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'Mujeres Desesperadas', gran temporada para un final mediocre

'Mujeres Desesperadas', gran temporada para un final mediocre
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La séptima temporada de ‘Mujeres Desesperadas‘ ha sido la de la reconciliación con sus seguidores de antaño. En mi caso particular, nunca rompí con la serie, mis chicas de Wisteria Lane me siguen fascinando como el primer día, pero después del salto de cinco años que dio al final de la cuarta temporada, muchos vieron a su serie favorita venirse abajo en los dos años posteriores. Todo ello cambió cuando comenzó la séptima hace unos meses, una temporada que ha querido volver a sus orígenes y centrar el misterio de la temporada en aquél que nos fascinó ya en los primeros minutos de la serie.

La jugada les ha salido bien, nos han regalado una temporada suprema sobre todo en su primera mitad, pero tengo la sensación de que se ha ido desinflando conforme se acercaban los últimos episodios. Quizá ha contribuido a ello el hecho de que se le ha dado demasiado protagonismo a los antiguos personajes que han regresado, llegando a un punto en el que incluso me han cansado, y sin darles la intensidad necesaria que en la serie saben poner cuando hace falta. Y todo ello deslucido con un final que, a mi juicio, es el más soso de los siete con los que cuenta ‘Mujeres Desperadas‘.

Las Tillman contra Paul Young

La séptima temporada de ‘Mujeres Desesperadas’ ha tenido el firme propósito de volver al pasado, tanto al pasado de la serie como al de los personajes en sí. El regreso de Paul Young en la última escena del año anterior, unido a la noticia de que alguien del barrio estaba criando a un hijo que no era suyo, era toda una declaración de intenciones. La serie quería sacar a la luz viejas heridas y hacer que las chicas las pasaran putas; vamos, como vienen haciendo desde 2004, pero esta vez con la salvedad de que los espectadores ya sabíamos cuáles eran esos demonios que asolaban Wisteria Lane.

Paul ha sido un malo endeble, da la sensación de que la historia de la serie ha querido hacerle regresar sólo para darle un cierre bonito y justo a su personaje. Al fin y al cabo, ni Paul ni Mary Alice eran peores que cualquiera de los otros habitantes del barrio; todo lo malo que hicieron en el pasado lo han superado con creces algunas de las tramas principales de otras temporadas, pero irónicamente era Paul el único que calificaba como “malo”. No era justo, y en la serie han querido traerle de regreso para redimirle, no sin antes volver a poner patas arriba a todo el vecindario.

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Confieso que en los primeros capítulos estuve fascinado con el plan de Paul, que no vi venir hasta pasados varios episodios. No tan fascinado quedé con el plan de su mujer, Beth, de quien más tarde conoceríamos que era la hija de Felicia en uno de los giros de trama más predecibles de cuantos ha tenido la serie. Sólo su muerte dio intensidad a un personaje que nunca dio mucho de sí, y al que hicieron bien en quitar de en medio más pronto que tarde. La verdadera lucha se encontraba entre su madre y Paul Young, y no se hizo esperar.

El reencuentro de ambos en Wisteria Lane fue uno de los grandes momentos de esta temporada, y su excursión al campo para tirar las supuestas cenizas de Beth fue uno de los momentos más dramáticos de la temporada, pero realmente no me ha gustado nada cómo han cerrado esta trama. La solución al enigma tuvo lugar en un penúltimo capítulo dedicado casi exclusivamente a ellos dos, pero ni el secuestro ni el intento de asesinato tuvieron esa espectacularidad de la que la serie ha presumido en muchísimas ocasiones. Y la muerte de Felicia (suponemos que ha muerto), por muy simbólica que pueda ser, no deja de ser un recurso fácil y poco vistoso. El hecho de que esta trama se cerrara en el penúltimo episodio hacía pensar que se guardaban algo gordo para el final, pero no ha sido así.

Las historias autoconclusivas salvan el año

Y mientras el misterio ha tenido sus más y sus menos a lo largo del año, las que no han defraudado han sido las desesperadas en sí, y en este paquete meto a Vanessa Williams, que parece haber venido para quedarse. Sus historias autoconclusivas han sido de lo mejorcito, recuperando ese punto humorístico, surrealista y casi mítico que la serie nos dejaba en las primeras temporadas. El trabajo pseudo-porno de Susan o la relación a escondidas que han mantenido recientemente Bree y Gaby Solís son claros ejemplos de ello.

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Eso no quiere decir que las chicas no hayan sufrido, ni mucho menos. Susan, entre sus apuros económicos y el transplante de riñón nos dejó situaciones también muy dramáticas, sobre todo con su madre. Igual le ocurrió a Bree, tras perder a su novio después de ocultarle que tenía una niña; y a Gaby, probablemente la desesperada por la que más hemos sufrido viendo cómo se le iba la pinza al perder a su hija verdadera. Aunque hay que ver lo pronto que se ha olvidado de este tema, ¿eh?

Dejo a un lado a Tom y Lynette Scavo, porque ha llegado un punto en que lo suyo ya no daba para más. Los apuros económicos y las diferencias de pareja funcionan hasta cierto punto, pero la intensificación que hemos visto esta temporada auguraba un final nada bueno. Y así ha sido; entre los secretos recién descubiertos por la infidelidad de Tom con Renee en los años de universidad y el desgaste por el nuevo trabajo de Tom, era evidente que su relación iba a dar el paso siguiente. Un divorcio que llevaba muchos años esperando, y que puede dar mucho de sí el año que viene. Lynette ha sido la única desesperada que siempre ha estado casada; ¿os imagináis cómo será verla ligando por ahí?

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Un final que no da mucho de sí

El resto de personajes han seguido como siempre, dando la nota cuando hacía falta y poco más. El caso de Renee ha sido un poco decepcionante, ya que llegaba con la promesa de convertirse en la nueva Edie dando problemas a las desesperadas; pero la rubia es mucha rubia, y Renee se ha dedicado más a poner su nota de glamour, a hacer la gracia cuando hacía falta y a integrarse en el grupo. Es muy divertida, sí, y yo la quiero mucho, pero para el año que viene será mejor que le den su propia trama para así poder disfrutar un poco más de ella. Que figurantes ya tenemos muchos.

Bob y Lee también han tenido su pequeña trama en el año, con la adopción de una pizpireta niña que les ha dado muchas alegrías, aunque la verdadera gracia de estos dos se encuentra en sus bromas a destiempo, sobre todo por parte de Lee. Agradezco también que le hayan dado algunos minutos en pantalla a Andrew, muy olvidado últimamente, aunque haya sido para convertirlo en alcohólico y separarle de su novio. Al menos el paralelismo con la situación que pasó Bree con la bebida hace varios años mereció la pena.

Rev desp
En cuanto al nuevo “misterio”, por llamarlo de alguna forma, me ha dejado bastante decepcionado. ‘Mujeres Desesperadas’ siempre ha destacado por currarse unos brutales finales de temporada, donde el misterio de cada año se resolvía de forma espectacular (todavía recuerdo lo de “La bomba está en el detonador“ de Angie el año pasado) y dejándonos algún cliffhanger para el próximo año, pero esta séptima temporada no ha tenido ni lo uno ni lo otro. El misterio se resolvió de forma precoz y sin darle mucho bombo, y la muerte del padrastro de Gaby tampoco es que dé mucho de sí. Estamos hablando de un crimen que ahora tienen que ocultar, convirtiéndo a las cuatro chicas y a Carlos en cómplices, pero no soy capaz de ver cómo va a desarrollarse esto en la octava temporada. No es nada que no hayan explotado ya en otras ocasiones (por ejemplo, con la muerte de la madre de Carlos), pero esto es Wisteria Lane, y lo que no pase aquí no pasa en ningún sitio. Que esto no empañe una gran temporada, que este año las desesperadas han estado más jugosas que nunca.

En ¡Vaya Tele! | ‘Mujeres desesperadas’, un intento por volver a sus raíces

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