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‘Terminator: Destino oscuro' quiere repetir la fórmula de ‘El juicio final’, pero falta el genio de James Cameron
Críticas

‘Terminator: Destino oscuro' quiere repetir la fórmula de ‘El juicio final’, pero falta el genio de James Cameron

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Durante una de las escenas de 'Terminator: Destino oscuro', el T-800 de Arnold Schwarzenegger se planta frente a un espejo, vestido con su icónica chupa de cuero, mientras duda si ponerse o no las gafas de sol que se asocian al personaje, optando finalmente por no hacerlo. Esto, más allá de suponer la enésima representación de la nostalgia mal entendida de la película, dice mucho de su naturaleza y del lugar que ocupa dentro de la saga.

Porque, aunque se haya promocionado como la primera secuela directa de esa catedral del cine de acción titulada 'Terminator 2' y haga ademanes puntuales por desmarcarse de ella, lo nuevo de Tim Miller tras su debut con 'Deadpool' no deja de ser una suerte de remake encubierto del clásico de James Cameron, con todas sus señas de identidad, pero sin un ápice del genio que lo hizo trascender.

Mackenzie Davis y todo lo demás

'Destino oscuro' vuelve a poner en la palestra esa lacra para la industria contemporánea que es priorizar la búsqueda de la repetición y la referencia, apelando a la añoranza del respetable por largometrajes de hace varias décadas, por encima de dar un tratamiento narrativo sólido y hasta cierto punto original —tampoco hay que pedir peras al olmo— a este tipo de producciones.

En el caso que nos ocupa, el guionista David S. Goyer, impulsado por lo prefabricado de la propuesta, arranca el relato con una secuencia que roza lo absurdo y que sirve de vago nexo de unión con el filme de 1991, incluida con calzador con el único motivo de justificar la apolillada presencia de Sarah Connor y del personaje principal de la saga.

Estos esfuerzos por aportar cohesión a la línea temporal de la "trilogía" bien podrían haber sido aprovechados para pulir la cargante estructura narrativa de 'Destino oscuro', que convierte lo que debería ser un espectáculo sin frenos de un par de horas en un repetitivo calvario en el que se sucede incansable el mismo esquema: conversación, batalla, huída del villano —que no deja de ser una imitación de saldo del T-1000 de Robert Patrick— y vuelta a empezar.

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Igualmente deslavazado se antoja el tono de la cinta, demasiado blanco para la supuesta calificación "R" que ostenta orgullosa, y que intercala solemnidad y destellos de ese humor macarra propio de sus personajes femeninos más fuertes —canalizado a golpe de one-liners y frases lapidarias— con una comedia bobalicona tan negativamente sorprendente como la absurda reinvención del Terminator que la lleva por bandera.

La dirección de Miller tampoco ayuda en exceso a que 'Destino oscuro' despunte por encima de secuelas como 'Salvation' o una 'Génesis' que, pese a decepcionante, logra diferenciarse con un mínimo de riesgo en su apuesta. No cuesta perdonar la anodina puesta en escena de los momentos más calmados y entregados a la conversación, pero cuando el grueso de escenas de acción se muestra genérico y algo caótico en su desarrollo y realización, las sensaciones son muy diferentes.

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Afortunadamente, la película se las apaña para aprovechar su acertado diseño de producción, haciendo relucir su ambientación fronteriza entre México y Estados Unidos y regalando alguna set-piece particularmente inspirada. Si a esto le sumamos a una fantástica e imponente Mackenzie Davis que borda su papel de heroína, el amargor general logra disiparse hasta hacer el conjunto mínimamente digerible.

A juzgar por lo visto en esta 'Terminator: Destino oscuro' y tras cinco continuaciones, lo mejor que podría pasar es que en un futuro, a ser posible no muy lejano, una inteligencia artificial diseñase una máquina perfecta que viajase al pasado y evitase que los ejecutivos de Hollywood continuasen adelante con la idea de explotar la franquicia más allá de 'La rebelión de las máquinas'.

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