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'La guerra de las galaxias: El retorno del jedi' (1)

'La guerra de las galaxias: El retorno del jedi' (1)
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Tres años después del impacto emocional, de la conmoción absoluta de una aventura superlativa como ‘El imperio contraataca’, llegó la inevitable conclusión de una trilogía que había cambiado la historia del cine, tanto en sus aspectos de mercado, como en su técnica y su tirón popular. El resultado fue ‘El retorno del jedi’, que por desgracia es una aventura mediocre, sólo animada por chispazos esporádicos, pero muy inferior a las dos primeras. Tanto, que quizá sea la menos interesante de toda la saga de George Lucas.

Si nos fijamos bien, la nueva trilogía es un espejo renovado y conciso de las tres antiguas. ‘La amenaza fantasma’ vendría a ser ‘Una nueva esperanza’; la segunda, ‘El ataque de los clones’, posee muchas reminiscencias con ‘El imperio contraataca’, y ‘La venganza de los sith’ es muy parecida a este retorno sin garra: un comienzo bastante vibrante, un final necesariamente épico, y una zona media increíblemente sosa. Una verdadera lástima, porque los muchísimos que disfrutamos con la segunda parte esperábamos mucho más. Al menos, una historia un poco más trabajada.

Nadie sabe con certeza por qué Lucas no volvió a llamar a su amigo y mentor Irvin Kershner para sentarse de nuevo en la silla de director. En realidad, Lucas había pensado en su colega Spielberg, pero no fue posible por diversas razones. Tampoco pudo convencer a David Lynch o a David Cronenberg, y la idea de Paul Verhoeven fue desechada rápidamente. De tal modo que eligió al realizador galés Richard Marquand, que había demostrado su buen hacer en un título tan digno como ‘El ojo de la aguja’. Sin embargo, Lucas se involucró de tal manera en el rodaje que puede considerarse el director de la cinta, y son muchos los que atestiguan que Lucas daba órdenes a Marquand, el cual se limitaba a asentir con la cabeza y a lamentarse de “intentar dirigir El Rey Lear con Shakespeare delante”.

El rescate de Solo

Uno de los grandes handicaps de esta aventura es que no nos presentan nuevos lugares, sino que regresamos a otros ya conocidos, como lo es Tatooine (mientras que el bosque de Endor es una atmósfera muy poco interesante, al contrario que Hoth, Dagobah o Bespin). Desde el mismo comienzo, advertimos la desgana conque esta aventura está escrita y filmada. Tras una breve introducción en la nueva Estrella de la Muerte (¿no podían haberse inventado otra cosa?), se repite la imagen de C3po y R2d2 caminando por el desierto del planeta natal de Luke, para entrar en la fortaleza de Jabba y ofrecer sus servicios.

Lo cierto es que, tal como comentaba Alberto Abuín en su momento, el plan de rescate es un disparate sin pies ni cabeza. Observándolo en su totalidad, no se sostiene por ninguna parte, salvo para dar absurdos golpes de efecto. Sin embargo, el bloque posee una atmósfera bastante poderosa y enrarecida, subrayada por la inteligente y efectiva música de John Williams. Vemos de qué manera Lando se hace pasar por mercenario para Jabba, un extraño cazarrecompensas (que resulta ser Leia) trae preso a Chewbacca, llega un místico Luke ataviado con una capa negra. Da la impresión de que cada uno viene por separado…

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A pesar de las numerosas soluciones ridículas (la manera en que descubren a Leia, el chapucero intento de rescate de Luke…) aún hay alguna idea inquietante, como la decisión de Jabba (siempre recordada) de convertir a la princesa en su esclava sexual. No entendemos por qué Luke no ha traído su sable de luz, y el enfrentamiento con el rancor queda arrítimico y poco convincente (sobre todo, la manera en que acaba con él). Pero pasamos a una nueva secuencia, con el sacrificio que Jabba (una soberbia creación de animatronic, como su pequeña mascota repugnante) va a ofrecer a una criatura del desierto llamada sarlacc. Es una escena con bastante encanto, aunque seguimos sin comprender por qué hasta ese momento R2d2 ha guardado el sable de luz.

No es una gran secuencia globalmente, pero resulta bastante emocionante e intensa, con ese gran momento de Leia estrangulando a su nuevo amo con sus propias cadenas. Así mismo, saben jugar con bastante sorna con la situación de Han, que después de su descongelación, se encuentra en estado de ceguera transitoria. Pero, de nuevo, se nota la precipitación, pues la secuencia termina demasiado abruptamente, sin dejarnos saborearla del todo.

Un intermedio anticlimático

Con Han rescatado, a la manera de un prólogo de Indiana Jones o James Bond, pasamos a un breve interludio que es uno de los varios que rompen continuamente el ritmo de este relato. Luke vuelve a Dagobah, al parecer no ha vuelto (por razones nunca explicadas) desde que le vimos irse unos años antes, para encontrar a un Yoda anciano que no tiene fuerzas para seguir con su entrenamiento y que le asegura que Vader es su padre y que haberse enfrentado a él es lo que le ha convertido en un jedi más fuerte y mejor. El encuentro posterior con el fantasma de Obi-Wan está hecho de forma mucho menos romántica que la segunda parte, donde apenas se le veía o se le oía. Aquí, un Alec Guinnes completamente aburrido de su personaje le da la réplica a Hamill y una nueva revelación: Leia es su hermana.

Ni que decir tiene que esta nueva revelación no tiene ni la quinta parte de fuerza que la de Vader, y que es una solución rancia para el importantísimo triángulo amoroso entre Han, Luke y Leia. Al revelarse demasiado pronto, la tensión sexual del triángulo desaparece para el resto de la película, y nos borra de un plumazo la posibilidad de un nuevo jedi, un nuevo personaje para esta entrega, que quizá podía haber ayudado a Luke en su tarea. La decisión de que Leia tenga afinidad con La Fuerza no es empleada de ninguna forma dramática, ni sirve para nada en la historia.

En lo tocante al equipo técnico se echa en falta, y de qué manera, la presencia de dos hombres fundamentales como lo fueron Paul Hirsch en el montaje y Peter Suschitzky en la fotografía. En el lugar de estos dos gigantes tenemos un batiburrillo de nombres en la primera disciplina (entre ellos el propio Lucas no acreditado), y a Alan Hume (de carrera mediocre sobre todo televisiva) en la segunda. Y ambos trabajan como lo haría un profesional desencantado en la televisión. Sin pasión y sin personalidad.

En breves días, para no hacer el texto demasiado largo, terminaremos de hablar de esta película.

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