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'Blade Runner', mágica obra de arte sobre la condición humana

'Blade Runner', mágica obra de arte sobre la condición humana
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Hablar de 'Blade Runner' es hacerlo de varias cosas. Es hablar de la magia del cine, es hablar de arte, es hablar del ser humano, es hablar de una experiencia que transforma al espectador. Hace unos días, tuve la santa suerte de poder ver, en una sala de los Kinépolis de la ciudad de Granada, esta extraordinaria película que dirigió Ridley Scott a partir de una novela de Philip K. Dick. La había visto ya, si no recuerdo mal, cinco veces, pero jamás de esta forma, en pantalla grande y con una calidad de sonido y de imagen sencillamente inmejorables. 'Blade Runner' es una película que se enmarca tanto en la ciencia ficción como en el cine negro, terrenos ambos donde camina con paso firme y ejemplar, pero sobre todo es una visión pesimista y trágica de la condición humana.

El ser humano está en declive, muerto; esto es lo que ponen de manifiesto sus creaciones más perfectas, unas "máquinas" que se han desarrollado hasta tal punto que, en contraposición con las personas "reales", quieren vivir intensa y eternamente. Gracias al precioso envoltorio de ciencia ficción, 'Blade Runner' plantea de forma fascinante una pregunta que siempre nos ha acompañado: ¿qué nos hace humanos? Lo orgánico ha perdido todo su sentido y las gentes deambulan sin sentido por calles ruidosas y superpobladas donde la lluvia refleja perfectamente el estado de ánimo que el film quiere transmitir. La fantástica banda sonora de Vangelis, la increíble visión de Scott y unos actores en estado de gracia logran que nos quedemos totalmente pegados a la butaca, independientemente de las veces que hayamos viajado hasta el barroco futuro de los replicantes.

Blade Runner en el cine
El argumento de 'Blade Runner' (1982) se centra en Rick Deckard, un policía especializado en cazar replicantes. Los replicantes son algo así como robots biológicos, seres humanos artificiales, creados para cumplir las tareas que los hombres ya no quieren hacer, en lugares donde se necesita una mayor mano de obra. Las nuevas generaciones de replicantes, los Nexus-6, han empezado a desarrollar emociones y llegan a cometer crímenes contra personas, por lo que son declarados ilegales. Los Blade Runners son los ocupados de eliminarlos. Estamos en Los Angeles, año 2019. Deckard se ve obligado a cumplir con una peligrosa y desagradable misión...

Lo que pasó por mis encendidas retinas el pasado 1 de diciembre (por cierto, infinitas gracias desde aquí tanto a una deliciosa jovencita como a un amable amigo, por hacer posible la memorable velada), fue concretamente una versión llamada 'Blade Runner: The Final Cut' (o 'Blade Runner: El Montaje Final', que básicamente es el director´s cut más una mano de pintura digital para, supuestamente, hacer más creíble el mundo futurista donde se desarrolla la acción.

No hacía falta, desde luego, tal tarea, como ya quedó en evidencia cuando el pesetero de George Lucas volvió a vendernos su (también mágica) saga de las galaxias; pero, por otro lado, no molesta lo más mínimo y apenas se nota, salvo porque sabes que "eso" no estaba ahí la última vez que viste el film. Igualmente, se han añadido algunos planos nuevos, pero pasan desapercibidos y personalmente me lo tomé del mismo modo que los retoques de efectos especiales (como si no estuvieran). La (quizá exagerada) explotación comercial que se está haciendo de esta mítica película ha llevado a muchos a desprestigiar las diferentes versiones, punto de vista que considero equivocado. Porque otro aspecto increíble de 'Blade Runner' es que, por un lado, es única, pero por otro, tiene varias versiones que funcionan a las mil maravillas. He llegado a la conclusión (no probada científicamente) de que la primera versión que ves es la que amas; pero en cualquier caso, la magia que desprende la obra está, reside en los fotogramas de todas las diferentes variaciones de la misma historia. Personalmente, me quedo con el director´s cut, pero, por ejemplo, Alberto prefiere la versión que se estrenó en un primer momento. Muy curioso.

Ford y Young
Elegante, sutil, preciosista, perfeccionista... Podríamos usar cualquiera de éstos y más calificativos para referirnos y subrayar la magistral labor de dirección de Ridley Scott en este film. Un señor que lleva el cine en sus venas, como se demuestra en incontables momentos de su envidiable filmografía; un señor que tiene en su haber 'Alien', 'Thelma y Louise', 'Black Hawk Derribado' o la para mí sobrevalorada 'Gladiator', pero que no tiene en su poder un Oscar (quizá 'American Gangster' se lo proporcione). Scott nos sitúa siempre dónde hay que estar, imprime el ritmo adecuado para cada momento (nos deja sin aliento con el primer "retiro" y nos relaja con las escenas íntimas de Deckard) y nos sumerge en un oscuro y lluvioso entorno que se muestra tan desolador como bellísimo. En este sentido, el diseño de producción es sublime. Scott se aprovecha de todos los elementos a su disposición para mover la cámara sin que nos demos cuenta, señal inequívoca de que no podía hacerse de otra forma. Por cierto, se suele decir que "el libro siempre va a ser mejor que la película", pero con una película tan especial como 'Blade Runner' las normas no valen. La obra de Dick no podría lucir mejor en la pantalla, recibiendo una dosis de poética complejidad pocas veces vista. El genial escritor no pudo verla, pero seguro que estaría muy agradecido por esta adaptación. A fin de cuentas, le saca brillo a una de sus novelas menos inspiradas.

Al igual que los temas de Vangelis, los rostros de 'Blade Runner' no se olvidan. Inevitablemente, el memorable impresionante y emotivo monólogo final (lo puedes ver mil veces, te eriza la piel siempre) hace que sean Harrison Ford y Rutger Hauer los actores más recordados, pero es también inolvidable la preciosa fragilidad de Sean Young, la salvaje belleza de Daryl Hannah o las extrañas facciones de Edward James Olmos, que encarna a un personaje muy secundario pero tan fascinante como el resto. Pero evidentemente, repito, puestos a destacar, hay que mencionar por encima de todos a Ford y a Hauer, que comparten un duelo que es un prodigio en todos los sentidos, trepidante, oscuro, reflexivo y de maravilloso desenlace. Tanto uno como otro están simplemente perfectos; el primero compone a un detective melancólico, un antihéroe, con el que nos podemos identificar desde el primer fotograma, y el segundo interpreta (y crea) a uno de los mejores villanos que ha dado el cine en toda su Historia. Por cierto, atención a las frases que le dedica el replicante al Blade Runner, ¿se conocían anteriormente? ¿Era Deckard ese sexto replicante que menciona su superior? ¿Por eso Deckard tiene ese reflejo dorado en los ojos? Los adoradores de la versión comercial, aun quitando el sueño del unicornio, tenéis que admitir que Deckard es... bueno, me callo que seguro que hay alguien por aquí que todavía no la ha visto.

El monólogo final

'Blade Runner' pasa por ser una de esas razones por las que amar el cine, uno de los pocos títulos realmente imprescindibles del séptimo arte. Es tal la belleza y la complejidad de la obra que uno se queda casi sin palabras al querer describirla. Podéis daros un buen viajecito por la red y comprobar la cantidad de debates y análisis que ha originado la película (catalogada como la de mayor contenido filosófico en numerosos sitios). Como bien sabéis, hay cosas que es mejor no ensuciarlas contándolas, hay que verlas y experimentarlas por uno mismo. Si eres de los que aún no han sentido en tu propia piel el monólogo final del replicante Roy Batty, no dudes más, tienes una tarea pendiente y urgente. Y si ya lo has sentido, ¿a qué esperas para repetir? Ah, vale, esperas al día 11 de diciembre, que sale a la venta una edición apabullante, con maletín y discos para pasar horas sentado, de esta genial e incontestable obra maestra.

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