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Animales televisivos: Pedro Piqueras

Animales televisivos: Pedro Piqueras
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Apocalíptico, bárbaro, catastrófico, chirriante, dantesco, espeluznante, fatídico, grotesco, horrible, impresionante, jeremíaco, kafkiano, letal, monstruoso, nefasto, ñampeado, oscuro, pavoroso, quebradizo, radicalizado, sobrecogedor, terrible, umbrío, violento, wagneriano, xenófobo, yermo, zigzagueante; así es el Mundo visto por Pedro Piqueras, un animal televisivo que sabe cómo captar la atención de quienes lo ven con el ánimo de estar informados de lo que ocurre por ahí.

Estupefacto se habrá quedado más de uno al ver quién nos acompaña hoy, pero es que hay un hecho incontestable, y no es otro que Piqueras tiene un montón de seguidores al otro lado de la pequeña pantalla que día a día le dan su voto de confianza, así que aunque cuando yo lo veo presentando las noticias en Telecinco me carga más que Darth Vader con un megáfono, voy a dedicarle la edición de hoy de nuestra recopilación de animales televisivos.

Sorprendente resulta echarle un vistazo a la trayectoria de Pedro Piqueras cuando uno lo tiene entre ceja y ceja y no puede con él como presentador, y es que sus principios son algo peculiares. Nació en el seno de una humilde familia albaceteña y en principio nunca pensó en dedicarse al periodismo, sino que lo suyo era o seguir con el negocio familiar de la alpargatería o bien meterse a cura, para lo que profesaba una infantil vocación. Pero al final, ni lo uno ni lo otro. A la edad del pavo fue músico aficionado especializado en canción protesta, actuó durante más de un año con un grupo llamado Carcoma y poco después se puso a colaborar con el diario El Pueblo de Albacete.

Revelador es saber que cuando Piqueras hace televisión, se dirige a las audiencias como si le hablara a su madre, de manera que su mensaje sea igualmente inteligible por cualquier persona. Esas son sus bases cuando se sienta ante la cámara para presentar el trabajo de sus compañeros de redacción, a los que enlaza en cuanto le preguntan por lo fatigado de su trabajo y él recuerda que aunque lo suyo se lleve un montón de horas al día, no es bajar a la mina precisamente.

Humildes, pues, son sus orígenes, y encantado se muestra él con cada una de sus experiencias profesionales, ya sea en prensa, radio o televisión. En esa tesitura, cuando comenta de dónde viene y hacia adónde va, hasta consigue caerme bien, así que tan mal comunicador no puede ser. Lo escucho hablar sobre sí mismo y por momentos me siento como un personaje episódico cualquiera de 'En los límites de la realidad'.

Extraño, por tanto, es lo que me sucede con Piqueras, a quien aguanto mucho mejor cuando no está dando las noticias en la tele sino ofreciendo información sobre sí mismo, aunque tengo una teoría de las mías: creo que Piqueras, cuando va más que despeinado y con la corbata girada o incluso sin ella, es un tipo de lo más normal, cercano, próximo y buena gente que sabe dónde está y qué es lo que hay que hacer. Pero en cuanto se le enciende el piloto rojo a la cámara algo le falla: se estira por dentro y algo le sienta mal, como si le fallase "la regularidad", que dicen ahora en los anuncios de goyures de diseño. Y es entonces cuando comienza ese show de Piqueras que a mí me resulta...

Inaguantable, así veo yo a Piqueras cuando se arrastra hablando, cuando le da vacaciones a la vocalización y cuando emplea una entonación con la que parece que esté rindiendo homenaje a Guillaume de Machaut. No sé si es la presión del directo o las ganas de llegar a la audiencia de una forma diferente para hacer un buen share, que no en vano Piqueras concibe sus informativos como cualquier otro programa de televisión, que tiene que luchar por su audiencia y por dar unos buenos datos a su cadena. Creación artística, los llama cuando le preguntan por sus informativos.

Envarado, para mí, se muestra Pedro Piqueras mientras lee el autocue, sobre todo ahora que está solo al frente de la edición del mediodía de 'Informativos Telecinco'. Claro, que no sé lo que es peor: que cuando hable se ponga más tieso que la mojama o que para llegar a la audiencia se monte una tasca en mitad del plató como solía hacer cuando departía amistosamente con su partenaire J.J. a la hora de cenar, que sólo se echaban en falta el jamón, la guitarra, las sillas de enea y los palmeros. Supongo que eran las cosas de tener que hacer frente a la competencia de un Matías emperrado en soltar ingeniosas coletillas cada seis.

Devastador, creo, ha sido algún ataque de risa que ha sufrido en medio de una noticia, imagino que ya tocado por el ambiente de buen rollo que se generaba en la redacción, como le pasó con aquel avance sobre unos que atracaban a sus víctimas usando placas de policía de juguete. O sea, que o está casi altanero o se nos descojona como el perro Patán, con lo que no acabo de comprender yo por qué Piqueras no encuentra un término medio, se deja de hacer de presentador y se muestra ante las cámaras tal y como es él. Creo que ganaría mucho con el cambio.

Ah, y cansino, muy cansino me resulta que dando paso a las noticias haga de cada una de sus frases un titular de pocas palabras, máxime cuando emplea una buena colección de adjetivos para encabezarlos, lo que quizá constituye la mejor baza para cualquier caricaturista que tenga ganas de esbozar su retrato. Y sí, ya sé que cuando uno redacta para medios audiovisuales tiene que emplear construcciones sintéticas y de fácil digestión, pero una cosa es ordenar gramaticalmente las oraciones para su fácil comprensión y otra muy diferente, hablar casi por espasmos; cuidadosamente ornamentados, no digo que no, pero espasmos al fin y al cabo.

Total, que no acabo de verle yo a este buen hombre el atractivo que pueda tener cuando aparece en pantalla. No se lo vi cuando trabajó en TVE desde 1988 hasta 1993 y traía locas a las señoras que lo veían a la hora de comer, ni tampoco cuando en 1993 emigró a Antena 3, allá por 2004 le perdí la pista cuando fue nombrado director de RNE y lo reencontré dos años después en Telecinco, y nunca en todo este tiempo le he visto la razón por la que tiene tanto predicamento entre las masas, aunque si alguien me lo explica prometo tomar apuntes.

Y sí, sí que se parece a Chucky, pero eso, precisamente eso, no es culpa suya.

Ficha en Imdb | Pedro Piqueras En ¡Vaya Tele! | Animales Televisivos

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