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Daniel Craig es 007 | 'Quantum of Solace', considerable traspiés
Críticas

Daniel Craig es 007 | 'Quantum of Solace', considerable traspiés

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Su muy enérgico arranque parecía prometer que el inesperado y soberbio giro que se le había dado a la franquicia con 'Casino Royale' (id, Martin Campbell, 2006) iba a encontrar precisa respuesta y continuidad en la entrega número veintidós de las aventuras de 007, que Wilson y Broccoli ponían en las eclécticas manos de ese aparente realizador todoterreno que es Marc Foster. Una elección que sorprendía hasta al propio cineasta —que se declaraba poco amante del universo del agente del MI6— y que, a la postre, se iba a terminar convirtiendo en uno de los principales motivos que podemos encontrar detrás del escueto funcionamiento de 'Quantum of Solace' (id, 2008).

Y es que, trascendida una persecución que, energía y subidón de adrenalina al margen, hace gala de un montaje que se aleja a pasos agigantados de la precisión narrativa que habíamos visto en el filme previo, y valorando en lo que cabe la set-piece que tiene lugar en Siena, por mucho que palidezca en la comparación con la que daba inicio a 'Casino Royale' —con la que guarda no pocas similitudes—, a lo que asistimos durante los interminables 106 minutos de metraje de 'Quantum of Solace' es a un filme que nunca encuentra su foco y que nos lleva de acá para allá sin que nunca termine de interesar lo que cuenta ni cómo lo cuenta.

Ni dirección, ni guión, ni villano...

Quantum Of Solace 1

Directo responsable de ello es, como digo, un Marc Foster cuya escueta inventiva se aúna con el montaje de Matt Chesse y Rick Pearson bien para aburrir a las piedras en las muchas secuencias de mera exposición de la trama que acumula la cinta, bien para hacer que nos removamos incómodos en el asiento cuando le llegan el turno a las tres piezas de acción —cuatro si se cuenta la de la Ópera— que jalonan la proyección y que, al igual que el comienzo y la primera de ellas, quedan lejos de resultar tan efectivas como sí lo eran las comandadas por Martin Campbell, resultando despersonalizadas y puestas al servicio de un claro intento de epatar al respetable a lo "Bay".

Ahora bien, si mucho recae sobre los hombros de Foster, más aún habría que volcar encima de Neal Purvis, Robert Wade y Paul Haggis y en la paradoja que resulta —ya que son los mismos firmantes que encontramos detrás del guión de la anterior entrega de la saga— un libreto que, puntualmente interesante en aquello que abunda en la construcción de esa organización en la sombra que ya se daba a conocer en 'Casino Royale', tiene nulo interés en una trama de construcción innecesariamente compleja que, para más inri, falla estrepitosamente en algo que su predecesor hacía a las mil maravillas: ofrecer unos personajes que logren seducirnos.

Quantum Of Solace 2

Empezando por Bond, que si se alza como lo mejor de la producción es por obra y gracia de Daniel Craig, todas y cada una de las diferentes figuras que van formando parte del entramado de 'Quantum of Solace' arrastran un pesado lastre de desinterés que, por otra parte, no es sino el reflejo directo de lo que trasciende del devenir de la historia. Y de todos ellos, dejando de lado a ese personaje completamente prescindible que es el que encarna con poca convicción la bella Olga Kurylenko —o el aún más inútil que supone la otra deliciosa chica Bond del filme—, lo realmente imperdonable de la cinta es que el villano de turno sea el insulso y falto de carisma Dominic Greene.

Considerado de forma aislada, el megalómano que quiere controlar la distribución del agua en Bolivia resulta anodino a más no poder tanto por la parquedad con que se le sustenta desde las páginas del guión como por el hecho de venir encarnado con suma desidia por Mathieu Amalric. Pero el "crimen" es aún mayor si se le compara con el Le Chiffre de Mads Mikkelsen, un personaje que sólo necesitaba unos pocos segundos para meterse al respetable en el bolsillo algo que, huelga decir, está a años luz de poder conseguir Almaric sumando todos los minutos de exposición que encuentra a lo largo del entramado que aquí se orquesta sin brío alguno.

'Quantum of Solace', desgana

Quantum Of Solace 3

Fallando como lo hace el sustrato básico que hace florecer lo mejor de una producción cinematográfica, es inevitable que todo aquello que se nos traslada en 'Quantum of Solace' raye con insistencia en generar la desgana constante, y los fugaces instantes en que no es así, quedan ahogados en un conjunto del que lo poco destacable incide, como comentaba algo más arriba, bien sobre Daniel Craig —que vuelve a demostrar que es el mejor 007 con el que ha contado la franquicia junto a Sean Connery— bien sobre esporádicos apuntes del score de David Arnold.

Apartándose éste de la brillantez global que había detentado en 'Casino Royale' y resultando efectivo de forma más o menos plena sólo en las secuencias de acción, el trabajo a medio gas de Arnold es poco representativo de lo que el compositor británico dejaba atrás gracias a su estancia en la saga del espía británico: cuatro composiciones que sabían heredar y actualizar lo mejor que John Barry había desarrollado en el terreno musical para el personaje y que recibían un inesperado hasta luego con el cambio de aires que supondrá la incorporación de Thomas Newman a la franquicia.

Solo resta esperar que la marcha de Sam Mendes de la franquicia tras 'Spectre' (id, 2015) lleve consigo la de su compositor fetiche, y que lo por momentos forzado del cambio de estilo del hijo mayor de Alfred Newman para el universo sonoro de 007 —algo que queda demostrado de sobra atendiendo a sus trabajos para las dos cintas firmadas por el cineasta británico— deje paso de nuevo al que es sin duda el artista más dotado hoy en día para subrayar las aventuras del espía con licencia para matar más famoso de la historia del séptimo arte.

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