La verdad es que después del desencanto que fue para mi las últimas temporadas de 'Juego de tronos', llegué a 'La casa del dragón' con bastante reticencia.
Sin embargo, la primera temporada de este drama de época sucesorio (con dragones de por medio) me enganchó desde el primer momento... Así que me duele muchísimo pensar en cómo la serie de HBO ha ido perdiendo parte del encanto que tenía para mi al principio. En concreto, el carisma de sus personajes y lo bien definidos que estaban.
¿Pero pa qué te metes ahí?
Ya la segunda temporada pecó demasiado de sentirse un puente que no llevaba a ningún sitio. La tercera, aunque ha mejorado bastante en ese aspecto y ha dejado un final mejor atado, también ha caído demasiado en un ritmo lentísimo con numerosos momentos en los que no pasaba nada. Pero no porque todos los capítulos necesiten grande batallas y fuego de dragón cada segundo, sino que estas escenas de charlas interminables y momentos contemplativos parecían que no servían de absolutamente nada.
Especialmente, porque creo que todos los personajes se han ido volviendo más y más idiotas por segundo. De acuerdo, que en 'La casa del dragón' ya teníamos personajes conocidos por tomar decisiones un tanto cuestionables, siendo Alicent la reina absoluta y su hijo Aegon siguiéndole en segundo lugar. Pero es que esta estupidez parece haberse extendido por todo el reparto a excepción de unas pocas excepciones notables.
Entre Rhaenyra pillándose rebotes porque se ha montado una película en su cabeza que luego no se ajusta a la realidad, especialmente porque resulta que su pueblo no la ama. Criston Cole pelando la pava en un bosque media temporada. Daemon creyéndose las trolas de Ormund Hightower. Rhaena, la pobrecita mía, que de lo que más adolece es de angst adolescente, como concepto en sí misma. Y sin contar los que deciden ir de cabeza a lo que es claramente una muerte segura, porque, yo que sé, igual no me espera una estaca al final del pasillo.
Hasta Laris Strong, que se supone que es un manipulador maquiavélico de primera categoría, se pasa unos cuantos capítulos urdiendo un plan maestro que luego lleva... ¡A ningún sitio!
Esta temporada de 'La casa del dragón' me ha frustrado muchísimo, y me he encontrado gritándole a la pantalla o restregándome la mano por la cara más veces de las que me he parado a contar. Más que continuar levantando lo que se había construido hasta ahora, me deja el sentimiento de que gran parte de los capítulos eran palos de ciego de relleno mientras los guionistas colocaban ciertas piezas en el tablero.
Porque, al fin y al cabo, 'Fuego y sangre' de George R.R. Martin marcó las pautas de la historia, hacia dónde se encamina la Danza de Dragones, quién debe sobrevivir, quién no, y quien debe reinar. La sensación con la que me he despedido de 'La casa del dragón' es que los guionistas se habían metido ellos solos en una serie de berenjenales y ahora están tratando de encauzar de nuevo las tramas hacia donde deben ir, según marcó Martin en su momento.
Esperemos que la cosa mejore en la cuarta temporada. Eso si por el camino los personajes no se desdibujan tanto que da igual lo que hagan, porque estamos destinados al fracaso y al fuego igualmente.
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