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Ciencia-ficción: 'Asalto a la Tierra' de Koji Shima

Ciencia-ficción: 'Asalto a la Tierra' de Koji Shima
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Seguimos en los entrañables años 50 dentro del ciclo de ciencia-ficción y esta vez cambiamos de país. De los Estados Unidos nos vamos a Japón, un país que estaba reconstruyéndose tras la Segunda Guerra Mundial, y mientras los yanquis temían el comunismo en el herido país oriental la sombra de la bomba atómica se alargaba a mostrar dicho miedo en el séptimo arte. 'Asalto a la Tierra' ('Uchûjin Tôkyô ni arawaru', Koji Shima, 1956) es un claro ejemplo de ello; se trata de una de las primeras películas de ciencia-ficción en suelo nipón, y que mezcla invasión extraterrestre y catástrofe natural con una desvergüenza que hasta su visionado puede resultar simpático, siempre y cuando se aplique la necesaria perspectiva.

En cualquier caso, lo sorprendente de un film como el que nos ocupa es su enorme parecido con producciones estadounidenses de la época. De hecho, el film sigue la estructura típica de cualquier film yanqui del género, desde el lugar de la invasión, hasta las intenciones de los extraterrestres pasando por el tipo de personajes. Con todo 'Asalto a la Tierra' parece como más ambiciosa que sus modelos a seguir con la excepción de 'Cuando los mundos chocan' ('When Worlds Collide', Rudolph Maté, 1951), que proponía de forma muy loca la búsqueda de otro planeta para vivir debido a una inevitable colisión de nuestro planeta con otro.

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La película está dividida en dos partes bien diferenciadas, y que por momentos da la sensación de que nos encontramos ante dos films completamente diferentes. Por un lado tenemos toda la trama de la invasión alienígena, o eso pensamos hasta que descubrimos las verdaderas intenciones de los alienígenas. Cierto suspense marca el tono de esa primera parte, ambientada en un pequeño pueblecito, como mandan los cánones del género, donde no faltan la figura del astrónomo, que verterá diferentes teorías al respecto, y cómo no, el periodista que podría tener la noticia de su vida. Todo ello narrado con cierto ritmo e interés hasta que se comete un terrible error: mostrar el aspecto de los visitantes.

En la tercera imagen se ve claramente a lo que me refiero. Ese aspecto de estrella gigante con un ojo en medio debió causar auténtica risa en su momento, no sólo en la actualidad más acostumbrados a bichos digitales. Pero por si fuera poco un aspecto que resta seriedad al conjunto, la conversación mantenida entre ellos al respecto de sus intenciones es una de las más inocentes, y casi infantiles, vistas en una película. Mientras no podemos creernos lo que estamos viendo —hay que poner muchísimo de nuestra parte para no estallar en carcajadas—, lo que oímos termina de cerrar el círculo del delirio. Una charla acerca de la belleza humana seguida de la necesidad de comunicar a los humanos el peligro de la bomba atómica, y ¿quiénes mejor que los japoneses para hacerlo debido a su reciente experiencia?

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No faltan en esa secuencia elementos dignos de elogio, sobre todo por su diseño. Llama poderosamente la atención las dos figuras circulares que giran una sobre la otra, y que suponen un clarísimo precedente de algo similar visto en 'Superman' (id, Richard Donner, 1978). En cualquier caso, y debido a la decisión de los extraterrestres de que uno de ellos tome apariencia humana —una de las máximas del género en aquellos años— para advertirles, podrían haber prescindido del risible aspecto de los mismos, algo que juega completamente en contra de un film que se supone muy serio y de repente la comedia involuntaria hace acto de presencia. Pero el desconcierto continuará.

Si el primer tramo versa sobre una invasión alienígena que luego resulta ser pacífica —los ecos de cierto film de Robert Wise de 1951 son más que evidentes—, el resto de la película es "una de catástrofes" en toda regla. Los alienígenas desaparecen de la función sólo porque sí, y el espectáculo está en observar cómo los humanos idean el construir una nave que vaya con una bomba atómica al meteorito que se acerca sin piedad hacia nuestro planeta. ¿Os suena de algo? A mí de cierto trabajito de un tal Michael Bay —una vez más descubrimos que en el cine se ha contado prácticamente todo con anterioridad—, pero con y sin comparaciones, que siempre van a existir por razones obvias, este tramo resulta de lo más efectivo gracias a su muy conseguida atmósfera de pánico humano. Destaca sobre todas las cosas la impecable fotografía de Kimio Watanabe, tanto en interiores como en los estupendos escenarios naturales.

Una rareza con todas las de la ley.

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