfilo obsesivo, de gran memoria y de gusto tan dispar como abierto, capaz de disfrutar viendo películas clásicas, pero también títulos infames, de serie B o cintas que nunca llegaron a ser demasiado conocidas, pero de las que sabía extraer un aprendizaje.

Como es bien conocido, fue un asiduo cliente de Video Archives, un videoclub con una amplia oferta de películas en vídeo que hacía las delicias de un joven Quentin Tarantino deseoso de devorar títulos en grandes cantidades. Su apasionada afición y sus continuas visitas a Video Archives, hicieron que ese local se convirtiera en una especie de escuela cinematográfica improvisada, incluso un lugar donde pasar horas debatiendo sobre cualquier título que se terciara. Su gran memoria le valió pronto gran estima por otros clientes e incluso por los propietarios, ya que era capaz de recordar diálogos de cientos de películas. Hasta que un buen día, le ofrecieron un puesto de dependiente en Video Archives y vio cumplido un sueño. Así tendría acceso a más títulos y sería un recomendador a plena jornada. Allí vivió con intensidad su afición y le permitió establecer amistades que mantendría durante largo tiempo.

Un buen día, como es lógico, se lanza a realizar su primer proyecto. Con más ilusión y entusiasmo que medios, se pone a rodar una historia planteada por su amigo Craig Hamann (compañero de clase de interpretación) y finalmente escrita por el propio Tarantino. Esta primera obra, de título ‘My Best Friend’s Birthday’ supuso el primer encuentro serio con el proceso de creación de una película y como tal, sólo fue el descubrimiento de todas las dificultades existentes para llevar a cabo una película sin apenas presupuesto y tener que rodar con amigos, cuando disponían de tiempo. Contaba la historia de Mickey (interpretado por el propio Hamann), al que su novia lo deja sólo en el día de su cumpleaños y su amigo Clarence (Tarantino) le prepara una fiesta inolvidable. Todo, curiosamente, en clave de comedia.

tarantino birthday

Rodada en 16 mm y en blanco y negro, se prolongó durante tres años (1984-1987) y Tarantino cometió el error de no ir revelando los rollos conforma iba grabando, así que tras todo el periplo, se encontraba con una gran cantidad de celuloide sin saber el resultado. En el proceso de revelado fue donde, precisamente, se perdió gran parte del metraje (un tercio del total). Algo que lamentaría pero que a la postre le beneficiaría. Sabedor que no era una película meritoria (errores de continuidad, falta de ritmo,...), al menos le puso todo su entusiasmo y verborrea a la hora de exhibirla (y venderse como realizador) en algunos circuitos de Hollywood para encontrar algún productor interesado en un joven cineasta, de nombre desconocido. Hasta que la evidencia se mostró en forma de bofetón. Y todo esfuerzo fue en balde.

La película quedó olvidada y tan sólo tiene el mérito de suponer el germen del guión de ‘Amor a quemarropa’ (‘True Romance’), que sería su primer guión en condiciones y el primero que consiguió encontrar recompensa. Tras la desilusión de su primer trabajo, fue su agente Cathryn James la que le sugirió que se dedicase a la escritura, que era donde más brillaba su talento y se dejase de experimentos en la realización. Fue duro, pero lo captó y se puso manos a la obra. Su primer guión fue ‘The Open Road’, que posteriormente fue retitulado ‘Amor a quemarropa’. Extrajo lo mejor de ‘My Best Friend’s Birthday’ para llevar a cabo una historia muy influida por ‘Malas tierras’ de Terence Malick y por ‘Sangre fácil’ de los hermanos Coen. Para el primer borrador contó con la ayuda de su amigo y compañero en Video Archives, Roger Avary, con quien se complementaba a la perfección a la hora de dar forma a la historia.

A su agente le encantó el guión y se puso a moverlo entre las productoras, aunque las respuestas recibidas invitaban al pesimismo, tras varios rechazos. Demasiada violencia para los ejecutivos de Hollywood. Hasta que un mánager y productor británico, Stanley Margolis, apostó por él y compró sus derechos para producirla. Y cuando recibió a Tarantino, quedó prendado de su entusiasmo y su enorme confianza en sí mismo. Hasta tal punto, que le insistió en enseñarle ‘My Best Friend’s Birthday’, con la consecuencia de obtener un sabio consejo: que no la enseñara más si quería hacerse un hueco en Hollywood. Y así fue. Hasta el punto que cuando buscaba financiación para dirigir ‘Reservoir Dogs’ jamás nombró este título. Olvidarlo fue lo mejor. Aquí se puede ver el fragmento íntegro que ha quedado:

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