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Clint Eastwood: el primer western como director

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'Infierno de cobardes' supone el primer western que Clint Eastwood dirigió en su carrera. Resulta sorprendente, que estando su nombre relacionado al género por motivos más que obvios, el actor sólo dirigiese cuatro westerns a los largo de su obra. Ya sé que Eastwood es incombustible y no para de trabajar (para alegría de muchos de nosotros), pero tal y cómo ha enfocado su trayectoria, dudo mucho que le dé por volver a filmar otro western. Se puede soñar con ello, pero reconozcamos que con 'Sin perdón' culminó todo lo que podía ofrecerle al género.

Curiosamente, tras ganar Oscars por el film mencionado, la fama y el prestigio de Clint Eastwood subieron como la espuma entre todos aquellos que no le consideraban un director a tener en cuenta. Desde entonces, productos suyos, anteriores o posteriores fueron elevados a los altares en un exceso de reivindicación de su obra. 'Infierno de cobardes' fue una de las películas más aplaudidas en esa revisión, algo que me parece a todas luces exagerado. La película supone un riesgo, y evidentemente no es el típico western, pero también está llena de defectos, aunque reconozco que el paso del tiempo le hace ganar puntos en lugar de envejecerla.

'Infierno de cobardes', cuyo título original es 'High Plains Drifter' (por una vez, el título en España me parece más apropiado) narra la historia de un misterioso pistolero, de turbio pasado, que llega a un pequeño pueblo en el que enseguida deja claro que es el mejor manejando un revólver. Los habitantes del lugar le piden ayuda para protegerlos de tres delincuentes que pronto saldrán de la cárcel y volverán al pueblo para seguir haciendo de las suyas. El pistolero acepta con la condición de que hagan todo lo que él dice. Enseguida se adueña del lugar y poco a poco nos vamos enterando de sus verdaderos intereses.

El film fue dirigido por Eastwood como respuesta a todos aquellos que afirmaron que su anterior película, también un western, 'Joe Kidd', debía haber estado dirigida por él. Tales afirmaciones probablemente se deban a que John Surges realizó con ese film un trabajo de dirección en términos abiertamente clásicos, y la naturaleza de Eastwood como director va más allá de eso. Siempre se le ha etiquetado como el último clásico vivo, definición no del todo exacta, aunque sí aproximada. Eastwood, como cinéfilo empedernido que es, posee una cultura totalmente clásica que le ha llevado a admirar abiertamente a directores como John Ford, Raoul Walsh o William A. Wellman. A eso se le añade su estilo, heredado, y luego perfeccionado, de Sergio Leone y sobre todo Don Siegel. Por lo tanto la definición exacta sería la de que Eastwood es un director neoclásico. Sus westerns ofrecían aspectos novedosos al género, sobre todo a raíz de la evolución que sufrió el mismo a mediados de los años 60, cuando lo que se conoce como western clásico (y esto es una apreciación personal) murió para dar paso al western europeo con Leone a la cabeza. Directores como Sam Peckinpah o Richard Brooks contribuyeron a ese cambio con sus miradas crepusculares. Eastwood le devolvió parte de su épica, añadiendo grandes dosis de violencia y subrayando el carácter romántico del pistolero solitario.

Por eso mismo el propio Eastwood se lanzó a su segunda aventura tras las cámaras, aunque sus resultados quedaron bastante alejados de su anterior film como director. A día de hoy, 'Infierno de cobardes' puede verse como una especie de borrador de la futura 'El jinete pálido', con escenas prácticamente idénticas. Hasta podría asegurarse que parte de la vestimenta del personaje central es la misma, pero esto no es más que algo meramente anecdótico. 'High Plains Drifter' es uno de los pocos westerns sobrenaturales de la historia (críticos reputados de este país afirman incluso que es el mejor), y dichos elementos sólo pueden apreciarse viendo la versión original, ya que el doblaje estropeó por completo el sentido del film; me remito al diálogo final en el cementerio. Al decirle un personaje que no conoce su nombre, el extranjero (así se conoce al personaje al que da vida Eastwood) dice en español: "Sí que lo sabes, el que está enterrado ahí es mi hermano", pero realmente lo único que dice es "Sí que lo sabes", insinuando que él es una especie de fantasma vengativo que ha vuelto para hacer justicia.

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Sólo por esa frase, Eastwood consigue que el espectador tenga que repasar mentalmente todo lo visto, y los pequeños detalles cobran importancia gracias a esa revelación. Baste citar, la reacción del personaje al llegar al pueblo y escuchar el sonido de un látigo; los flashbacks en los que vemos como tres hombres matan a latigazos al sheriff del pueblo, de sospechoso parecido con Eastwood, aunque en dichas escenas nunca se enfoca bien la cara del sheriff (el actor que le da vida es el especialista, y director de alguna película con Eastwood, Buddy Van Horn); o el empeño por parte del extranjero en humillar a todos los habitantes del pueblo, los cuales no ayudaron al sheriff (¿a él?) e impidieron su muerte. Sin embargo, esto hace que nos preguntemos el porqué los habitantes del pueblo no reconocen a su antiguo sheriff en caso de que sean la misma persona. Eastwood juega con la ambigüedad, y puestos a pensar, no sabemos ni tenemos pruebas del aspecto físico de alguien que puede regresar de la muerte para vengarse. Aún así son demasiados los interrogantes, y dicho aspecto está mejor resuelto en 'El jinete pálido'.

La venganza, la justicia y sobre todo, la cobardía de los hombres, son los temas centrales de ésta a ratos fascinante película, y que se repetirán en los tres westerns restantes de Eastwood, uniéndolos temáticamente hasta el punto de que pueden considerarse películas complementarias entre sí. Pero 'Infierno de cobardes' es la más desequilibrada de todas. La influencia de Leone es considerable, y afecta al film, sobre todo con la utilización del zoom, que llega a ser verdaderamente molesto. Por otro lado los habitantes del pueblo están cortados todos por el mismo patrón, son todos unos cobardes, el único matiz que veremos en ellos, además de una misoginia por parte del autor totalmente innecesaria. La humillación de una mujer cuando es violada empareja los actos del extranjero con sus deseos de venganza hacia el pueblo; pero no tiene la misma intensidad cuando se trata de un personaje masculino, o necesita justificarlo (los tres hombres que Eastwood elimina en una barbería y que han ido a echarle del pueblo). También se hace todo un poco repetitivo mientras se espera por el clímax, éste sí muy conseguido, con todo un pueblo pintado de rojo, y ardiendo para exculpar sus pecados.

'Infierno de cobardes' fue un éxito de taquilla (Eastwood era uno de los diez actores más taquilleros por aquel entonces), aunque fue recibida con palos por la mayor parte de la crítica. Incluso John Wayne le envió una carta a Eastwood manifestando su desaprobación con la película, y diciéndole que se estaba cargando la tradición del Viejo Oeste Americano, lo cual truncó el deseo de Eastwood de rodar un western con Wayne (algo que hubiera sido literalmente la releche). Ese mismo año Eastwood dio otro paso arriesgado dirigiendo una película en la que no aparecía como actor, una historia de amor que aquí se tituló 'Primavera en otoño', de la cual hablaremos en el próximo post del especial.

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