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'El cuento de la criada' y la revolución que no llega: cómo la temporada 4 aboca al fracaso a June
Series de ficción

'El cuento de la criada' y la revolución que no llega: cómo la temporada 4 aboca al fracaso a June

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Con el estreno el pasado jueves (bueno, miércoles, que se adelantó un pelín) de la temporada 4 de 'El cuento de la criada', volvemos un poco a las andadas en cuanto a esa esperada revolución que Bruce Miller lleva insinuando prácticamente desde el comienzo de la adaptación de la distopía de Margaret Atwood.

Porque todos los años pasa igual con los tráilers, imágenes y otros aperos promocionales mostrándonos chispas, la idea de que Gilead no va a ser lo mismo y que June (Elisabeth Moss) va a acabar con ello. Y todas las temporadas esa promesa se queda en poco o nada. Un juego de expectativas que acaba siendo frustrante.

Sin embargo, la temporada 3 mostraba signos de mejora, con la protagonista involucrada en el movimiento clandestino de Mayday y el golpe final, con el avión cargado de niños "rescatados" de las garras de Gilead aterrizando en Toronto, hacía presagiar que las cosas se apresuraban (quizás demasiado tarde) a un drama más beligerante.

Y así, la temporada 4 de 'El cuento de la criada' (y a partir de aquí spoilers) nos ha dado más guerra como un nuevo capítulo en la vida de June en la clandestinidad y en busca y captura por parte de las autoridades. La sensación es doble: por un lado tenemos algo más palpable que de costumbre; por el otro, no deja de existir esa estanquidad en la que la serie le gusta estar.

¿El cuento de nunca acabar?

La magia de 'El cuento de la criada' radica muchas veces en una mundanidad extrema que ahoga las fantasías de empoderamiento y el viaje del héroe de una elegida mediocre. Hay una verosimilitud en todo este universo que hace que haya que ir con pies de plomo con lo que se puede o no mostrar y lo que resulta creíble o no representar.

Y esto lo ha logrado Bruce Miller respetando la visión de túnel que la autora impregnó en la novela. Como si nosotros mismos tuviésemos los icónicos tocados blancos de las criadas, nuestra percepción de Gilead es limitada. Somos ajenos a lo que pasa más allá de lo que incumbe a June y esto es aprovechado por el guion para zigzaguear en torno a eventos concretos.

De hecho, podríamos incluso elaborar una lista de oportunidades perdidas compuesta de eventos concretos cuyos hilos la serie no ha querido tirar y se han quedado casi como anécdotas (ese atentado, qué pasó con Washington, etc.) que sirven, simplemente como ejemplos ilustrativos de lo que está pasando en Gilead. El problema no es tanto que no le interese ir por ahí sino ese juego en el que Bruce Miller nos hace ilusiones en ese sentido.

June ante el fracaso

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Y, en el medio de esta revolución prometida que no prende, está una June Osborn cabreada. Una mujer cualquiera cuya cualidad de ser fértil la ha cualificado, valga la redundancia, para el hábito rojo. Su historia no es distinta de la de tantas y tantas mujeres y que, en ese sentido no es más especial que otra cualquiera.

Esta mediocridad es algo con lo que Bruce Miller ha seguido trabajando en este primer tramo de la temporada 4, retratando a June como una líder sin preparar que ve cómo tiene a gente que confía en ella. Este inicio de temporada, en este sentido, va en parte de ella dando bandazos sin saber muy bien cómo actuar y cómo combatir la adversidad.

Y eso termina en el fracaso. En el transcurso de esos tres primeros episodios, vemos desmoronarse poco a poco, golpe a golpe esa ilusión de libertad que experimentan. El viaje de June es, además, especialmente duro con un tercer episodio en el que reina la tortura y "el fin del efímero sueño" nos coloque de nuevo en una suerte de casilla de salida.

Pero no solo fracaso en un sentido más físico, de ver cómo lo poco que ha construido se desmorona. También en su maternidad. La escena de June con su hija no se diferencia de lo que está pasando en Canadá, con los infantes rescatados totalmente desorientados y sin entender por qué están en un lugar extranjero fuera del único hogar que conocen.

Ya veremos cómo continua 'El cuento de la criada' en los siguientes episodios pero quedan pocas esperanzas para que, de la noche a la mañana, tengamos una revolución en toda regla. Sin embargo, las brasas son fáciles de avivar. Esperemos que no se terminen agotando para siempre.

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