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Las locas aventuras románticas de 'Dates' dejan con buen sabor de boca

Las locas aventuras románticas de 'Dates' dejan con buen sabor de boca
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Experimentos como ‘Dates’ no surgen todos los meses. Podría describirse como la serie revelación de este verano, ni que sea porque nadie se la veía venir. Ya sabemos que en el Reino Unido se trabaja la ficción televisiva con esmero, pero era una propuesta algo marciana: nueve íntimas citas de veinte minutos, donde la naturalidad lo es todo y también el factor sorpresa, por lo menos hasta cierto punto. Y, tras emitirlas todas, ya se puede señalar que habrá que acordarse de ella cuando termine el año.

Bryan Elsley, corresponsable de ‘Skins’ junto con su hijo Jamie Brittain, esbozó nueve encuentros que al principio podían engañar de forma relativa. Pudimos creer que serían nueve citas entre desconocidos cuya única finalidad sería descubrir si surgía la magia o no. Un procedimental del amor, que digamos. Pero una vez fueron pasando los episodios y repetimos con varios de ellos, descubrimos que quería contarnos distintas historias individuales a través de los episodios. Así pudimos conocer en profundidad a los personajes más interesantes de las primeras citas.

David y Mia

El mayor acierto fue, por supuesto, la química entre David y Mia, los protagonistas del primer episodio. Él era un libro abierto de par en par y ella censuraba parte de su vida para mantener cierto aire de misterio, y entre ambos surgió algo. Era la yuxtaposición entre lo campechano y el esnobismo londinense, la sinceridad y el postureo, la inocencia y la perversión. Mia empleó todas sus armas de mujer fatal con mucha precisión y David sobrevivió a los ataques porque no compraba ese juego y esas reglas.

Ella también servía para hablar abiertamente de los códigos no escritos del mundo de las citas, haciendo que los siguientes encuentros fueran cada vez más evidentes hasta llegar al episodio final, donde la vulnerabilidad de Mia estuvo obscenamente a la vista. La actriz Oona Chaplin aprovechó muy bien los minutos, transmitiendo que el atractivo era más una cuestión de actitud que de físico, y la historia de ambos terminó cuando no había más que añadir. ¿Estuvo su resolución a la altura? Conceptualmente sí, pero también dio la impresión que había ido de más a menos. Fue el eterno problema del interés que despierta lo desconocido y lo complicado de que la información no le quite el encanto.

Mia era más interesante cuanto menos sabíamos de ella y la cita final, donde también estaba Stephen, puede que fuera menos orgánica que otras. No pude evitar pensar que habría sido mejor ponerlos otra vez en una mesa y que el pasado como prostituta de Mia hubiese sido el elemento de debate para ese viudo y padre de familia. Pero Elsley prefirió no repetir y alejarse de aquello que podíamos esperar de él.

Jenny y sus horribles citas

La mala suerte de Jenny con los hombres fue el segundo arco que se abrió en ‘Dates’ y probablemente fue el más simpático. Era la vertiente absurda de la serie, aquella con la que los guionistas se divirtieron con sus golpes de efecto. No solamente ella era una cleptómana, sino que el chico de la primera cita tenía sexo oral con el camarero en el baño mientras ella esperaba en la mesa y el siguiente era un adicto al sexo casado que le vendía la moto. Pero no fue una trama sólo de forma y sin contenido. Si Mia y David eran romanticismo posmoderno, Jenny era otra línea de discurso de ‘Dates’ que venía a decirnos que tampoco hay que desesperarse y que hay que aceptar la soltería si los candidatos no están a la altura.

También demostró lo escuetos que son los británicos. En su segundo episodio, Jenny cuenta a su cita cómo fueron todos sus encuentros con hombres de las últimas semanas y bien que hubiera dado para una temporada de veintidós episodios. Pero Elsley es británico y prefiere ir a los puntos de inflexión, y las absurdas citas de Jenny dieron para dos episodios incómodos y muy divertidos, que también daban a entender que ‘Dates’ podría haber sido eso, una anécdota tras otra.

Erica y su sexualidad

No podía faltar también otra línea que tuviera que ver con la sexualidad. En este caso, con la de Erica, de ascendencia china y cuyos valores le impedían vivir su lesbianismo de forma plena. Pero la exposición de su conflicto interno probablemente tuvo el guión más flojo, escrito por Jamie Chan, que había sido asistente de Elsley en ‘Skins’. Quería ser un episodio moderno y sofisticado pero quedó algo vacío y forzado, acentuado por ese frívolo club nocturno al que acude con Kate.

Sin embargo Jamie Brittain, el otro creador de ‘Skins’, le dio un giro muy extremo a la segunda aparición de Erica. La emparejó con Callum, un hombre muy arrogante y agresivo, lo más opuesto a ella, y recordó el estilo del drama adolescente, con una situación abrasiva y un personaje muy extremo, pero que exponía de forma muy clara los puntos que quería poner sobre la mesa. En este caso, que Erica debía estar más segura de sí misma y aceptar su sexualidad.

Fue una cita excesiva, extremadamente incómoda y hasta cierto punto artificial, pero también era una enajenación transitoria que le sentó de maravilla a ‘Dates’ como obra. Porque quería ser novedosa, íntima, disparatada y entrañable y fue todas estas cosas. Una ficción conceptual, entretenida y valiente que tiene cuerda para rato si alguien decide dar a conocer nuevos rostros y situaciones. Cualquiera que haya tenido citas sabe el potencial que tiene la premisa y cuánto de realidad había en estas locas aventuras románticas de Bryan Elsley.

En ¡Vaya Tele! | 'The I.T. Crowd', el episodio final llegará antes de que acabe 2013

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