Hay películas donde se ven a kilómetros las intenciones hasta cínicas de explotar una historia real con ánimo de adquirir prestigio, premios e incluso atención comercial. Por suerte las prioridades han ido cambiando lo suficiente para que ya sean más fútiles los esfuerzos descarados y, al mismo tiempo, pobres de películas como ‘Springsteen: Deliver Me From Nowhere’.
¿Nacido para correr?
Jeremy Allen White quiso aspirar al Oscar y consolidarse como estrella joven en este biopic musical en torno a uno de los episodios importantes de la carrera y vida de Bruce Springsteen. Con el director Scott Cooper pretendiendo dar una patina de cinta artística a la historia, la película hace su estreno en streaming a través de Disney+.
Asolado por cierta inquietud sobre hacia dónde dirigirse artística y vitalmente, así como asolado por los recuerdos de su infancia, Bruce Springsteen se refugia en una casa de Nueva Jersey en la que, equipado con material de grabación casero y una guitarra, intenta encontrar en otras historias que decide cantar la manera de expiar su desasosiego.
En lugar de adscribirse a la ya aborrecible fórmula de muchas películas sobre superestrellas, donde seguimos su vida desde su infancia hasta su apogeo y también momentos duros debidamente blanqueados para no cargarse una reputación, ‘Deliver Me From Nowhere’ opta por centrarse en episodios concretos. Su infancia sigue siendo algo que explotar, pero todo gira al momento más estimulante de la carrera de Springsteen que fue la grabación de su disco Nebraska.
Un momento muy potente para los que conocen la historia y discografía de The Boss, aunque para él fuera un tormento personal por vivir con depresión. La película acaba tocando toda esa complejidad emocional de forma muy superficial, con flashbacks y falsos momentos íntimos que parecen estar siendo formulaicos aunque se quieran separar de la fórmula.
Al margen de que hay más potencial cinematográfico para esta historia en particular, la película obtenida es la versión menos inspirada y más insípida posible, resultando más inspirada cuando se dedica a observar la mecánica seguida para convertir grabaciones de calidad chatarrera en algo escuchable y que mantenga la esencia original. Es lo más vivo de una película sorprendentemente inerte e insustancial.
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