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Animación | 'El guardián de las palabras', de Joe Johnston y Pixote Hunt
Críticas

Animación | 'El guardián de las palabras', de Joe Johnston y Pixote Hunt

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Bastante "mayor" para lo que 'El guardián de las palabras' ('The Pagemaster', Joe Johnston y Pixote Hunt, 1994) parecía que podía ofrecer a mi yo de diecinueve años, fue ésta una de esas propuestas de animación de las que hice caso omiso en su momento y a las que ahora, gracias a este ciclo, me acerco por primera vez con la única referencia de la fantástica partitura que James Horner componía para este curioso filme hace dos décadas.

Escuchada incontables veces desde que cayera en mis manos el mismo año de su estreno, la enorme variedad de los pentagramas del desaparecido compositor y el sentido de la épica que de forma aislada atesoraba, así como el nada desdeñable parecido que guarda con uno de mis trabajos favoritos del músico, hacían que el score de 'El guardián de las palabras' pasara muy pronto a engrosar las filas de aquellos de Horner que más he escuchado a lo largo de los años.

'El guardián de las palabras', poca sustancia

Guardian De Las Palabras A

Bajo la dirección de Joe Johnston, el filme que hoy ocupa nuestro tiempo en el ciclo de animación, arranca en imagen real presentándonos a Richard, un niño bastante cobarde que es incapaz de enfrentarse al mundo y que tiene "fritos" a sus padres con las incontables estadísticas de accidentes que maneja para justificar su comportamiento. Introducido de forma sucinta, la acción pronto nos lleva a una biblioteca en la que el personaje interpretado por Macaulay Culkin va a parar para guarnecerse de una espectacular tormenta.

Allí, después de darse un golpe en la cabeza, es donde Johnston cede testigo a Pixote Hunt, un profesional formado en los fogones de la Disney —que dirigirá, cinco años más tarde, el vibrante segmento introductorio de 'Fantasía 2000' (id, VVDD, 1999)— y responsable del grueso de una cinta que desde ese momento, y animada por completo, seguirá al niño transformado en dibujo por los mundos que se esconden tras las miles de páginas que guardan las estanterías de la biblioteca.

De más que correcta calidad en lo que al departamento de animación se refiere y si bien es cierto que resultan muy obvias las deudas que se van adquiriendo hacia la casa de Mickey Mouse —esos libros que acompañan a Richard en su periplo—, también son de alabar los intentos de alejarse de la sombra de la Disney y dotar de personalidad a un metraje que, en este sentido, se alza notable en la caracterización de los personajes humanos con los que el niño se va cruzando.

Guardian De Las Palabras B

El Dr. Jekyll, el Capitán Ahab, Long John Silver o el propio Richard, son pues los mejores ejemplos del esfuerzo de 'El guardián de las palabras' por ofrecer ese algo más. Un algo más al que se suman ciertos detalles —que un cuervo grazne "Nevermore!!" en la versión original no tiene precio— pero que, no obstante, no consigue que nos desprendamos del todo de la poderosa sensación de familiaridad que envuelve el conjunto en sus instantes más infantiles o en aquellos metidos con calzador —¿a qué viene la cancioncilla a mitad de la película?.

Narrada con un ritmo que impide, eso sí, que uno pueda aburrirse, la moraleja de 'El guardián de las palabras', que invoca el poder los libros y la lectura, no le vendría nada mal a esta nueva generación de niños que no tienen ni la más remota idea de lo grande que es leer y las asombrosas aventuras que uno puede vivir con la imaginación y no en manos de un mando de la consola de turno —y creedme cuando os digo que, por mi continuada experiencia como docente, sé de lo que hablo cuando lamento lo poco que leen los niños de hoy.

Unida dicha moraleja, como decía al comienzo, a la fabulosa partitura de Horner —el tema principal es maravilloso, así como el que acompaña a las aventuras en alta mar de los protagonistas—, quizás la combinación de ambos factores no consiga elevar al filme a las alturas de una maravilla imprescindible, pero no cabe duda de que su suma imprime ciertas sensaciones en el espectador que le devuelven, de forma intermitente, a esa niñez que tanto tiempo atrás abandonó.

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