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'La matanza de Texas', inolvidable pesadilla en la América profunda
Críticas

'La matanza de Texas', inolvidable pesadilla en la América profunda

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Uno podría esperar que fuese el propio cine americano el que mejor aprovechase el tirón de ‘Psicosis’ (Psycho), pero lo cierto es que hubo cierta indecisión que solamente aprovecharon títulos de bajo presupuesto, siendo William Castle el que más visión tuvo al respecto, en especial con su ‘Homicidio’ (Homicidal). Además, poco después surgió el cine gore, lo cual dio pie a infinidad de películas en las que parecía que el principal y casi único interés era mostrar una buena cantidad de escenas sangrientas.

Eso sí, el cine poco a poco fue interesándose más por la figura del asesino real, algo que terminó de dispararse tras los crímenes cometidos por Charles Manson y sus acólitos. A ello había que unir el creciente descontento con motivo de la guerra de Vietnam, algo que el cine de terror americano aprovechó para, entre otras cosas, utilizar a los psicópatas como representantes de esos monstruos ocultos en la América profunda que amenazaban la plácida existencia de los visitantes de la ciudad. El recientemente fallecido Tobe Hooper fue quien mejor supo reflejar eso con ‘La matanza de Texas’ (The Texas Chain Saw Massacre).

Los peligros rurales

Chavales Matanza

Justo es señalar que títulos como ‘Hielo sangriento’ (Blood and Lace), cuya secuencia inicial es un claro precedente del slasher, o ‘Cerdos’ (Pigs) ya habían incidido de una forma u otra en ese concepto, pero Tobe Hooper supo reflejarlo de una forma que no solamente sublimaba todas virtudes, sino que también creaba ciertas semillas de cara a lo locura por el slasher que tendría lugar poco después -también en 1974 se estrenaba 'Black Christmas', pero fue 'La noche de Halloween' la que lo cambió todo-.

Por lo pronto, el inicio de ‘La matanza de Texas’ subraya a la perfección ese intento de Hooper por buscar un tono lo más realista posible para que lo que está por venir surta un efecto mucho mayor sobre el espectador, de ahí que acto seguido se deleite en detalles un tanto truculentos para ir creando el clima propicio. Lo compras o lo dejas, pero lo único seguro es que ya te están preparando para lo que vendrá después.

Acto seguido, la película se centra en un grupo de amigos -todos ellos interpretados de forma muy eficaz y natural- viajando en una furgoneta en los que bien podríamos ver un intento por parte de Hooper de pervertir la inocencia de ‘Scooby Doo’, lo único que sustituyendo al chistoso perro creado apenas cinco años antes por un joven en silla de ruedas. Son varios minutos de tanteo en los que lo más importante es que se nos termina de dejar claro que están pasando cosas muy raras allí mediante un autoestopista chalado que nunca llega a caer en lo grotesco, un peligro con el que Hooper ha de lidiar desde el mismo momento en el que sube a la furgoneta.

Asfixiante y enfermiza

Imagen Matanza

Durante esos primeros minutos brilla el acabado visual de la película, donde resulta vital el trabajo en la dirección de fotografía de Daniel Pearl -no es casualidad que contasen también con sus servicios para el estupendo remake que se hizo casi treinta años más tarde-, para crear una atmósfera sucia que prepara al espectador para el inminente comienzo de la matanza del título y que encima irá enrareciéndose aún más hasta alcanzar su punto álgido durante la que seguramente sea la cena más enfermiza de la historia del cine.

Sin embargo, Hooper no tiene tanto interés en la carnicería como en los sentimientos que produce la misma, de ahí que la primera aparición de Cara de Cuero sea tan repentina, ya que tanto la primera víctima como el espectador hemos tropezado con un monstruo -no creo que sea casualidad que las dos primeras "bajas" descubren todo tras un inoportuno tropiezo- casi desprovisto de toda humanidad que lo único que entiende es el lenguaje de la violencia. Por ello, Hooper puede permitirse el lujo de abrir el plano para que no solo veamos cómo despacha a una de sus víctimas, sino también a otra que está agonizando en paralelo.

Tampoco me quiero olvidar del esfuerzo de Robert Burns para decorar la morada del mal, algo sobre lo que Hooper no tiene ningún problema en volver a llamar la atención, incluso llegando a excederse un poco en ello en algún momento. No llega en ningún momento al regodeo, pero seguramente sea lo único que me llamó la atención de forma negativa durante mi último revisionado. Lo curioso es que luego opta por una forma más sencilla a la hora de dejar claro los peculiares gustos culinarios de algunos personajes…

’La matanza de Texas’ y Cara de Cuero

Cara Cuero

Puedo decir sin miedo a equivocarme que Cara de Cuero es el primer gran asesino enmascarado de la historia del cine, ya que su máscara no es un mero recurso para ocultar su identidad al espectador. El problema es que aún pasarían varios años hasta que eso sucediera -y para entonces ya habían llegado otros como Michael Myers o Jason Voorhees-, del mismo modo que sería más tarde cuando su motosierra realmente se convertiría en su arma más característica, ya que aquí únicamente acaba con un personaje con ella.

Donde sí que no podemos ponerle pega alguna es en la forma de representar todo el mal que surge en un lugar abandonado a su suerte, ya que Cara de Cuero y su familia no dejan de ser el resultado de la voracidad del capitalismo, algo que el guión de Kim Henkel y el propio Hooper subraya en un par de ocasiones de forma acertada. Una forma muy acertada por su parte para concretar los demonios de Estados Unidos por aquel entonces con un estilo implacable pero honesto.

En definitiva, ‘La matanza de Texas’ es una de las mejores películas de terror que he visto, ya que recoge la tendencia en alza por aquel entonces y la exprime al máximo para ofrecernos un título prácticamente redondo que aún hoy mantiene toda su fuerza. Además, incluye varios detalles propios del slasher -tampoco me olvido de que el personaje de Marilyn Burns se aproxima mucho a lo que luego se entendería como final girl-, aunque sería otro título de ese mismo año el que haría más en esa dirección, pero de eso ya hablaremos otro día.

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