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'Gomorra', realismo distante

'Gomorra', realismo distante
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‘Gomorra está causando sensación allá donde se estrena. En el pasado Festival de Cannes se llevó incluso un premio, a mi parecer totalmente inmerecido. Pero en este punto tendríamos que hablar de lo injustos que son todos los festivales o premios, soy un poco del pensar de George C. Scott, quien se negó a recoger su Oscar por ‘Patton’. La realidad es bien distinta, ‘Gomorra’ está siendo un éxito de crítica y también de público (dentro de unos límites), y hay que aceptarlo. Parte de su aceptación popular viene dada por la estúpida polémica protagonizada por Roberto Saviano, quien escribió el libro en el que se basa el film, un documento muy realista sobre la Camorra en algunas zona de Italia. Esto le ha llevado a ser amenazado de muerte, y tener todo el día protección policial.

Pero este tipo de cosas no ayudan en nada a la calidad de la película en sí. ‘Gomorra’ se mueve siempre insegura, a dos bandas: entre evocar el neorrealismo italiano, y formular el enésimo experimento narrativo de historias entrecruzadas, aludiendo a su vez a conocidos films de Robert Altman o Paul Thomas Anderson. Tampoco faltan referencias a De Palma o al western, pero con más desgana que pasión.

‘Gomorra’ tiene varios hilos narrativos, protagonizados por distintos personajes arrastrados por acontecimientos que les superan. Dos pobres ingenuos que sueñan con ser capos de la mafia, convencidos de que emular a Pacino en ‘El precio del poder’ es más que suficiente. El pobre chaval que hace recados, pero que suspira trabajar para una de la bandas organizadas de la droga. El modisto que trabaja para el típico explotador, y que sólo quiere que le reconozcan su talento como se merece. El correo de una de las bandas criminales, que hace su trabajo movido más por el miedo que por otra cosa. El joven con futuro que trabaja para un empresario de pocos escrúpulos. Personajes normales y corrientes, a los que no sería difícil llegar, sobre todo por el tratamiento de documental que Matteo Garrone les proporciona. Algo que lejos de jugar a su favor, provoca curiosamente un alejamiento por parte del espectador (al menos de quien esto suscribe). No llego jamás a interesarme por sus decisiones, por sus vivencias, por ellos, en definitiva. Rostros comunes que pululan por una historia presumiblemente dura, un retrato de una forma de vivir, que bajo el prisma de su director, se torna artificial, e incluso tediosamente predecible.

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Es muy probable que Garrone tuviera la misma intención que Saviano en su libro, la de informar al mundo sobre algo que tal vez desconocen muchas personas. Para eso bastaba con el libro, creo yo. Garrone no es capaz si quiera de provocar, algo que suele suceder cuando se tocan temas espinosos. Por otro lado, ese tono documental con el que pretende llenarnos de la tristeza, violencia y miseria en la que viven todos los personajes, no pasa simplemente de ser una decisión estética. Mezclado además con ciertos momentos de virtuosismo en los que le da tanto por realizar un plano secuencia, o travellings desde lo alto, que ni siquiera ensalzan lo narrado. Y aunque uno puede recrearse con una excelente fotografía, y la comentada puesta en escena, jamás se encuentra el equilibrio entre fondo y forma. Huele la película a déjà vu; desde el primer al último fotograma, y es curiosamente en sus últimos momentos cuando ‘Gomorra’ posee algo de interés, rozando el universo del western en esas escenas finales en las que los sueños de los bandidos tiene su lógico y coherente final (con puesta de sol incluida).

Tal vez los actores, muchos de ellos no profesionales, estén a la altura de las circunstancias. Dan vida, la mayoría de ellos, a seres perdidos en busca de algo que les salve de su lamentable existencia. Marcados algunos desde su nacimiento por una vida que no eligieron, y con poca capacidad de elegir, deambulan sin rumbo fijo, con metas que parecen escaparse al alcance de sus manos. Al menos, en los rostros de los no actores (y de los que lo son profesionalmente también) hay algo de verdad, ésa que Garrone no ha sabido captar, o transmitir, con sus imágenes. ‘Gomorra’ además es demasiado larga, logrando caer en el aburrimiento. Y encima cierra con unos rótulos informativos que causan verdadero pavor, cifras sobre las consecuencias de la mafia italiana de Nápoles que logran concienciar más que todo lo visto con anterioridad.

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