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'Blue Rai': para invocar el espíritu de la serie B no basta con ambientar la película en un videoclub
Críticas

'Blue Rai': para invocar el espíritu de la serie B no basta con ambientar la película en un videoclub

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Hay que tener cuidado cuando se invocan según qué espíritus. El de la serie B es especialmente peliagudo: todo el mundo cree estar capacitado para citar a Roger Corman, Kevin Smith, Samuel Z. Arkoff, Jess Franco y Lloyd Kaufman. Hasta que descubren que esa esencia invisible que vertebraba y ponía en común todas sus películas iba mucho más allá de que no tenían dinero a espuertas.

Es sencillo requerir al intangible -quizás inexistente, a lo mejor no es más que una entelequia que nos estamos inventando ahora mismo- espíritu de la serie B en lo formal: ambientas una película en un videoclub, haces media docena de referencias explícitas (esto es, citando intérpretes y títulos) a películas de género, un cartel autoconsciente y ochentero y un punto de partida que es un obvio mejunje de películas icónicas y de culto, y ese espíritu se tiene que solidificar con una bendición instantánea. ¿No?

En este caso, el mejunje liga a 'Clerks' con 'Tarde de perros' con la historia de un joven despechado que quiere recuperar a su novia a toda costa simulando un secuestro con rehenes en un videoclub con varios personajes muy dispares. Asediados por la policía, y con una actitud absolutamente carente de violencia -lo que para variar, resulta refrescante ante tantas historias de personajes encerrados que acaban revelando su cara más oscura-, la historia se irá disparatando y el dramita de Rai se convertirá en un fenómeno viral.

Un argumento recoleto y sin aspavientos, reducido a prácticamente un solo escenario y que viene con el sello de la ESCAC, la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña, aunque quienes la dirigen y escriben tienen ya cierto callo en el medio: el director Pedro B. Abreu, curtido en publicidad y el guionista Carlos Franco, también profesor de la escuela. El resultado, pese a las carencias presupuestarias, tiene un acabado técnico altamente competente y que incluso se permite ciertas filigranas visuales.

El problema es que esa competencia técnica y esas filigranas visuales (algunas directamente salidas del anuncio de alguna app de contactos) se antojan un poco frías y teledirigidas. En ningún momento la película decide salirse del carril de lo obvio, lo que en una película que se autoadjudica la etiqueta de juvenil, gamberra e iconoclasta, es el mayor de los pecados. Casi todos los personajes y sus comportamientos están construidos con plantilla, y aunque cuando abraza el tópico (el poli bueno y el poli malo) tiene momentos de brillantez ocasional, lo trillado se suele adueñar de la función.

Citas a ciegas

Sin duda lo más irritante de 'Blue Rai' es, precisamente, ese piloto automático con el que abandera las citas pop: la ambientación en el videoclub, la cinefilia del protagonista, el papel de las redes sociales, las referencias explícitas en diálogos son postureo puro y duro, búsqueda del asentimiento del espectador ante algo que le es reconocible. Una pena, porque cuando 'Blue Rai' encuentra destellos de personalidad propia, no funciona mal.

bluerai

Aún así, 'Blue Rai' es un entretenimiento intrascendente y simpático de unos ajustadísimos sesenta y pocos minutos (va al grano y no pierde el tiempo con tramas secundarias para redondear la duración) y con ocasionales momentos memorables. Aunque la interpretación de Santi Bayón es un poco cargante (lo cierto es que es el personaje menos interesante de la función, y la culpa es de un guión que cree que está retratando una encantadora inmadurez cuando es el típico pesado con ramalazos sociópatas de comedia romántica de los noventa), hay un ramillete de secundarios potente y sólido, Mireia Guilella, Betsy Turnez y Josep Seguí en cabeza.

El problema de 'Blue Rai' es que no es, en realidad, tan tontorrona e intrascendente como ella se quiere ver. Carece de la soltura y genuina frescura, no impostada, de su admirada 'Clerks'. A veces no es suficiente con autoadjudicarse la filosofía del bajo presupuesto para poder presumir de ella. Aún así, sus rápidos diálogos, su abierta intrascendencia y su tono ligero decantan la balanza a favor del conjunto.

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