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Animales televisivos: Jesús Hermida

Animales televisivos: Jesús Hermida
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Yo creo que no hay ser patrio de mi generación que no haya imitado a Jesús Hermida. Su profunda entonación, sus calmadas pausas, sus amplios circunloquios precisamente detallados y gramaticalmente cerrados, sus vehementes cabeceos al ritmo de aquellas palabras elegidas con cuidado y aquella sonrisa para remate de sus frases nos hipnotizaban en cuanto aparecía en pantalla, y todos aquellos rasgos eran pasto de nuestros juegos de la niñez, cuando elevábamos la mirada hacia quienes despertaban nuestra más cándida admiración.

Debido a la poca prisa que se dieron mis padres por traerme al Mundo, yo no disfruté de Hermida hasta que presentó 'Su turno', por lo que me perdí su narración del paseo de Neil Armstrong por la Luna y también sus crónicas desde Nueva York, que por lo que me cuentan mis mayores eran pluscuamperfectas en los convulsos finales de los sesenta y en los primeros años de la década de los setenta, pero les perdono este detalle a mis progenitores porque con los años igualmente he podido valorar a Jesús Hermida como lo que es: un eterno animal televisivo de primera fila.

Siempre me ha dado la impresión de que Hermida estaba ya en el Paseo de la Habana antes de que pusieran allí el chalet de RTVE en 1956, y me lo imaginaba en medio del solar y a pleno sol, vestido con un traje gris oscuro, con las manos metidas en los bolsillos de la americana, caminando arriba y abajo y propinándole lánguidas patadas a una bola de papel de aluminio a la espera de que alguien inaugurara el edificio de la tele, meneando la cabeza con resignación y diciéndose a sí mismo algo como: "bueno... pues ya... me... recibirán", pero no ocurrió exactamente de esta manera.

En realidad, Jesús Hermida Pineda llegó a la televisión en 1967, con 30 añitos y tras su paso por el semanario de Acción Católica, la agencia Europa Press, la revista La Actualidad Española y los diarios El Alcázar, Pueblo e Informaciones, y fue entonces cuando el periodista abrió la puerta de lo que sería su misión en la vida: comunicar cosas a las personas a través de la televisión con la ayuda de su personalísima imagen y abrir un diálogo perpetuo con una audiencia que lo adoraba.

Diálogo que se evidenció en 'Su turno', un audaz debate en una España poco acostumbrada a la bidireccionalidad de los discursos. Corría el año 1981 y por entonces Hermida ya había vuelto de vivir dos lustros largos en Nueva York, había llevado a la pequeña pantalla los informativos '24 horas', 'Tribuna Internacional' y 'Crónica 3' y un espacio de entrevistas titulado 'De cerca' del que apenas tengo un borroso recuerdo. También leo que presentó un espacio llamado 'Pasaporte', pero no consigo ubicarlo y aunque pregunto a mis allegados tampoco saco nada en claro, por lo que agradeceré que si es posible alguien me ilumine en el apartado de comentarios.

'Su turno', sin embargo, se recuerda con facilidad porque marcó un antes y un después en nuestra televisión (y pido disculpas por el cliché), ya que por vez primera un programa daba voz a la llamada gente de la calle para que debatieran junto a los llamados personajes públicos sobre un tema propuesto. Organizados en dos bandos, 'Su turno' enganchaba por su frescura, absolutamente insólita y prácticamente impensable en el acartonado panorama audiovisual de la época:

Por cierto, que visto este formato con ojos de hoy me viene a la cabeza el 'Moros y cristianos' estrenado en 1997 por Javier Sardà para Telecinco. En cualquier caso, y como era casi de esperar, 'Su turno' acabó como el rosario de la aurora en 1983, dos años después de su nacimiento, y Hermida dejó por un tiempo las cámaras y haciendo uso de una excedencia se refugió en la radio, en Antena 3, emisora desde la que inició una dura ofensiva contra el entonces Director General del Ente Radiotelevisión Española, el polémico José María Calviño.

No sería hasta 1987, cuando Calviño salió del ente público casi por la puerta falsa, que Jesús Hermida volvería a TVE coincidiendo con el final de su excedencia. Encontró allí entonces a una Pilar Miró que como directora general cuadraba más con la creatividad del periodista, y la máxima autoridad televisiva le regaló un caramelo a Hermida: él tendría que hacer crecer la nueva era de la tele en España: la televisión matinal, y es que hasta 1986 sólo hubo emisiones desde el mediodía hasta la noche y de 1986 a 1987 la novedosa parrilla matutina se iniciaba con el informativo de desayuno 'Buenos días' y después iba una serie tras otra hasta llegar a la hora de hacer la comida.

Con ese reto entre manos, Hermida encaró su magazine 'Por la mañana' como un programa con pianista propio que a ratos hacía las veces de contenedor de series amenizado con figuras como la de Don Basilio, que era aquel tipo de enorme bigotón que regalaba dinero a la audiencia y que en realidad era un serio periodista sacado de la redacción de 'Informe Semanal', el ya fallecido Javier Basilio. A ratos el programa se trasformaba también en un sainete llamado 'Intriga matinal' en el que participaban todos los rostros del magazine matutino, lo que sin duda ayudaba a fidelizar audiencias.

'Por la mañana' se convirtió también en una plataforma de lanzamiento y desarrollo de nuevos valores, tanto del periodismo audiovisual como del entretenimiento. Pasaron por sus manos profesionales de la talla de María Teresa Campos, Agustín Bravo, Nieves Herrero, María Pau Domínguez o... Leticia Sabater, que sustituyó a Míriam Díaz Aroca como partenaire de Don Basilio.

Sí, la verdad es que hubo de todo un poco en aquel programa, que sentó las bases de lo que serían las mañanas televisivas en nuestro país poco antes de que llegaran las cadenas privadas. En 1989 el formato pasó a la sobremesa con el ocurrente título 'A mi manera', que no era otra cosa que una declaración no ya de intenciones sino de un estilo muy marcado, el estilo Hermida, que dio paso a otro montón de chicos y chicas Hermida para añadir a los que se habían graduado en la promoción del programa de las mañanas.

En 1991, tras un breve re-paso por los Informativos de la cadena, que casi fue como una despedida en trama circular con narración de la (Primera) Guerra del Golfo incluida, Hermida hizo las maletas y con un buen fajo de billetes saliéndole de la pechera de su americana se marchó camino de la Maternidad a llevar pañales para un bebé llamado Antena 3 de Televisión, que apenas contaba con un añito de vida en el aire.

Y en toda su etapa en aquella cadena, de la que fue director de 1992 2002 a 2003, sólo le vimos hacer una y otra vez lo mismo una y otra vez. Consagradísimo en su papel de animal televisivo, Jesús Hermida adoptó la forma de la pasta de sopa y con él llegaron chopocientos programas que no eran más que un darle una y otra vuelta de tuerca a lo que ya le habíamos visto hacer. Y aquí es donde Hermida me chirrió mucho y me rayó como una tiza afilada sobre una pizarra polvorienta. Para muestra, este vídeo por ejemplo:

Total, que si tengo que elegir un Hermida, me quedo con el que supuso la innovación en la apolillada televisión de mi infancia y de antes de que yo naciera, el que se ganó a peso los doce mil millones de reconocimientos, premios y menciones que atesora... y lo demás es ver para sufrir.

En los últimos tiempos Jesús Hermida va combinando sus apariciones estelares de megacrack de la comunicación audiovisual (que lo es por méritos propios) en resúmenes televisivos del tipo "qué tiempos aquellos cuando yo era joven" con su papel de megacrack de la comunicación audiovisual (que lo es por méritos propios) en la escuela de presentadores que lleva su nombre y con su cargo como directivo de la Academia de la Televisión. Como decía aquel, si tiene usted algún problema y si lo encuentra, quizá pueda contratarlo.

¿Animal televisivo o bestia endiosada? Juzgad vosotros mismos, que yo no lo sé.

Ficha en Imdb | Jesús Hermida

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