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'It Follows', el paso a la madurez
Críticas

'It Follows', el paso a la madurez

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En la primera película de David Robert Mitchell, ‘El mito de la adolescencia’ (‘The Myth of the American Sleepover’, 2010), dentro del género de la comedia y bajo la apariencia formal de cinta indie, el director estadounidense ya hablaba del paso de la adolescencia a la madurez, tema con el que continua en ‘It Follows’ (id, 2014), esta vez dentro del contexto de un film de horror que actualiza con inteligencia elementos vistos en clásicos del género, como por ejemplo, la excelente ‘La noche de Halloween’ (‘Halloween’, John Carpenter, 1978).

En el clásico citado, podía apreciarse que muchos de los asesinatos cometidos por el fascinante –en el film, luego ya no− Michael Myers, como representación física del Mal, son en su mayoría adolescentes con las hormonas disparadas, a punto de eclosionar en encuentros sexuales desaforados. Con aquel brillante ejercicio de estilo coincide el film de Mitchell, siendo aún más alegórico a través de una excepcional puesta en escena bajo la que late con poder el subtexto del film, utilizando el sexo como método de aprendizaje vital. Con citas a Dostoiewski incluidas.

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(From here to the end, Spoilers) La primera secuencia de ‘It Follows’ deja bien clara las intenciones del director. Un bello plano secuencia que sigue la carrera de una chica, en tacones –detalle éste muy importante, en clara confrontación de la desnudez de pies de la protagonista− sale de su casa espantada, como si “algo” le siguiese. Mitchell llega a realizar un giro de 360 grados con la cámara, obligando al espectador, aquí de forma muy sutil, a estar pendiente del encuadre, sobre todo cuando las cartas del film sean presentadas. Esto sucede tras el encuentro sexual entre Jay (Maika Monroe) y Jeff/Hugh (Jake Weary).

Tras ese instante, en el que Hugh/Jeff parece que va a ser el sempiterno psicópata en la sempiterna película de terror, el espectador es pillado por sorpresa al presenciar, desde su cómodo punto de vista, cómo Jay es informada de una especie de maldición que parece transmitirse mediante el sexo –tal y como suena puede tomarse, en una lectura superficial, como una metáfora sobre enfermedades de transmisión sexual, con el sida a la cabeza−, y Mitchell coloca la cámara delante de una Jay, atada de pies y manos sobre una silla de ruedas, dejando claro que su punto de vista será también el nuestro al moverse dicha cámara con ella.

Del sexo a la cruel vida

A partir de ese instante, ‘It Follows’ se llena de metáforas extraordinarias, todas ellas dentro del tono de cuento de terror que el film tiene y en el que no faltan los consabidos sustos, pero con los mismos emergiendo de la cotidianidad más espeluznante, como todo lo malo, por duro, que tiene convertirse en adulto, viendo determinadas cosas por primera vez. Magistral alegoría sobre los elementos del mundo adulto que un adolescente aún no ve, y su impacto en el mismo, a modo de apariciones terroríficas, unas más y otras menos, dependiendo de la “importancia vital”, y su correspondiente aceptación, de lo descubierto.

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Todo ello, con impresionantes secuencias en las que el movimiento horizontal de la cámara cobra un sentido único, alrededor del siempre espinoso tema del sexo, probablemente sobre el que existen mayores tabúes y prejuicios; y si bien algunos pueden quedarse con la visión conservadora que el film puede dar –en realidad debe pasar por ella para llegar a otro punto mucho más enriquecedor−, es preferible ir más allá, y establecer una más que evidente y obvia relación entre el sexo y la vida, lo primero como la aventura más excitante, y también de las más peligrosas, que la segunda te puede ofrecer, para seguir con el ciclo que el ser humano realiza desde su aparición.

Secuencias como la de la protagonista mirando debajo de su ropa interior frente al espejo no están porque sí, sino que muestran lo que sería reflexionar por primera vez acerca de la sexualidad y sus consecuencias –un ejercicio de la citada madurez hacia la que viaja la película−, como tampoco lo son las apariciones que asustan a Jay, de la más diversa índole, y con las que el director juega a sumo placer con el espectador, una y otra vez obligado a examinar cada rincón del encuadre, esperando ver, o no ver. Que la última, en el poderoso clímax de la piscina, sea la del padre de Jay, es la muestra definitiva de ese viaje —amén de suponer, como otras, una relación con los adultos "ausentes" en la historia—, y más aún cuando la “pureza” queda atrás a modo de gigantesca mancha de sangre en el agua.

‘It Follows’ se cierra con un plano que completa el primero de la película, con la cámara siguiendo a Jay y Paul, con quien la primera se ha acostado aceptando su amor y sacrifico, y la latente amenaza desprendida de sus decisiones, que no es otra cosa que la segura muerte de la que uno es consciente cuando crece. Follar es vivir, y vivir es enfrentarse a lo bueno, y sobre todo lo malo, conviviendo con ello. Hasta el inevitable final.

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