Netflix sigue apostando por las series nórdicas y su nueva incorporación ha sido 'Sacrificio de sangre', una serie sueca de suspense que llega de la mano de George Kay, cocreador y antiguo guionista principal de 'Lupin'. La ficción se adentra en una investigación especialmente perturbadora, que arranca con el asesinato de varios agentes de policía mientras responden a llamadas de emergencia, provocando que el miedo se extienda por todo el cuerpo policial de Estocolmo.
Al frente del caso está Thomas Berg (Jakob Oftebro), un detective que, lejos de ser el típico investigador atormentado por adicciones o traumas del pasado, tendrá que enfrentarse a una amenaza que también pone en peligro a sus propios compañeros. Y para resolver el caso tendrá que recurrir a su padre, Alfred (Peter Andersson), un antiguo policía con el que tiene una relación marcada por el resentimiento y más de un secretos.
La policía es la víctima
La serie no pierde demasiado tiempo en presentar su premisa. Una mujer llama aterrorizada a emergencias porque asegura que alguien va a matarla y dos agentes acuden a su domicilio. Y lo que encuentran allí rompe con el procedimiento habitual de cualquier thriller policial, porque los dos policías son asesinados y decapitados brutalmente.
Poco después se produce otro doble asesinato en circunstancias similares y la sensación de peligro se apodera de todo el cuerpo de policía. Ya no se trata solo de encontrar a un asesino, sino de conseguir que los propios agentes se atrevan a seguir respondiendo a las llamadas de emergencia.
En el centro de la investigación está Thomas Berg, un detective que se enfrenta a una presión cada vez mayor mientras intenta averiguar quién está detrás de los crímenes. De hecho, una de las cosas más interesantes de 'Sacrificio de sangre' es precisamente que no presenta al típico policía imperturbable que parece tener todas las respuestas. Berg está visiblemente afectado por lo que está ocurriendo y la serie consigue transmitir la sensación de que el miedo también ha entrado en las comisarías.
Para resolver el caso, Berg decide acudir a su padre Alfred, un antiguo detective cuya carrera terminó de forma abrupta y que arrastra una reputación complicada. La relación entre ambos está lejos de ser la mejor: hay resentimiento, amargura y demasiadas cosas que ninguno de los dos ha conseguido superar. Sin embargo, Alfred fue considerado en su día uno de los mejores policías y sus métodos, aunque mucho más anticuados y poco ortodoxos, pueden resultar justo lo que su hijo necesita para avanzar en una investigación que parece no tener salida.
Aquí es donde la serie introduce una de sus mejores bazas: la relación entre padre e hijo. Peter Andersson aporta mucha personalidad a Alfred, un personaje que puede resultar tan brillante como imprevisible y que no duda en cuestionar constantemente las decisiones de Thomas. El problema es que el conflicto familiar resulta bastante previsible y la ficción no siempre consigue que esta parte de la historia tenga la misma fuerza que el misterio criminal. Aun así, cuando el peligro se acerca a ambos, la tensión entre los dos funciona estupendamente como complemento para la investigación.
Otro de los elementos que me hubiera gustado que se hubiera tratado con más profundidad es la situación de la propia policía. A medida que avanzan las pesquisas, aparecen problemas relacionados con la falta de recursos, la sobrecarga de trabajo y unos protocolos que parecen no estar preparados para una amenaza de estas características.
Donde la serie sí demuestra claramente el talento de George Kay es en la construcción del misterio. La ficción avanza con buen ritmo, introduce pistas y giros con bastante inteligencia y consigue mantener la intriga durante sus cinco episodios. Además, la dirección de Kristoffer Nyholm, que ya trabajó en 'The Killing', ayuda a crear una atmósfera fría e inquietante que en algunos momentos se acerca incluso al terror. Los asesinatos son especialmente brutales y la amenaza es tan visceral que hace que algunas escenas parezcan una pesadilla. Puede que la motivación final del asesino no sea tan sólida como cabría esperar, pero el conjunto funciona como un thriller nórdico directo, oscuro y tremendamente entretenido.
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