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'Catalina la Grande': una imperial Helen Mirren es la mejor baza de una miniserie eficaz
Críticas

'Catalina la Grande': una imperial Helen Mirren es la mejor baza de una miniserie eficaz

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Esta semana ha llegado a Sky ‘Catalina la Grande’, una miniserie acerca de la emperatriz rusa cuyo mandato trajo cambios notables para la sociedad  de dicho país durante la segunda mitad del siglo XIX. Una figura a la que el mundo audiovisual no ha prestado tanta atención como se merecía, por lo que sus responsables estaban ante una oportunidad única para ofrecer la versión definitiva de su historia.

‘Catalina la Grande’ supone también el reencuentro de Helen Mirren con el escritor Nigel Williams tras la aclamada miniserie ‘Elizabeth I’, pero en esta ocasión se duplica el número de episodios -de dos a cuatro-. Había mucho que contar sobre su protagonista en una propuesta muy cuidada tanto en lo técnico como en lo interpretativo, pero a la que falta un poco más de profundidad y el empujón definitivo para ser memorable.

Quiere abarcar mucho

Clarke Mirren Catalina

El comienzo de ‘Catalina la Grande’ coincide prácticamente con el inicio de su etapa como emperatriz rusa que se extendió de 1862 a 1896. Esta miniserie pasa un poco de puntillas por el complot en el que ella misma participó para arrebatar el liderazgo de Rusia a su marido, pero tarda bien poco en demostrar que tiene sus propias ideas y también en ir presentando los diferentes rivales  a los que va a tener que hacer frente, incluido su propio hijo.

Esa es la parte que mejor funciona de ‘Catalina la Grande’ porque permite a Helen Mirren manejar las diferentes caras de su personajes en función de lo que requiera cada situación. Desde el momento en el que deja claro sus ideales en un discurso inicialmente muy mal recibido hasta el lado más emocional que muestra en su relación con Potemkin -solvente Jason Clarke-, sin olvidar su determinación para ejecutar a alguien a quien había insinuado que iba a perdonar.  

Un personaje bombón que Mirren aprovecha al máximo y al que la única pega que se le podría poner es que su edad no encaja con el momento en el que arranca la historia de su protagonista, pero tampoco es algo realmente molesto. Algo menos inspirado está el resto del reparto, donde se tiende más a mostrarlos como una pieza más del tablero que a entrar a fondo en sus motivaciones. No hay tiempo para todos y la decisión salomónica es repartir la importancia entre todos ellos.

Y no termina de conseguirlo

Escena Catalina Grande

Eso se traduce en un eficaz juego de intrigas cuando se trata de posibles conspiraciones a las que Catalina tendrá que hacer frente, pero que resultan un tanto descafeinadas cuando alguna de ellas sigue adelante. Ahí en los dos episodios que he visto hasta el momento se tiende a zanjarlo todo con gran celeridad, en ocasiones ni siquiera mostrándolo, sino simplemente diciéndonos que Catalina o sus aliados han neutralizado la amenaza.

De esta forma, ‘Catalina la grande’ brilla más cuando se centra en su protagonista como persona, pero esto a su vez incide en el hecho de que peca de falta de profundidad a la hora de indagar en su apasionante vida. No voy a decir que resulta acelerada porque nunca llega a dar esa sensación, pero sí que pasa de puntillas por demasiados aspectos. Quiere abarcar demasiado y no tiene el tiempo necesario para hacerlo de forma satisfactoria.

A su alrededor es cierto que todos los aspectos de ambientación, vestuario y demás “adornos” para transportarnos a la época están cuidados hasta el más mínimo detalle, y también que la puesta en escena de Philip Martin es más que correcta, pero hace falta algo más que una imperial Mirren para sacarle todo el jugo. Lo que queda es una aproximación eficaz pero algo superficial que en ningún momento quiere jugar a eso.

En resumidas cuentas

Habrá que seguir esperando para encontrar una adaptación a la altura de la vida y obra de Catalina la Grande. Es una lástima que así sea porque aquí tenían a una actriz idónea para que eso no sucediera, pero hablar de esta miniserie en términos de oportunidad perdida no está de más.

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