La nueva 'Mi querida señorita' de Netflix actualiza el discurso y demuestra que quizá no hemos avanzado tanto como creemos en materia LGTBIQ+

La nueva 'Mi querida señorita' de Netflix actualiza el discurso y demuestra que quizá no hemos avanzado tanto como creemos en materia LGTBIQ+

Más de 50 años después, seguimos reivindicando lo mismo

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'Mi querida señorita'
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Belén Prieto

Editora

A veces da la sensación de que hemos avanzado muchísimo cuando hablamos de representación LGTBIQ+ en el cine y la televisión. Y sí, es cierto que el lenguaje ha cambiado, hay más visibilidad y muchas historias que antes eran imposibles de contar hoy ocupan el centro de plataformas como Netflix. 

Pero viendo la nueva versión de 'Mi querida señorita' resulta inevitable pensar que, en el fondo, seguimos teniendo las mismas conversaciones pendientes. Porque aunque esta reinterpretación de la película de Jaime de Armiñán actualiza términos, discursos y contexto histórico, también deja claro que la intersexualidad sigue siendo un tema rodeado de desconocimiento, tabú y silencios incómodos.

La nueva versión de un clásico

La 'Mi querida señorita' original ya fue revolucionaria en 1972, en pleno franquismo, atreviéndose a hablar de identidad cuando hacerlo era impensable. Y quizá lo más llamativo de esta nueva adaptación sea precisamente comprobar que más de cincuenta años después todavía hace falta explicar muchas cosas que deberían haberse entendido hace tiempo.

La original no solo fue una de las películas españolas más importantes de los años 70, sino también una rareza absoluta para su época. Dirigida por Jaime de Armiñán y coescrita junto a José Luis Borau, consiguió incluso una nominación al Oscar a Mejor Película Internacional hablando de identidad sexual en pleno tardofranquismo.

La nueva versión, escrita por Alana S. Portero y dirigida por Fernando González Molina, traslada la acción a finales de los 90 y convierte la intersexualidad en el centro explícito del relato. Lo que antes debía insinuarse, ahora se verbaliza constantemente: diagnósticos médicos, emociones, identidad y discriminación aparecen explicados de forma directa y didáctica.

La película tiene claro que quiere visibilizar y reivindicar, pero a veces cae en diálogos demasiado explicativos y poco naturales. Hay momentos donde parece más preocupada por dejar claro su discurso que por construir escenas realmente orgánicas. Aun así, también refleja una realidad incómoda: todavía hay muchísima gente que sigue sin entender qué significa ser una persona intersexual.

'Mi querida señorita'

Elisabeth Martínez, actriz intersexual y debutante, interpreta a Adela en un casting coherente con el mensaje de la historia. Aunque en algunos momentos se nota la falta de experiencia interpretativa, funciona especialmente bien en las escenas más íntimas y vulnerables. Y alrededor tiene actores muy sólidos como Anna Castillo o Paco León, que aportan mucha naturalidad al relato.

A diferencia de otras historias sobre identidad marcadas por el sufrimiento constante, 'Mi querida señorita' intenta construir un relato amable sobre el autodescubrimiento y la libertad. Hay dolor, sí, pero también ternura, deseo de comprender y una mirada muy humana hacia personajes que durante décadas quedaron relegados a los márgenes.

La película no alcanza el impacto ni la sutileza de la original, pero sí deja una sensación bastante reveladora: que la sociedad no ha cambiado tanto como nos gusta pensar cuando se trata de inclusión real y comprensión hacia ciertas partes del colectivo LGTBIQ+. Han cambiado las palabras y la forma de contarlo, pero todavía sigue siendo necesario explicar, justificar y reivindicar identidades que deberían poder existir sin convertirse siempre en debate.

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