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'The Angriest Man in Brooklyn', Robin Williams

'The Angriest Man in Brooklyn', Robin Williams
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‘The Angriest Man in Brooklyn’ es una de las últimas protagonizadas por Robin Williams, quien recientemente nos hizo su broma más pesada, y que guarda curiosas coincidencias con lo que debieron ser sus últimos días en la vida, dado que interpreta a un hombre deprimido, siempre enfadado, de mala cara con todo el mundo, al que le diagnostican que morirá pronto, utilizando el tiempo que le queda para hacer cosas buenas y dejar su impronta en la memoria de los vivos. Se trata de un remake de un film israelí poco, o nada, conocido por estos lares, ‘Mar Baum’ (Assi Dayan, 1997).

También es el retorno a la dirección de Phil Alden Robinson tras doce años sin sentarse en la silla de director, concretamente desde la muy olvidable ‘Pánico nuclear’ (‘The Sum of All Fears’, 2002). El director que aspiró a cosas mucho mejores tras el éxito de la bonita ‘Campo de sueños’ (‘Fields of Dreams’, 1989) parece haber perdido su mano, o estilo, si es que alguna vez lo tuvo. En la presente llega a unos niveles tan vergonzosos que uno se pregunta qué narices hace un reparto tan espectacular en una película tan pobre.

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Robin Williams da vida a Henry Altman, hombre felizmente casado en 1989 que, veinticinco años después, parece estar enfadado con el universo entero, hasta que en su cita con el médico es atendido por un médico suplente —Mila Kunis, que también es productora del evento, demostrando un ojo clínico de aúpa—, quien no tiene un buen día y no soporta la actitud grosera de Henry, por lo que en un arrebato le comunica que le quedan tan sólo 90 minutos de vida. Henry se desespera y se las ingeniará para poner en orden las cosas de su vida en tiempo récord.

Desperdicio absoluto

La premisa puede tener su punto de locura para una buena comedia en la que jugar a ponerse en el lugar del personaje central. ¿Qué haríamos si supiéramos que nos quedan tan sólo noventa minutos en este mundo? Las posibilidades son infinitas y, al mismo tiempo, prácticamente escasas. En la película la cosa camina muy peligrosamente entre el drama y la comedia, en la que se ve que Alden Robinson ha perdido hasta práctica, puesto que menos de hora y media y ni siquiera se sabe bien el tono del film. Por momentos da la sensación de que lo único que quiere es reírse de la situación, tomarse las cosas con el mejor humor posible. Por otro parece un drama aleccionador y moralista.

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El personaje central es realmente odioso y Robin Williams presta toda su galería de tics para hacerlo aún más odioso. Lo que realmente impresiona es ver al actor metido en un personaje deprimido y que opta por una decisión que el actor tomó en vida, detalle al margen de las cualidades cinematográficas del film, pero inevitable el pensar en ello. Mila Kunis a su lado intenta destacar como actriz dramática, dando vida a un personaje a todas luces increíble, imposible, y quien realmente destaca en la función es Melissa Leo, capaz de dotar de personalidad a cualquier tipo de personaje, por débil que éste sea.

No hay un solo chiste que haga gracia, y se alcanza un nivel vergonzoso en ciertos momentos, como el de la tienda de cámaras atendida por un James Earl Jones tartamudo, chiste alargado hasta la náusea, al igual que el mensaje del film sobre los valores familiares, resolviendo de puntillas la relación entre padre e hijo separados por la típica diferencia de intereses. Tanto flashback filmado cámara en mano, tanta música bonita, tanto dolor aparente para resolverlo de una patada. El “enfadado” del título original se traspasa aquí al espectador, que es como uno se queda después de ver una oportunidad perdida de hacer algo clásico y bueno.

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