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Cine en el salón: 'Condorman', con licencia para aburrir a las piedras

Cine en el salón: 'Condorman', con licencia para aburrir a las piedras
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Ya lo dije hace un par de semanas con motivo de la entrada que en este Cine en el salón dediqué a 'Fuga de noche' ('Nightcrossing', Delbert Mann, 1980): con la cinta que hoy nos ocupa continuamos con esta cuenta atrás de las cintas que me quedaban por repasar de cuantas aquellas produjo la Disney durante los años ochenta con la esperanza de captar un público diferente al que iban orientado sus cintas de animación, aunque éstas últimas, como ya veremos llegado el momento en el especial de la productora, también andaban bastante perdidas hace tres décadas.

Y si ya en su día comenté a colación de 'El abismo negro' ('The Black Hole', Gary Nelson, 1979) que, sin lugar a dudas la cinta protagonizada por Anthony Perkins y Maximilian Schell era lo peor que había salido de las intentonas de la casa de Mickey por desviarse de su tónica animada es porque, sinceramente, el recuerdo que guardaba de 'Condorman' (id, Charles Jarrot, 1981), proveniente de un pretérito visionado —probablemente del año de su estreno— era el de una película divertida. Mala pasada la que me ha jugado mi memoria.

'Condorman', "una comedia romántica de aventuras, acción y espías"

Condorman 1

Vayamos al grano: a 'Condorman' no hay por donde "cogerla". Es uno de esos casos en los que todos, absolutamente todos los astros se alinean para dar como resultado un producto infumable, carente de sentido del ritmo, la narrativa o, mucho menos, de lo que es un guión con ciertos visos de coherencia, transcurriendo la totalidad de la trama a golpes, cada vez más contundentes, de constantes "porque sí" o "porque entonces no habría más película". Con la supremacía de los primeros sobre los segundos, más que nada porque muchas situaciones se podrían haber resuelto de mil maneras diferentes, lo que reserva este filme es un aburrimiento garantizado.

Publicitada con orgullo por la Disney en las formas que vemos en el titular de arriba, es normal que con tamaña mezcla de géneros y la clara intención de servir de émulo barato del universo de James Bond esta producción fuera un completo desastre en taquilla y que la recepción crítica del momento le diera un abrazo tan gélido como merecido. A fin de cuentas, por aquél entonces la franquicia de Bond, con Roger Moore al frente, había virado hacia el humor cada vez más insoportable que acompañó al personaje en las últimas cintas protagonizadas por el británico y poca falta hacía que Disney tratara de sacar tajada de un personaje parecido.

Dibujante de cómics metido a espía internacional a la fuerza, el personaje central de 'Condorman' —interpretado, es un decir, por Michael Crawford— es al mismo tiempo 007 y Q, sacándose de la manga unos gadgets con los que salir airoso de las situaciones de peligro que, no obstante, no son capaces de rivalizar con la inventiva de aquellos diseñados en el Mi6, sobre todo en lo que al hortera diseño de los mismos compete, cuajado como están de esos tonos anaranjados con los que se caracteriza al "héroe" alado del filme.

Condorman 2

Con una premisa de partida absurda y un desarrollo aún más cuestionable que marea al público llevando la acción de acá para allá sin que en ningún momento se nos explique —al menos de forma coherente— como es que los personajes tienen que ir transitando por todos los países de Europa por los que transcurre la acción, a ese guión que no funciona ni cinco minutos de proyección se unen las actuaciones del reparto al completo, ya estemos hablando de la poco convicente Barbara Carrera, ya de un Oliver Reed que carece por completo de carisma como villano y, por supuesto, la dirección de Charles Jarrot.

En relación a éste resulta cuanto menos curioso —por no decir lamentable— que el responsable de las interesantes 'Ana de los mil días' ('Anne of the Thousand Days', 1969) o 'María, reina de Escocia' ('Mary, Queen of Scots', 1971) se dejara enredar de nuevo por Disney tras 'El último vuelo del arca de Noé' ('The Last Flight of Noah's Ark', 1980) —cinta ésta que me niego a revisar, espero lo entendáis— para ofrecer un espectáculo de dirección tan ramplón y poco efectivo como el que aquí tenemos que soportar desde el minuto uno al noventa.

Muchas veces recelamos a la hora de plantearnos el revisar alguno de los filmes de nuestra infancia por temor a que sea el recuerdo de ellos y no su calidad real lo que conforme el tener a éste o aquél título en tan buena estima. Creedme cuando os digo que en el caso de 'Condorman' no es que tengáis que dejar atrás dichos recelos y atrevernos a revisar la producción de la Disney, es que lo último que deberíais hacer es acercaros a esta producción que, por no tener, no cuenta ni con un trabajo medianamente digno del gran Henry Mancini.

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