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Cómic en cine: 'Astérix y Obélix contra César', de Claude Zidi

Cómic en cine: 'Astérix y Obélix contra César', de Claude Zidi
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Allá por el mes de agosto del pasado 2013, cuando este especial todavía andaba cubriendo la estela que el mundo del cómic en su paso al cine había dejado en los años setenta, hicimos parada obligada en 'Las doce pruebas de Astérix' (‘Le Douze Travaux d’Astérix’, René Goscinny, Henri Gruel, Albert Uderzo y Pierre Watrin, 1976), tercer filme animado que adaptaba las aventuras del inmortal galo y su irreductible pueblo a la gran pantalla y, como ya apunté entonces, lo mejor que ha la creación de Uderzo y Goscinny ha visto plasmado en celuloide junto con 'Astérix en Gran Bretaña' (‘Astérix Chez le Bretons’, Pino Van Lamsweerde, 1987).

Dicha afirmación no es nada casual y cobra completo sentido hoy al recalar en esta 'Astérix y Obélix contra César' ('Astérix et Obélix contre César', Claude Zidi, 1999), primero de los cuatro filmes de imagen real que hasta el momento se han filmado con los personajes del cómic de protagonistas y muestra más que inequívoca que, en ese incipiente boom que ya el final de la década de los noventa apuntalaban las miradas del séptimo arte hacia el noveno, todo valía hasta el punto de encontrar una cinta a la que, en términos coloquiales, "no me habría vuelto a acercar ni con un palo" de no haber sido por este especial.

'Astérix y Obélix contra César', equivocada de principio a fin

Asterix y Obelix 1

Irritante, ese es el primer epíteto que siempre se me ha venido a la cabeza al recordar las sensaciones que el visionado del filme protagonizado por Christian Clavier y Gérard Depardieu instiló en servidor hace tres lustros. Irritante por muchos motivos que ahora pasaremos a exponer pero, ante todo, por pretender llevar hasta tales extremos el sentido del humor absurdo y desenfadado de los cómics que se termine por convertir una producción en un cúmulo de sin sentidos y de escenas hiladas porque sí que construyen un incontrolable monstruo de Frankenstein con el que nadie sabe lo que hacer.

Y nada habla mejor de esa construcción por piezas sueltas inconexas que es la cinta firmada por Claude Zidi tanto en dirección como en guión, que el hecho de que, a la hora de aproximarse a la redacción de éste último, Zidi componga su poco exquisito cadáver con referencias directas a seis álbumes diferentes de Astérix: 'Astérix el galo', 'La hoz de oro', 'Astérix legionario', 'La cizaña', 'Astérix y los godos' y 'El adivino'. Como podréis imaginar —o sabréis de primera mano— el resultado de tamaña combinación es un plato capaz de atragantársele a cualquiera.

Máxime si, como es el caso, el avance de la trama es tan dependiente de los saltos que ésta va haciendo de cómic en cómic que, resulta imposible valorar a la cinta como un ente único y de pleno funcionamiento: lo que Zidi va cosiendo es un rompecabezas que si al final adquiere lejanos visos de coherencia es más por fruto de una casualidad inesperada que por acción directa de lo que el francés pone en juego, ya en el libreto, ya en una dirección que rayando en lo esperpéntico, bordea con temeridad lo directamente insufrible apoyándose además en unos efectos digitales sonrojantes en el mejor de los casos.

Asterix y Obelix 2

Algo más que sonrojantes son, para restar más puntos a la cinta, unas actuaciones de las que lo mejor que se puede afirmar es que hasta Gérard Depardieu está para echarlo a los leones: vale que lo caricaturesco de los personajes originales no exija de los intérpretes llevar hasta las últimas consecuencias el método Stanislavski, pero de ahí al pitorreo generalizado que demuestran las memeces de Clavier, Gottfried John o un histriónico Roberto Benigni hay un trecho de la misma entidad que el que separa a Laetitia Casta de poder ser considerada actriz.

Me es imposible acabar, como en otras ocasiones, asumiendo que a pesar de todo lo anteriormente expuesto, la cinta se deja ver y es un buen entretenimiento; y lo único positivo a destacar es que, siendo la producción más cara de la historia del cine francés en su momento, recaudó muchísimo más de los 41 millones de dólares invertidos justificando, claro está, la puesta en marcha de las infumables secuelas. ¿Cómo? ¿que qué tiene eso de positivo? Preguntádselo a los productores, a ver que os dicen...

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