La Semana Santa debería ser también época de ver películas de samuráis. Akira Kurosawa nos dio una sesión doble perfecta donde se replanteó de maravilla a sí mismo

La Semana Santa debería ser también época de ver películas de samuráis. Akira Kurosawa nos dio una sesión doble perfecta donde se replanteó de maravilla a sí mismo

El maestro del género da lecciones de épica que han sido importantes para el cine occidental

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Yojimbo 1961 Akira Kurosawa
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Pedro Gallego

Editor

La Semana Santa se ha vuelto para muchos espectadores sinónimo de ver cine épico de carácter bíblico, pero un espectáculo grande además de occidental. Sin desmerecer a algunos clásicos que realmente son alucinantes de ver, da igual la fecha, nos hemos acostumbrado a rellenar nuestras amplias cantidades de tiempo estos días con las mismas opciones.

Claro, hay otros tipos de cine religioso (y subversiones de la religión) que son pertinentes para ver estos días, pero si tenemos cuatro horas para ver ‘Ben-Hur’ también podemos tener cuatro horas para otro tipo de espectáculos épicos y largos. El cine de samurái clásico se presta mucho a esto, especialmente el de Akira Kurosawa, y es prácticamente imposible fallar. Pero hoy escogemos por vosotros con la asombrosa sesión doble que conforman ‘Yojimbo’ y ‘Sanjuro’.

La caída del samurái noble

Dos impresionantes películas donde el legendario Toshirô Mifune vuelve a ponerse a servicio de su gran colaborador para interpretar a un mismo samurái (o próximo a ser el mismo), haciendo una particular saga que Kurosawa emplea para replantear todo lo magistral que ya había logrado en otras cintas de género. Entre las dos tenemos cuatro horas de cine de acción diferente y especial, disfrutables ambas en streaming (ver ‘Yojimbo’ en Fimin y en acontra+, y ‘Sanjuro’ también en Fimin y en acontra+).

En la primera, tras la caída de la dinastía feudal Tokugawa durante el siglo XIX, un solitario samurái sin nombre se encuentra sin trabajo, así que busca la manera de crearse uno. Llega a un poblado donde hay dos bandas de mercenarios peleando por el territorio, y este hombre desconocido pero con habilidad innegable encuentra la manera para que ambos le contraten como guardaespaldas.

Un ejercicio de pillaría con el que Kurosawa trata de desmitificar un poco la figura que había a contribuido en parte a volver heroica, empleando además para ello trazas de historia occidental para ello. Adaptando ‘Cosecha roja’ de Dashiell Hammett, y tomando detalles de cineastas de western como John Ford, crea un complejo y estimulante relato que muestra su maestría para incorporar relato occidental a su cine. El resultado es tan encomiable que hasta el propio western le empleó de inspiración (cuando no directamente copia) cuando llegó la etapa spaguetti.

Katanas y abrazar el humor

Sanjuro 1962 Akira Kurosawa

Ya en ‘Sanjuro’ el anónimo samurái de Mifune actúa directamente asesorando a un grupo de hermanos muy idénticos que quieren acabar con el caos y la barbarie empleando las nobles artes de los guerreros. Su habilidad de coordinación se equipara a su torpeza, que divierte a este experimentado luchador al que ya sólo le queda abrazar el cinismo.

Kurasawa emplea ya más abiertamente códigos de comedia para terminar su gran ejercicio para desmitificar los samuráis, anteriormente hombres leales y nobles que tienen que salvarse como puedan tras perder a sus jefes y su estabilidad laboral. Todas gozan de su increíble sentido para la puesta en escena y la narración, pero subvierten lo tradicional de una manera que fue increíblemente abrazada, volviéndose dos de los mayores éxitos del director. Dos que vale la pena rescatar en cualquier momento, sobre todo si se tiene el tiempo.

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