Gracias a George A. Romero obtuvimos no sólo una definición cinematográfica más consistente y expandible del concepto zombie, sino también que establecido la manera en los que los muertos vivientes podían emplearse para hacer discurso antropológico y social. Desde luego, pocos monstruos han dado más pie a indagar nuestra deriva social en un contexto de emergencia.
El paso de las décadas, y especialmente este siglo, ha dejado una proliferación de historias sobre zombies que han intentado, por un lado, entretener al máximo, y por otro mostrar al ser humano como el verdadero monstruo cuando llega el post-apocalipsis. Pero una película como ‘28 años después’ decidió ir un poco más allá.
La enfermedad nunca cesa
El regreso de Danny Boyle y su guionista Alex Garland al universo epidémico que dieron forma con ‘28 días después’ lanza también una trilogía que continúa en cines estos días con la secuela ‘El templo de los huesos’. Aprovechando la oportunidad, el fabuloso inicio de la nueva saga se estrena en streaming a través de Movistar+.
Han pasado casi tres décadas desde que estallase la enfermedad que convirtiese a buena parte de la sociedad británica en monstruos devoradores de carne. Estos han evolucionado y montado sus propias sociedades jerárquicas, igual que una comunidad de humanos que ha conseguido refugiarse en un fenómeno rocoso rodeado de agua al que solo se puede acceder y salir cuando baja lo suficiente la marea.
Esta nueva ordenación está marcada por un retorno a costumbres más primitivas que tratan de ser un análogo de la deriva sociopolítica de territorios como el propio Reino Unido, que ante la incertidumbre y el miedo deciden abrazar rasgos tradicionales que no dejan de ser disfraz para derivar en la barbarie. Boyle y Garland examinan bien estas evoluciones para tratar de dar algo distinto a lo que hicieron hace décadas.
‘28 años después’: recordar que es la muerte
En el proceso también intentan construir drama humano, planteando la historia desde un coming of age del chico protagonista que tiene que moverse igualmente en el terreno del cine de supervivencia. Boyle deslumbra bastante en esa faceta con la arriesgada decisión visual de rodar toda la película con iPhones (replicando el atrevimiento de la película original rodando con cámaras digitales de bajo presupuesto), aunque elaborando la acción con pulso y alejado de convencionalismos en su uso del “bullet time”.
Todo esto permite construir un relato bastante emocional para indagar de verdad qué significa sobrevivir y también morir en un contexto donde la amenaza de la muerte es constante. La entrada del personaje de Ralph Fiennes desvía la película a interesante territorio inexplorado por mucho cine zombie, permitiéndose ciertas extravagancias que acaban siendo emotivas en sus reflexiones. Una buena manera de regresar a un universo que todavía tiene mucho que desarrollar, aparentemente.
En Espinof | Las mejores películas de 2025
En Espinof | Las mejores películas de terror de la historia
Ver 0 comentarios