Pocas películas recientes han conseguido capturar con tanta delicadeza la intensidad del primer amor como 'Call Me by Your Name' (2017), dirigida por Luca Guadagnino. Ambientada en un verano luminoso en el norte de Italia, la historia sigue el despertar emocional y sexual de Elio (Timothée Chalamet) y su relación con Oliver (Armie Hammer), un estudiante que llega a la casa familiar para trabajar con su padre.
Amor de verano
La historia se sitúa en 1983, en una villa italiana donde Elio pasa el verano entre lecturas, paseos en bicicleta y la aparente calma de la rutina familiar. La llegada de Oliver rompe ese equilibrio y abre un proceso de descubrimiento emocional que se desarrolla de forma gradual, casi silenciosa.
Elio, inicialmente distante, empieza a sentirse atraído por la presencia de Oliver, aunque sin comprender del todo lo que le ocurre. La película retrata ese estado con una naturalidad poco habitual, evitando dramatismos explícitos y apostando por la observación de pequeños gestos.
Oliver, por su parte, mantiene una actitud más contenida, lo que alimenta la tensión entre ambos. La relación se construye a través de miradas, conversaciones fragmentadas y momentos aparentemente insignificantes que van adquiriendo peso con el paso de los días.
Pero más allá de su trama, la película funciona como una experiencia sensorial: el calor, la música, los silencios y los gestos mínimos construyen un relato sobre el deseo, la nostalgia y la imposibilidad de retener ciertos momentos de la vida.
Y el entorno veraniego no es solo un fondo estético, sino un elemento narrativo clave. El calor, la luz y el ritmo lento del día a día refuerzan la sensación de tiempo suspendido, como si todo pudiera cambiar en cualquier instante sin previo aviso.
Cuando finalmente la relación entre Elio y Oliver se materializa, la película no la presenta como un clímax convencional, sino como una consecuencia natural de todo lo anterior. El foco no está en el acontecimiento en sí, sino en lo que deja después: una mezcla de felicidad, incertidumbre y pérdida.
Además, el cierre de la historia se mueve hacia la distancia y el recuerdo, mostrando cómo lo vivido permanece incluso cuando ya no está presente. Es en esa última parte donde la película consolida su verdadero tema: el paso del tiempo y la huella emocional que deja lo irrepetible.
Por eso es mejor aprovechar y no dejar pasar mucho el tiempo para recuperarla, porque Netflix la elimina de su catálogo el próximo 30 de junio.
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