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Atlantida Film Fest 2016 | 'In the Crosswind' y 'Los caballeros blancos'
Críticas

Atlantida Film Fest 2016 | 'In the Crosswind' y 'Los caballeros blancos'

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¿Recordáis las dos secuencias más celebradas de las dos últimas películas sobre los X-Men dirigidas por Bryan Singer? Sí, me refiero a esas dos set pieces —en la segunda de mayor duración, debido a la excelente acogida que tuvo en la primera— protagonizadas por el mutante Quicksilver. ¿Os imagináis una película filmada así en su 90%? La estonia ‘In the Crosswind’ (‘Risttuules’, Martti Helde, 2014) se atreve a tirar de esa moderna técnica cinematográfica para hablar sobre un terrorífico hecho histórico.

En junio de 1941 Stalin deportó a Siberia a más de 40.000 habitantes del Báltico, separando a hombres —muchos de ellos asesinados porque sí— de mujeres y niños, que eran enviados a lugares en los que vivían en condiciones infrahumanas. Tal hecho —una mancha más en el ya de por sí deplorable ser humano— no es demasiado conocido en Occidente, más preocupado en cultivar la ignorancia. Helde se la ha jugado por completo en su primera película.

Sólo el inicio y el final de la película están filmados de una forma digamos convencional. El antes y el después del sufrimiento poseen movimiento, y curiosamente es lo peor del film, filmado enteramente en blanco y negro —salvo los ojos de la protagonita en un momento dado, ya que es su punto de vista—. El resto son trece set pieces filmadas para dejarnos con la boca abierta, algo que consigue con creces, logrando transmitir sentimientos, sensaciones en un episodio histórico desolador. Pero también desviando la atención.

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El mayor problema de ‘In the Crosswind’, también su mayor virtud, es precisamente esa especie de congelación de los personajes mientras la cámara parece bailar, o volar, alrededor de ellos. Hay leves movimientos de párpados, del ropaje y si cualquier personaje vuelve a enfocarse está en otra posición. Mientras tanto, la voz en off de la protagonista, Laura Peterson, evoca las cartas reales de la mujer que estuvo separada de su marido durante más de una década.

Es tal la perfección que Halde muestra que se pasa. Tanto es así que en lugar de aportar narrativamente a lo que cuenta, en lugar de pararse a descubrir las intenciones —se hace en determinados momentos, sobre la memoria y la historia— uno se preocupa más por cómo habrán hecho determinadas tomas. El dolor de las miradas, las pequeñas historias sugeridas en rostros y gestos, en encuadres y travellings, se esfuman mientras intentamos desvelar el truco. Y el cine es como la magia. En cuanto desvelas el trucaje, no se disfruta. Con todo, un film estimable.

La infancia en peligro

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‘Los caballeros blancos’ (‘Les chevaliers blancs’, Joachim Lafosse, 2015) es otra película basada en hechos reales, también terribles, cómo no. Versa sobre el papel de las ONG que se las ven y las desean para llevar a cabo su trabajo. El film francés narra las vicisitudes de un grupo de voluntarios para sacar a 300 niños del horror que se vive en Chad, y está construido como si de un films de mafiosos se tratase.

En el film no se ve sangre, ni muertos, pero sí la amenaza de un peligro constante. Los arreglos, en su mayoría ilegales, a los que llega la ONG con todos sus intermediaros, recuerdan los arreglos entre mafiosos y gángsters vistos en numerosas películas. La cámara de Lafosse muestra con contundencia, y combina con enorme pericia secuencias calmadas, en las que el uso de la palabra es vital, con otras más físicas en las que se desprende una tensión y suspense dignos del mejor thriller.

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El siempre efectivo Vincent Lindon lidera un reparto entregado en cuyos rostros vemos la impotencia de personas que no pueden hacer todo lo que desean para darles un futuro digno a menores de cinco años. ‘Los caballeros blancos’ juega su baza más inteligente a la hora de mostrar todas las vicisitudes para que una ONG lleve a cabo una misión que nadie en su sano juicio criticaría, salvo por el hecho de que lo hacen de forma totalmente ilegal.

El engaño para conseguir objetivos, el fin justificando los medios. La duda moral de siempre. Sin embargo en la película se da un paso más al plantear algo mucho más terrible: la única forma de salvar a esos niños es de manera ilegal, puesto que dejarlos allí, a la suerte de la guerra, es peor que cualquier ley escrita. ‘Los caballeros blancos’ posee un final nada conciliador, totalmente desolador y la provocación más atrevida en estos tiempos de vagancia: hacer pensar.

Lo que se construye en nuestra mente es algo que cada uno debe lidiar con su conciencia. Impecable película.

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