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'La guerra de las galaxias: El imperio contraataca' (y 2)

'La guerra de las galaxias: El imperio contraataca' (y 2)
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Con Han, Leia, Chewbacca y C3po guarecidos en un agujero dentro de un inmenso asteroide, y Luke tratando de aprender a toda velocidad los misterios de la fuerza en Dagobah, con la ayuda de Yoda, comienza la segunda, y apasionante parte, de esta obra maestra del cine de aventuras, en la que el relato no afloja o se mantiene estable, sino que de forma incomprensible sigue subiendo y subiendo, en un crescendo imparable que es una de las mejores cosas que le han pasado al cine de fantasía (porque de sci-fi esto no tiene nada).

Hay dos secuencias fundamentales antes de que Luke abandone de forma abrupta a su maestro: la escena de la cueva en la que reside el reverso tenebroso (palabras textuales de Yoda), y aquélla en la que Luke es incapaz de sacar la nave del lecho de la ciénaga. Ambos son dos fracasos de Luke que no ofrecen una perspectiva muy halagueña respecto a su futuro enfrentamiento con Darth Vader. Es más, parecen rubricar su destino. Pero ya toda la película está presidida por un maravilloso, y muy difícil de construir, tono fatalista y de un aliento casi shakesperiano.

La referida escena de la caverna es un ejemplo de secuencia muy psicológica y abstracta. En ella, básicamente, Luke se enfrenta a sus miedos. Pero ya desde el mismo momento en que coge sus armas (muy explícito es Yoda en eso) Luke ha fracasado. Cuántos espectadores no habrán saltado en sus asientos al aparecer Vader en la caverna. Pero la secuencia está a cámara lenta, como si fuera una pesadilla. Luke comete el error de atacar, en lugar de solo defenderse. Cuando decapita a su enemigo, descubre que la cara detrás de la máscara es la suya propia. Acaba de descubrir, en su fracaso, que su mayor enemigo es él mismo, y que el miedo será el camino más rápido para ser derrotado, o aún peor: caer en el lado oscuro.

La secuencia de la nave es aún más hermosa, si cabe. Poco importa que veamos (fíjese bien el lector) los hilos que suspenden a las piedras que en teoría Luke levanta con la mente. Al ver que su nave se hunde completamente pierde toda concentración. Yoda le pide que trate de sacarla de ahí con sus poderes. Pero Luke, que desde el principio se muestra escéptico, es incapaz. El discurso de Yoda (subrayado por la preciosa música que incluyo arriba del todo) es maravilloso: oyéndolo realmente llegamos a creer que La Fuerza existe, y lo que es aún más alucinante, casi podemos sentirla. Yoda se pone a ello, y sin aparente esfuerzo, aunque dolido por el doble fracaso de su pupilo, saca la nave. Qué suerte ser niño para soñar sueños como estos.

Entre tanto, Han y su grupo se han visto obligados a abandonar su improvisado escondite porque con un disparo a los Mynocks (desagradables criaturas que chupan la energía de las naves) todo se mueve alrededor como si estuviera vivo. Después del hilarante diálogo entre C3po y Han (“Puede que este asteroide no sea del todo estable”, dice el droide, a lo que Han replica: “¿Que puede que no sea estable? ¿Qué haríamos sin tí?”) salen volando de ahí, para descubrir, estupefactos, que se hallaban en el interior de un enorme gusano intergaláctico. De modo que la flota imperial vuelve a darles caza y, a la desesperada, se lanzan al ataque, pero solo es una maniobra de despiste, que el hábil Han aprovecha para posarse sin ser visto sobre el destructor, y desaparecer de los scanners, proeza que le vale al oficial al mando su vida, pues Vader no parece dispuesto a dejar pasar un error a sus subordinados.

Conoceremos así a uno de los personajes más recordados de toda la saga, el implacable cazador de recompensas Boba Fett, que se olerá la jugada de Han y le seguirá hasta el puerto del sistema Bespin, más conocido como La Ciudad de las Nubes. Han acude allí con la esperanza de que un antiguo socio de correrías estelares, por nombre Lando Calrissian, interpretado por Billy Dee Williams, le eche un cable con los desperfectos de su nave. Ya nos olemos que todo va a salir mal cuando un par de naves les escoltan hasta su llegada, con muy malas pulgas. A continuación Lando (que parece una versión aún más cínica de Han) simula guardarle rencor por alguna mala pasada. Acaban de meterse en la boca del lobo, y la apariencia bucólica de la ciudad no hace sino ahondar en el pesimismo del espectador.

Predestinación y Destino

A medida que Luke avanza en su entrenamiento, sus sentidos van afinándose. De tal modo que consigue ver el futuro, aún involuntariamente. En ese futuro sus amigos sufren en una ciudad entre las nubes. Su decisión es la de caer en la trampa, es decir, ir a ayudarles. Algunas secuencias más tarde veremos de qué manera Vader tortura a Han, sin preguntarle absolutamente nada. No queda excesivamente claro que lo hace para provocar, precisamente, esa alteración en la fuerza que Luke percibe como un futuro terrible, pero poco importa. Ya estábamos avisados de la trampa cuando desintegraron al quejica de C3po

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Yoda y un aparecido Obi-Wan intentan convencer a Luke de que no caiga en la trampa, pues no está preparado para el enfrentamiento. También sabremos que en caso de fallar Luke, hay otro jedi del que todavía no hemos oído hablar, y que es realmente la última esperanza de terminar con la supremacía de Vader y el emperador. Es esta una de las líneas narrativas (de muchas) totalmente desaprovechadas en la tercer parte de esta primera trilogía.

La soberbia fotografía de Peter Suschitzky alcanza su cénit en el duelo entre Vader y Luke, que posee un hálito épico y siniestro irresistible. Destrozados como estamos después de ver cómo congelan en carbonita a Han (míticas las frases “te quiero”/“lo sé”) y se lo llevan a rendir cuentas con Jabba, apenas nos quedan fuerzas para asistir al duelo, pero no queda más remedio. Desde el principio, a pesar de los esfuerzos de Luke, queda claro que está muy por debajo aún de las habilidades de Vader. El largo duelo, lleno de sombras y reflejos rojizos y azules, es violentísimo, hasta terminar con Vader lanzando golpes como un verdadero poseso, y cortando la mano armada de Luke, que se pierde en el vacío.

Por supuesto, llega la terrible revelación: Vader no es que matara a su padre, sino que es su mismo padre, y le ofrece unirse para gobernar la galaxia. Luke se niega, claro, y se deja caer al abismo. La lectura más importante de todo esto, es la peripecia emocional de Luke, que de un paisaje helado en el que casi deja la vida, pasa a un pantano hediondo en el que se enfrenta a las sombras más terribles de su alma, y finalmente termina en un paisaje de ensueño en el que ha de arrojarse a un abismo. Es decir: completa un itinerario terrible que le despoja de toda esperanza. Ese es la gran enseñanza que le convertirá, en la tercera parte, en alguien capaz de enfrentarse de nuevo a sus enemigos, aunque, de nuevo, todo se vea bastante aguado en la conclusión.

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¿Será Leia la otra jedi? A fin de cuentas, escucha su súplica mental cuando Luke está a punto de morir, y acude a rescatarlo. No lo sabemos. Hubiera sido mejor que no lo hubiera sido y que un importante nuevo personaje viniera a animar una película con tan poca chispa como ‘El retorno del jedi’, sobre la que hablaremos en pocos días.

Conclusión

Soberbia película, dirigida con mano de hierro por Irvin Kershner, sobre un guión magistral. Con toda probabilidad, la más hermosa de todas las de la saga, que puso el listón altísimo, listón que no ha vuelto a ser igualado siquiera, ni de lejos. La mitología ‘Star Wars’ se veía confirmada con esta segunda película, y ahora no quedaba menos que terminar la trilogía con un título que concluyese la historia de Han, Luke, Leia y compañía. Para eso habría que esperar tres años. Mejor hubiera sido que no la hicieran.

Especial ‘La guerra de las gaxias’ en Blogdecine

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