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'El padrino, parte III', Francis Ford Corleone

'El padrino, parte III', Francis Ford Corleone
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Tony sabe que mataste a Fredo
(Tony Knows that you killed Fredo)

-Kay

Sin más preámbulos adentrémonos en el análisis de la tercera parte de ‘El Padrino’, descrita por algunos, como el famoso crítico de cine Carlos Pumares (uno de los individuos que dan mal nombre a esta profesión), como “un verdadero insulto”, y objeto en ‘Los Simpsons’ de un divertido chiste (yo sí sé reirme cuando alguien ataca algo que admiro, mientras otros sienten que han meado en su alfombra): Bart encontrando una cinta clandestina en la tienda de cómics con el título de ‘El Padrino III, versión buena’.

Hay mucho de que hablar en este primer capítulo sobre la película número dieciséis de Francis Ford Coppola, que regresa al relato de la familia Corleone, la que le hizo rico y famoso, y la que posibilitó una locura extraordinaria titulada ‘Apocalypse Now’. Catorce años después, rechazando un guión de la Paramount que nada tenía que ver con su personalidad, redactando uno propio de nuevo junto a Mario Puzo, comenzando casi el rodaje sin tiempo para pulirlo. FFC se encontraba en una crisis personal y creativa, y era el momento de superarla o de morir en el intento.

Paramount presenta…

Con la imagen de la legendaria productora de Hollywood Paramount Pictures, que asociamos tanto a esta legendaria trilogía como a las aventuras de Indiana Jones, y el no menos legendario sonido de trompeta lúgubre (sobre pantalla en negro) creado por Nino Rota, muerto once años antes de esta tercera parte (y cuya música fue arreglada y fundida para esta tercera parte por el padre del director, Carmine, de forma admirable), comenzamos. Y no comenzamos con otra cosa que con un cielo nublado y triste, y con una suave panorámica a algunos lugares familiares para nosotros.

Es la finca Corleone en Lake Tahoe. Precisamente donde todo acabó catorce años antes. Donde vimos cómo se asesinaba a Fredo, y cómo Michael se hundía en sus recuerdos, en el pasado donde parecía que al destino se le podía desafiar. En realidad, son imágenes de segunda unidad tomadas en verdad catorce años antes, y rescatadas para esta apertura fantasmal. Ni siquiera Michael vive ya allí, sino que reside en Nueva York, como veremos. Pero hay algo decididamente genial en abrir así la película. ¿Acaso la mente de Michael no viaja allí a menudo? Como el campamento de Kurtz, como el castillo de Dracula, la finca abandonada es un estado mental, y más aún, un estado anímico.

Corte brusco a un plano de la ciudad de Nueva York en 1979, que es el año donde todo va a transcurrir. Abandonamos por tanto, el relato de época para hacerlo casi contemporáneo. Michael, que ronda los sesenta años, va a recibir honores papales en una ceremonia religiosa en agradecimientos a sus obras de caridad. Y bajo estas imágenes oimos la voz en off del propio Michael, pidiendo a sus hijos que asistan. Según él: “la única riqueza de este mundo son los hijos”, y aquí oímos también a Coppola diciéndolo. Según sus palabras, hace un tiempo que no ve a sus hijos, y la fiesta que va a organizar es una excusa como cualquier otra para reunirse con ellos y con Kay.

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En los sensacionales comentarios del director de los que goza el Dvd de esta película, oímos a Coppola emocionarse hablando de cómo Michael ha perdido a su familia, mientras recuerda su despiadada decisión de asesinar a Fredo (un recuerdo muy bien engarzado, pues asistimos a una misa, y es un Ave María lo último que pronuncia Fredo…¡qué escalofriantes los graznidos de las gaviotas, como alaridos femeninos de un alma en pena!). Es notable observar a este hombre llegar al filo de las lágrimas, recordando sin duda a su hijo Gio, que es la razón fundamental, como veremos, de que se hiciera esta película. Esto es la historia de Michael Corleone, y Michael Corleone es el alter-ego de F. F. Coppola.

Ante todo la tradición…o no

En estos primeros minutos ya observamos por donde va a ir el relato. Mucho más íntimo y confesional que las dos anteriores. Michael es un hombre muy distinto, y no tenía sentido volver a ver otro Padrino con este héroe oscuro venciendo a todos y saliendo victorioso e indemne. Al Pacino (en otra inconmensurable interpretación, tan difícil como las dos anteriores) aparece con el pelo cortado como una persona muy mayor, pareciendo al menos con diez años más de los que tenía por entonces (50). Si a esto añadimos que ya se había practicado, varios años antes, su famosa operación facial, parece realmente otro hombre, ni la sombra del apuesto y formidable hombre de las dos anteriores películas.

Además, el magnífico inserto de la segunda película, en el que vemos el inolvidable plano de Fredo antes de morir, es como un puñal en su corazón, como una carga de la que no puede librarse y le acompaña durante toda la película. Pero no todo son cambios, como veremos, pues de nuevo comenzamos con una fiesta en la que se hará una presentación de los personajes y un primera acercamiento a la verdadera trama futura, después de la boda de la primera parte y de la comunión de la segunda. En esta ocasión es una fiesta en honor de Michael en la que conoceremos a tres importantísimos personajes: Vincent Mancini, Don Altobello y Joey Zasa, interpretados por tres actores en estado de gracia.

De los otros dos hablaremos a continuación, pero hay que empezar a comentar la eléctrica aparición (sólo así se puede calificar) de Vincent (interpretado por Andy García, con gran fuerza de convicción). Aparece en primer plano amplio abriéndose paso y casi tiene que colarse en la fiesta, peleándose con un guardia. En un entorno en que la “Atmósfera Corleone”, por así llamarla, parece un triste eco del pasado (cantan sin gran éxito canciones italianas, el mismo Johnny Fontane tiene una aparición ¡y Michael huye a la cocina a escuchar a Tony Bennett, bromea), Vincent aporta una inyección de vitalidad indescriptible al seno de la familia, y desde su primera escena. Sufrirá algunos bajones de tensión a lo largo del metraje, propiciados por un guión que el propio Coppola admitió que hubiera necesitado más tiempo para pulir, pero sobre eso ya profundizaremos en su momento.

Por su parte Joey Zasa (un gran Joe Mategna, como casi siempre) también tiene una aparición imponente, interrumpiendo de forma grosera la canción entonada por Connie Corleone (una envejecida Talia Shire). Hará las veces de un gangster al antiguo estilo, mientras que Don Altobello (un formidable Eli Wallach de 75 años) es de ese estilo pero evolucionado y capaz de transformarse con los tiempos, como ya veremos.

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Viejos conocidos

En el capítulo de viejos conocidos, la más importante, como no podía ser de otra manera, es la que más sufrió cuando Michael era un implacable commendatore, que en su primera secuencia con diálogo (ya la vimos en la misa) aparece reflejada sobre su propia foto con su ya ex-marido. Keaton, desde luego, es una actriz esencial en esta saga. Mientras sigue mirando la foto, Michael la saluda, y la reacción de ella no hubiera sido menos intensa si la hubiera saludado Lucifer. Cualquiera diría que quiere ofrecerle un trozo de pastel.

La razón de la presencia de Kay es apoyar al hijo de ambos, que quiere abandonar su carrera de derecho en favor de convertirse en cantante de ópera. Hay algo universal en ese padre que quiere que su hijo acabe una carrera mientras que este, un idealista, quiere otra cosa para su futuro. Es un signo de la escasa fuerza familiar (casi una maldición) de Michael, ser incapaz de convencer a su hijo de no arruinar hipotéticamente su vida. Y es un signo de su cambio interior, de su pérdida de intensidad, el plano que Michael comparte con la pecera ¿no parece un plano irónico, pues veríamos al antiguo Michael romper esa pecera de un puñetazo ante la negativa, y el desprecio, de su hijo?

A fin de cuentas ¿no le dijo No a su padre Michel cuando no quería saber nada de sus negocios y se alistó en el ejército? A continuación tiene lugar un magnífico diálogo entre Michael y Kay. Algo así como un ajuste de cuentas después de tanto tiempo. Michael, una vez más, se enfrenta a la tragedia de su vida cuando le asegura a Kay que hizo lo que pudo para protegerlos (a su familia) de los horrores del mundo, a lo que Kay responde que él se convirtió en su horror.

Ya desde estos primeros minutos observamos que la película va a profundizar entre las dos variaciones: lo personal y lo profesional, por llamarlo de alguna manera. Porque no todo van a ser, como podremos ver en el siguiente episodio, temas personales.

Estudio F.F. Coppola en Blogdecine

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