El final de 'Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion' demuestra que la película de Rian Johnson es una obra de ingeniería narrativa
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El final de 'Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion' demuestra que la película de Rian Johnson es una obra de ingeniería narrativa

No creo —o, al menos, eso espero— que haya lugar a demasiada discusión si afirmo que 'Puñales por la espalda: el misterio de Glass Onion' es una de las mejores películas que nos ha dejado un curso cinematográfico 2022 a punto de terminar. Y es que, tras haber revolucionado el subgénero del whodunnit con la primera entrega de la ahora saga, Rian Johnson ha hecho lo que parecía imposible: reinventar lo que ya reinventó.

Tras ver esta magnífica secuela, el único enigma que queda por descifrar es si es más brillante el Johnson guionista o el Johnson director. 'Glass Onion' es una clase magistral de escritura y de puesta en escena —sin desdeñar la magnífica dirección de fotografía de Steve Yedlin—, y además de a su libreto, preciso como el pulso de un cirujano, no tenemos más que echar un vistazo al último plano del largometraje para comprobarlo.

  • A partir de este párrafo habrá spoilers de 'Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion'.

The eyes, chico. They never lie.

Presenciar cómo va colocando progresivamente todas las piezas sobre la mesa para, después, ir montando un puzzle imposible repleto de giros, sorpresas y vueltas de tuerca deja claro cristalino que Rian Johnson no ha dejado un sólo detalle descuidado ni ha modelado una sola escena a la ligera, y el ejemplo que os traigo a continuación es una buena muestra de ello.

Después de poner patas arriba la vida y aspiraciones del aborrecible —y mucho menos inteligente de lo que finge ser— Miles Brown de Edward Norton, y una vez ha culminado su venganza, Helen Brand descansa en un banco junto a Benoit Blanc, quien le pregunta si ya está lista para volver a casa. Helen se limita a permanecer en silencio, rompiendo la cuarta pared —¿o no?— con una mirada directa a cámara que enlaza con un componente esencial en la narrativa del filme.

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Este no es otro que la Mona Lisa que Miles tiene en el salón de su ostentoso complejo, y que describe a sus invitados del modo que podéis leer a continuación antes de hacer un nuevo alarde de egolatría.

"Mi madre me llevó a París con seis años. La primera vez que la vi, me cambió la vida. Da Vinci inventó una técnica que no deja marcas en el papel, por eso, cada vez que la miras su expresión cambia. Ahora ves a sonrisa, ahora no. ¿Está contenta? ¿Está triste? ¿Ni lo uno ni lo otro? Lo que creías que era algo sencillo de repente adquiere capas y una profundidad tan compleja que da vértigo".

Una vez pronunciadas estas palabras, el montaje corta automáticamente a un plano de reacción de Helen, que contesta con cara de póquer un escueto "realmente impresiona". Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con el broche de oro de 'El misterio de Glass Onion'? La clave, como era de esperar, no está en otro lugar que en la mirada de nuestra protagonista.

El último plano de la cinta es una referencia directa a la obra de Leonardo da Vinci que, pese a la contundente resolución de la trama, posee un aura de ambigüedad que ha desatado todo tipo de teorías; incluyendo la que sugiere que las gemelas nunca existieron y que Helen es, en realidad Andi. Una innecesaria conjetura nacida de lo que, sin duda, es la guinda de un pastel cocinado por un maestro en su oficio.

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