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'Centurión': la dura pugna por la supervivencia

'Centurión': la dura pugna por la supervivencia
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Michael Fassbender interpreta el papel titular en ‘Centurión’ (‘Centurion’, 2010), un film de Neil Marshall que nos lleva la época del emperador Domiciano, cuando sólo una región del norte de Britania (Caledonia, actual Escocia) resiste ante la invasión romana gracias a las salvajes tribus pictas. Un nuevo intento de conquista incluirá entre sus soldados a la IX Legión, que, por órdenes del senador Agrícola, parte con la misión de acabar con la resistencia desde arriba. En su camino, ayudan a escapar de sus enemigos al centurión Quintus Dias, quien se une a sus filas.

El film tiene un potente arranque en el que encontramos, además de las batallas, ese elemento que ya se ha convertido en uno de los mayores alicientes de las historias ambientadas en la época romana: las intrigas políticas, con traiciones y seres ruines que esconden segundas intenciones. Con todo esto, comienza desde aquí un poderoso relato que refleja una época turbulenta y sobre la que aún hoy se ciernen misterios. De esta forma, la primera fracción de la película se presenta pujante y entretenida y promete aguantar de la misma guisa hasta sus últimos minutos.

Es una pena que, más adelante, la historia se centre exclusivamente en el devenir y la supervivencia de Dias y sus compañeros, perdiendo de este modo las implicaciones globales que los hechos mostrados podrían tener. La importancia de lo que se nos cuenta se reduce drásticamente y la épica de las luchas que vienen a continuación se pierde. En ningún momento lo que vemos deja de ser distraído, sin embargo, es más difícil ponerse al lado de los personajes y desear su triunfo cuando poco nos importa lo que vaya a suceder.

Michael Fassbender, el "protagonista" de

Ausencia de protagonista

Cierto es que el título ‘Centurión’ se refiere a un individuo y el film comienza con su voz en off en primera persona, es decir, no debería extrañar que la trama se quedase con Quintus como centro de atención. Lo que hace, sin embargo, que su supervivencia poco nos preocupe es que hemos llegado hasta allí sin habernos interesado por él como protagonista. Su definición no sólo es nula, sino que la de casi cualquier otro personaje es mayor. Este mal retrato por sí solo no impide, ni mucho menos, el disfrute del film, pero se conjuga con lo expresado en el párrafo anterior para malograr el interés por la mitad final de la película.

Para crear una historia en primera persona donde lo único que importa es el protagonista —pues puede haber historias narradas en primera persona con consecuencias de índole mundial— es necesario que el personaje no sólo sea rico y posea características particulares, sino que además nos haya transmitido una empatía por encima de lo habitual. Para ello, estos personajes suelen tener una motivación más allá de sus propios intereses, que hace que sus objetivos nos atrapen con más fuerza: llevar a cabo una venganza, salvar a alguien, completar una misión o promesa… Si a un retrato de personaje vacío le añadimos la ausencia de objetivos, nos quedamos con un ser que no puede sostener por sí solo una historia.

Mencionaba que había personajes con mayor entidad que el protagonista. Son el General Titus Virilus, interpretado por Dominic West (en la siguiente imagen), y el senador Agrícola, a quien da vida Paul Freeman y en quien habría estado interesante que se centrase el guión como principal antagonista. David Morrissey o Lee Ross son otros de los actores que encarnan a los compañeros del centurión, con papeles poco más que de relleno. Olga Kurylenko interpreta a una rastreadora que no puede hablar por unos hechos terribles que sufrió en su infancia. La actriz se limita, por lo tanto, a poner la misma cara de enfado en todos los planos y a pelear, creando así un personaje cercano al ridículo.

Ulrich Thomsen representa al rey de los pictos. Los personajes en este bando no se dibujan como seres humanos, sino como animales, lo cual, en lugar de aumentar la sensación de riesgo que corren los romanos, hace que se desperdicie la posibilidad de crear una némesis amenazante que se habría conseguido presentando a seres inteligentes con capacidades similares a las de los legionarios.

Batalla en

Pelea o muere

El título del film va acompañado en los carteles del tagline «pelea o muere». Es cierto que salir vivo sin luchar se demuestra imposible, pero existe la posibilidad de pelear y morir. A pesar de requerir esta enmienda, este slogan no engaña, ya que pocos son los momentos en los que no se presencien en la película luchas o huidas, gracias a lo cual, ‘Centurión’ nunca se hace aburrida. Como ya viene siendo habitual en péplums recientes —‘300’, la serie ‘Spartacus‘…—, no hay comedimiento a la hora de mostrar sangre, desmembramientos y decapitaciones.

Las batallas están resueltas con brío, aunque puede que excesivo, pues el montaje queda ligeramente confuso. La fotografía es resultona, si bien abusa de los tonos grises azulados (que se han disimulado para el tráiler), con el contraste muy exagerado, que provoca que los colores muy oscuros se empasten. Los últimos planos, sin perder estas tonalidades, chocan con lo anterior debido a que su contenido, adornado con los copos de nieve, resulta cursi. La banda sonora de Ilan Eshkeri dota de épica a muchos momentos que podrían carecer de ella por cuestiones de narración.

En definitiva, me quedaría con la idea de que ‘Centurión’ es un film principalmente entretenido y con alicientes que hacen que merezca un visionado. Algunos de los aspectos del guión podrían estar mejor acotados, con lo que el conjunto habría sido de gran calidad, ya que las posibilidades las tiene y no muy lejos de la mano. Una película para ver sin expectativas de gran cine, pero con la que se pasará el rato.

Mi puntuación:

2

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