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Añorando estrenos: 'La torre de Londres' de Rowland V. Lee
Críticas

Añorando estrenos: 'La torre de Londres' de Rowland V. Lee

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Hace poco os hablaba de ‘Historias de terror’ (‘Tales of Terror’, Roger Corman, 1962) en la que coincidían esos dos monstruos de la interpretación llamados Vincent Price y Basil Rathbone, que coincidieron por primera vez en pantalla en ‘La torre de Londres’ (‘Tower of London’, Rowland V. Lee, 1939), una de las grandes películas de su director, hoy completamente olvidado, pero que dejó una obra muy interesante en la que destacan títulos como 'El ídolo de New York’ (‘The Toast of New York’, 1937) o ‘La sombra de Frankenstein’ (‘Son of Frankenstein’, 1939), también protagonizada por Basil Rathbone.

Tanto la segunda secuela de ‘El doctor Frankenstein’ (‘Frankenstein’, James Whale, 1931) como la presente pertenecen a la segunda época de terror de la Universal y que, a principios de los años treinta produjo unas cuantas adaptaciones de mitos literarios, y que obtuvieron un éxito espectacular. Lo realmente curioso en ‘La torre de Londres’ es su total desligamiento del género fantástico, encontrado el horror en la mente humana, siempre retorcida, siempre malsana, aquí reflejada sobre todo en la figura de Ricardo bajo la piel de un pletórico Rathbone.

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La obra ‘Ricardo III’ de William Shakespeare es la inspiración para la trama urdida por el guionista Robert N. Lee —hermano del director—, llena de intrigas alrededor del trono, de traiciones, conspiraciones, amor, batallas y torturas, físicas y mentales. El juego de mentiras que baña algunas de las obras del dramaturgo inglés, siempre con dobles sentidos, alcanza una honda dimensión a través de las artimañas de Ricardo para acabar sentado en el trono. Es impagable la relación teatro/cine durante toda la proyección, pero su mayor identificación está en los instantes en los que Ricardo juega con una representación escalonada, a base de muñecos de sus familiares, los que le estorban para llegar al trono de Inglaterra.

La sombría lucha por el poder

Cada vez que uno de esos personajes fallece, motivado cómo no por las malvadas argucias de una mente retorcida y que puede verse como el mal personificado, Ricardo, Duque de Gloucester retira la figura correspondiente y la arroja al fuego. Ricardo como autor de lo que parece una obra teatral sobre la maldad, la ambición y sus desastrosas consecuencias, y en la piel de un actor que es la estrella absoluta –sin desmerecer ni un ápice al resto del reparto− en la mejor época de su carrera, tras haber participado en joyas como ‘El capitán Blood’ (‘Captain Blood’, Michael Curtiz, 1935) o ‘Robín de los bosques’ (‘The Adventures of Robin Hood’, Michael Curtiz, William Kieghley, 1938), y antes de embarcarse en la mítica saga sobre Sherlock Holmes.

Toweroflondon1939f3 5 Basil Rathbone visitando a Marlene Dietrich en el set de 'Arizona', también de la Universal

Rathbone y Price, en un personaje muy secundario, tienen su momento de gloria conjunta en el duelo del vino –en realidad Coca-cola, según declaraciones posteriores de Price− para decidir, alegremente —curiosamente, una de las características de la maldad retratada—, el destino del Duque de Clarence (Price). Una escena que raya lo grotesco, intencionadamente, como el resto del film, y que concluye con un destino terrible para el Duque personificado por Price, una marioneta más ante la rígida perversidad de su oponente en su lucha por el poder. Frank Underwood estaría encantado con este Ricardo cuya maldad no conoce límites.

Rigidez que se traslada a los verticales decorados, que parecen estrechar los sombríos recovecos del castillo, con aire gótico, acercando a sus personajes inevitablemente, pero con la cámara de Lee moviéndose con increíbles travellings que simulan los casi psicóticos pensamientos de sus monstruos, desvelando ardides, engaños y actos de una vileza sin cuartel. Por ejemplo, el asesinato del rey Henry VI (Miles Mander), tras un pequeño plano secuencia y conjugar el fuera de campo con las sombras, que parecen representar los oscuros deseos del asesino. Lo mismo en las dos magníficas batallas, en las que niebla y lluvia cubren la verdadera intención de las mismas.

Boris Karloff, un divertidísimo Ian Hunter, Leo G. Carroll y la belleza de Barbara O’Neil, Nan Grey y Rose Hobart ponen el resto a ‘La torre de Londres’, tan clásica como terriblemente moderna en su descripción del poder. La película sería objeto de un remake en 1962 de la mano de Roger Corman.

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