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Alienígenas que nos invaden, Sci-Fi de poca monta

Alienígenas que nos invaden, Sci-Fi de poca monta
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La Sci-Fi ha sido siempre un género muy del gusto popular, la idea de imaginar cosas más allá de las posibilidades actuales del ser humano como especie ha tenidos durante décadas soñando al espectador. Uno de los tópicos o clichés de este género es el de las visitas alienígenas a nuestro planeta, casi siempre con actitud amenazadora. Grandes clásicos como 'La invasión de los ladrones de cuerpos' ('The Invasion of the Body Snatchers', Don Siegel, 1956), 'Ultimátum a la tierra' ('The Day the Earth Stood Still', Robert Wise, 1951) o 'E.T.' (Steven Spielberg, 1982) permanecen en la memoria del cinéfilo como tres muestras del tema desde ópticas muy distintas. Lamentablemente no todo es como en esas tres joyas, y tanto ahora como hace años, se ha jugado con el género de forma muy poco original, en ocasiones demasiado atrevida, y siempre cayendo en ridículos insultantes.

'The Brain from Planet Arous' (Nathan Juran, 1957), 'The 27th Day' (William Asher, 1957) y 'Ultimátum a la tierra' ('The Day the Earth Stood Still', Scott Derrickson, 2008) son tres ejemplos muy claros de mala ciencia ficción. Las dos primeras son productos de serie B, de pocas pretensiones pero argumentos delirantes y realizadas en un momento álgido de la Guerra Fría. La tercera es el remake del famoso film de Wise, una producción de gran presupuesto llena de efectos visuales que cae en el ridículo por no tratar con seriedad y respeto un género al que parece ahora le están cogiendo algo de aprecio en la Academia de Hollywood con las nominaciones de 'Avatar' y 'District 9' a mejor película.

El cerebro que quería dominar el mundo

Nathan Juran había empezado en el cine trabajando como director artístico para directores de la talla de John Ford, en '¡Qué verde era mi valle' ('How Green Was my Valley', 1941) —por la que ganó un merecido Oscar—, Anthony Mann, en 'Winchester 73' (1950) o Edmund Goulding, en 'El filo de la navaja' ('The Razor´s Edge', 1946). A principios de lo años 50 se pasó a la dirección, especializándose en westerns, thrillers, Sci-Fi y fantasía, dejando en estos dos últimos géneros alguna película simpática como 'La gran sorpresa' ('First Men in the Moon', 1964) y alguna joya como la muy imaginativa 'Simbad y la princesa' ('The 7th Voyage of Sinbad', 1958). 'The Brain from Planet Arous' fue realizada por Juran en 1957 firmándola con su primer apellido Herz, y en ella no se ve absolutamente nada del nivel de inspiración que muy pocas veces alcanzó.

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El argumento es simple y llanamente delirante: un cerebro del tamaño de una calabaza gigante decide invadir la tierra el solito, mientras otro trata de darle caza para que no cometa más crímenes. Para ello invade la mente de uno de los científicos más famosos del lugar y así poder dar una muestra de su inmenso poder —puede provocar explosiones mucho mayores que las de una bomba atómica— doblegando así al ser humano a su voluntad. En plena caza de brujas de la era McCarthy, el temor más grande era tener al enemigo en casa, y al igual que en la famosa cinta de Siegel antes mencionada, la sustitución de la personalidad era el principio del fin del ser humano.

Juran narra todo con un ritmo torpe, a veces muy acelerado, dejando todo el peso de la función únicamente en dos cosas; por un lado la histriónica interpretación de John Agar, actor muy familiarizado con el género de la Sci-Fi en lo años 50 —desde 'Tarántula' de Jack Arnold hasta 'Attack of the Puppet People' de Bert I. Gordon—; y por otro, un enorme cerebro que es el delirio en efectos visuales, una gran masa sujeta por cables bien visibles que harían las delicias del peor Ed Wood. Evidentemente la película provoca risa y carece del mínimo encanto que adquieren este tipo de producciones con el paso del tiempo.

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Poniendo a prueba al ser humano

'The 27th Day' fue realizada el mismo año que 'The Brain from Planet Arous', y dirigida por William Asher, realizador casi siempre ligado al mundo de la televisión. En ella se seguía la moda impuesta por films como 'Ultimátum a la tierra', versión 1951, en la que la invasión alienígena se produce para lanzar un mensaje al ser humano y que éste recapacite sobre su comportamiento tanto con sus semejantes como con el planeta Tierra. En este caso abducen a varias personas de distintas nacionalidades a las que los visitantes cargan con una gran responsabilidad: unas cápsulas que podrán ser utilizadas en cualquier coordenada del planeta para eliminar vida humana, con la peculiaridad de que dichas cápsulas caducan en 27 días.

En 'The 27th Day' se nota más claramente la época en la que fue filmada, pues los malos de la función son los rusos, tratados como auténticos animales que no merecen vivir en nuestro planeta. El sorprendente final —que hace ser al film un poco mejor que el anterior, pero sólo un poco— pone de relieve la enemistad que había entre americanos y rusos en aquellos años, dejando a los segundos como la mismísima esencia del mal. Evidentemente visto con la perspectiva que concede el paso del tiempo, esto produce más risa que otra cosa.

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El sosainas de Gene Barry —de aquella muy de moda con films como 'La guerra de los mundos' ('The War of the Worlds', Byron Haskin, 1953) o '40 pistolas' ('Forty Guns', Sam Fuller, 1957)— encabeza un reparto no precisamente en estado de gracia. De la inexpresividad de Barry pasamos al histrionismo de Stefan Schnabel, actor alemán que da vida al dirigente ruso más malo que el hambre. La labor de Asher no ayuda demasiado con una puesta en escena totalmente rudimentaria y falta de personalidad. Sólo la mencionada sorpresa final argumental, por original y arriesgada —aunque no tuvieran el valor de desarrollarla— salva a la película de ser un completo bodrio.

Un remake mal entendido

Pero las malas películas de Sci-Fi no se reducen sólo a films baratos, muchos de ellos desconocidos, no. También en las grandes producciones, sobre todo en las grandes producciones, se mete la pata hasta el fondo. Tal vez piensan que un gran presupuesto que permite vestir al film con una ensalada de efectos visuales llega para despistar al espectador. Es el caso de 'Ultimátum a la tierra', versión 2008, en la que se reescribe a la época actual lo narrado en el gran clásico de Robert Wise. Lo cierto es que el film de 1951 es muy bueno, pero algunos de sus elementos podrían haberse mejorado en la actualidad sin ningún problema, por ejemplo, sus efectos visuales. La versión actual goza de unos estupendos efectos visuales, pero lo curioso del asunto es que éstos carecen de fuerza por la desfachatez de la propuesta, su mal desarrollo y su peor desenlace.

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En el film de Derrickson un extraterrestre llega a la Tierra para lanzarnos un ultimátum, como nos hemos portado muy mal con nuestro hogar van a exterminarnos pues no tenemos salvación como especie, y el inicio del film no está mal, creando incluso cierto suspense sobre la figura del alien. Pero ahí se acaba absolutamente todo, Derrickson no es capaz de sostener el interés ni un minuto más y todo se desmorona de forma harto previsible, aburrida y alcanzando niveles de una ridiculez increíble. Baste la observación final del extraterrestre, cuya decisión de salvarnos en el último momento viene dado por una estupidez muy gorda en el argumento —si llevan tiempo observándonos, ¿me voy a creer que nunca han visto amor entre nosotros?—, que tira por tierra la seriedad del tema por muy trascendentes que se pongan.

Ni siquiera los ojazos de Jennifer Connelly llegan para salvar la función, pues a la actriz se le nota totalmente perdida con un personaje sin ninguna posibilidad. A su lado, llama la atención el hecho de ver a Keanu Reeves en un papel que todos pensábamos le quedaría como anillo al dedo, pero no, el actor es tan rematadamente malo que ni siquiera sabe ser inexpresivo, algo que Michael Rennie hacía a la perfección el film original. Y como tercero en discordia, Jaden Smith, que va camino de convertirse en uno de los actores infantiles más insoportables de toda la historia del cine. Muchas caras conocidas, a las que hay que añadir la de Kathy Bates, y muchos efectos visuales de poderosa sensación déja vú, uno ya está harto de ver el fin de la humanidad en aparatosas, que no espectaculares, escenas en las que vemos ciudades enteras destruyéndose. Sólo faltaba una ola gigantesca.

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