Sitges 2021 | 'Limbo' y 'The Innocents' nos brindan dos pequeñas maravillas cocinadas a fuego lento
Críticas

Sitges 2021 | 'Limbo' y 'The Innocents' nos brindan dos pequeñas maravillas cocinadas a fuego lento

Uno de los principales reclamos de los festivales de cine en general, y de Sitges en particular, radica en la posibilidad de descubrir en pantalla grande pequeñas joyas con muy pocas papeletas para terminar llegando al circuito comercial. En sumergirse a ciegas en productos internacionales de cineastas emergentes o poco cultivados en nuestro país con tan sólo un par de referencias y muchas ganas de dejarse sorprender.

Por el momento, en esta edición 2021 estoy teniendo toda la suerte del mundo con estos experimentos, y he podido disfrutar de un puñado de títulos que han acabado convirtiéndose en pequeñas obsesiones; de esas que se quedan clavadas en la mente y se niegan a abandonarte a pesar de la vorágine de largometrajes que atraviesan tus retinas en los diez días que dura en certamen. A continuación, os voy a hablar de dos de mis favoritas: las soberbias 'Limbo' y 'The Innocents'.

'Limbo'

El pasado 2015, Soi Cheang se pasó por el Festival de Sitges con el descomunal thriller de artes marciales 'El despertar de los dragones (SPL2)', cuyo cóctel de drama y ensaladas de tortas de primerísimo nivel al ritmo de Vivaldi me dejó llorando a lágrima viva fruto de la impresión. Seis años después, el cineasta macaense ha regresado a la costa catalana con un cambio de registro radical, aunque manteniendo intacto su poderío narrativo con 'Limbo'.

Abrazando la esencia del policiaco hongkonés más puro, 'Limbo' brinda un dilatado y asfixiante ejercicio en clave neo-noir que nos atrapa en una ciudad casi distópica edificada sobre toneladas de basura, lodo, asfalto, metal y vidrio, para acompañar a una pareja de detectives totalmente antagónicos que tratan dar caza a un asesino en serie implacable y retorcido.

Partiendo de esta base, Cheang, arropado por un diseño de producción deslumbrante y por la igualmente extraordinaria dirección de fotografía monocroma de Cheng Siu-Keung, articula un relato sobre la podredumbre moral y urbana cocinado a un fuego lentísimo que podría resultar exasperante a los menos pacientes pese a los golpes de adrenalina que sacuden esporádicamente el metraje.

Eso sí; quienes entren en el juego del cineasta, conecten con sus personajes y abracen sin cortapisas la propuesta, aterrizarán en uno de los terceros actos más brutales, espectaculares e intensos que se han podido ver en una larga temporada en el festival. Y es que 'Limbo' termina compensando con creces todo lo que exige al respetable. Magnífica.

'The Innocents'

Aunque se encuentren en polos opuestos en lo que a tono, género y estilo respecta, 'Limbo' y 'The Innocents', el nuevo largometraje de Eskil Vogt tras su sorprendente debut 'Blind', comparten ese gusto por la narrativa slow burn que les convierte en dos filmes de difícil digestión; una cadencia lenta y en constante crescendo que, en el caso que nos ocupa, va un paso más allá al alinearse con los tropos asociados al cine escandinavo.

Aunque el modo más idóneo de catalogar 'The Innocents' sea bajo la etiqueta del coming-of-age de manual con ecos a la bibliografía de Stephen King, esta película noruega encierra mucho más bajo su gélida y austera —y, aún así, cautivadora y soberbia— superficie formal; colindando los terrenos del thriller psicológico, del —a su manera— cine de superhéroes y del terror con niños espeluznantes de por medio que no teme a homenajear directamente a 'El pueblo de los malditos' de John Carpenter.

Este batiburrillo imposible de ingredientes es manejado con una solvencia envidiable por Vogt, que extiende el metraje hasta alcanzar las dos horas en una fascinante clase magistral de construcción de mundos y gestión de atmósferas en la que se retrata la infancia con una crudeza y una veracidad que no entienden de subgéneros.

Es muy posible que, al igual que ocurre con 'Limbo', 'The Innocents' eche a patadas al sector del patio de butacas mas impaciente y menos tolerante con la crueldad en pantalla —que alcanza unos límites casi intolerables en algunos pasajes—; pero quienes sepan hacerlo, descubrirán una pequeña maravilla que, probablemente, terminará rascando algún que otro premio en el palmarés de este año —si es que existe la justicia en este mundo—. Un viaje impagable.

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