Si hubiera un premio para el país con ideas de parques temáticos más raras, probablemente habría que dárselo a Japón. Los nipones están a la vanguardia con propuestas como la de Universal y su mundo de Nintendo o el muy querido Tokyo DisneySea, pero también tienen un parque infantil dedicado a la piña y otro a España, con recreaciones de la Cibeles y una estatua del Quijote. Claro que esta creatividad a la hora de innovar no implica que las cosas le salgan siempre bien.
Inaugurado en 1973 en la pequeña ciudad de Nikko, Western Village se coló en sus alrededores como pintoresca curiosidad de ambientación occidental dentro en una zona de importancia religiosa por sus templos. La idea era crear un parque que fuera el vivo retrato de las películas del oeste americanas. Con recreaciones de salones, pueblos arenosos y atracciones apropiadas. A eso le acompañaban sus propias mascotas, que alternaban entre osos gigantes de peluche vestidos para hacer picnic o un robot animatrónico de John Wayne.
Hace más de dos décadas que este ya no es un lugar de ocio. Sus atracciones se han parado, sus estancias están derruidas y sus animatrónicos se postran solitarios sin nadie que los salude a diario. En 2018 el fotógrafo Romain Veillon le decía a CNN que la experiencia de estar allí era inquietante y le recordaba a la serie de 'Wesworld'. "Es surrealista ver todos esos robots en todas partes, tienes la impresión de estar en el set de una película de ciencia ficción!"
Es un final desafortunado para un proyecto en el que Japón invirtió mucho. La inversión inicial fue de tres millones de yenes, alrededor de 16.000 euros o 10 millones de pesetas de aquella época, gastados en un parque que inicialmente gustó pero se topó con dos grandes problemas. En los ochenta llegó Tokyo Disneyland, un competidor duro que, por cercanía y relevancia, le comió la tostada rápidamente a esta propuesta más de nicho. La recesión japonesa en los noventa no ayudó, como tampoco lo hizo el dispendio de 26 millones de dólares en una réplica a tamaño real del monte Rushmore con las caras de los presidentes. Impresionante, pero no suficiente para seducir a un público que se quejaba de la falta de cambios en las atracciones.
Western Village puede haber sido olvidado como parque temático, pero como "Haikyo" (jerga japonesa para estos lugares ruinosos de interés) es uno de los más emblemáticos del país. Exploradores urbanos lo visitan con frecuencia, y es tan popular que a menudo se topan con otros aventureros que ya están allí de visita. No es el único parque abandonado emblemático de Japón. Nara Dreamland intentó infructuosamente ser un Disneyland japonés y acabó derruido en 2016. Al contrario que aquel, Western Village aún puede visitarse.
Imágenes: caminodeida-enviaje (Youtube), Exploring With Josh (Youtube)
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