Cómo reflejar el arte de la creatividad dentro de una propia obra de arte siempre tiene riesgos muy pronunciados de caer en algo muy enamorado de su propio obligo, tan ensimismado que se olvide de que hay un espectador menos versado al que hay que introducir en este mundo. Aunque el reclamo de una figura histórica pueda ser importante.
También es muy fácil caer en un determinado tipo de escena que ya es objeto de mofa por la cinefilia actual, donde la referencia a las obras más reconocibles se hace de forma tan evidente que resulta burdo además de risible. Es algo a lo que es difícil resistirse cuando hablas de un autor tan popular, aunque ‘El cautivo’ haga interesantes esfuerzos por intentar ser algo más sustancioso.
En una prisión de Argel
Uno de los cineastas más exitosos de nuestro país como es Alejandro Amenábar se atreve con un relato de ficción inspirado en uno de los puntos cruciales de la vida de Miguel de Cervantes, muy probablemente el autor más importante de la historia en lengua hispana. Con Julio Peña dando vida al autor, la ambiciosa película se estrena en streaming a través de Netflix.
En las cárceles de Argel los soldados cristianos españoles son apresados mientras esperan que la corona o los familiares accedan a pagar por rescatarlos. Entre la última tanda de rehenes se encuentra un joven soldado con una mano inutilizada pero un inusual talento para contar historias, que rápidamente capta la atención del Bajá y, posteriormente, una singular afinidad.
Entre renglones y entendidos ocultos en la historia oficial de Cervantes, incluyendo el cautiverio en el que se centra la película, Amenábar elabora una especie de Mil y una noches de Lepanto donde las tensiones religiosas e identitarias marcan los conflictos. Con este formato, consigue dar una estructura más peculiar sin perder la funcionalidad buscada para apelar al gran público.
‘El cautivo’: agarrarse a las historias
Amenábar toma detalles del cine de prisiones y también mantiene cierto pulso aventurero exhibido en su última serie ‘La fortuna’, estableciendo con los géneros marcos en los que la imaginación resulta balsámica y necesaria. El arte narrativo pasa a ser un clavo ardiendo necesario ante la adversidad, y consigue plasmar el talento y trascendencia de la obra de su protagonista, aunque esta esté aún por llegar.
Las referencias obvias a lo quijotesco terminan siendo inevitables además de increíblemente evidentes, y en ocasiones la factura contenida no termina de hacer lucir un diseño de producción elaborado. Aun así, es lo más remarcable que Amenábar ha entregado en bastante tiempo, recuperando cierta pasión por las historias a través de una sobre el arte de contarlas.
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