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John Carpenter: 'Golpe en la pequeña China', gran cine malo

John Carpenter: 'Golpe en la pequeña China', gran cine malo
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Wang Chi: ¿Preparado, Jack?


Jack Burton: Yo nací preparado.

Ante el tibio recibimiento popular de ‘Starman’ (id, 1984), al menos en taquilla, John Carpenter no se desanimó y aceptó la oferta de dirigir un guión demencial, escrito primero por Gary Goldman y David Z. Weinstein, luego reescrito por W. D. Richter, y finalmente retocado en sus últimos detalles por el propio Carpenter sin acreditar (como acostumbra), siempre con algunas de las mejores comedias de su venerado Howard Hawks en mente. Disponiendo del mayor presupuesto con el que había contado hasta la fecha, Carpenter sentía, según sus propias palabras, la necesidad de hacer una buena gamberrada antes de que la edad o las imposiciones del mercado se lo impidieran. Y a fe que la hizo, aunque esa gamberrada y ese espíritu lúdico le costaran muy caro, pues la película fue un sonoro fracaso en la taquilla de Estados Unidos, recibiendo además algunos de los más duros comentarios críticos de toda su carrera, a todas luces inmerecidos. De alguna forma, Carpenter fue de los que más sufrió la transición, a peor (la vulgarización), de los gustos del espectador medio y de la industria en general, y todo por mantenerse fiel a sí mismo y a su estilo.

Siendo, objetivamente, una de las mayores tonterías que he visto en toda mi vida en una sala de cine (e infinidad de veces en televisión), lo cierto es que cada vez que vuelvo a ‘Golpe en la pequeña China’ (‘Big Trouble in Little China’, 1986), me divierte horrores, caen todas mis defensas, me olvido de todo, y me trago una historia que es disparatada desde la primera a la última secuencia. En pocas palabras: aunque algunos no supieron, en su momento, apreciarlo, la diferencia entre lo que Carpenter busca y lo que encuentra es mínima, inexistente. Consigue exactamente lo que quiere, hacer “gran cine malo”, una locura gozosa para el espectador sin complejos, que en manos de otro director habría derivado, muy probablemente, en una memez infumable (y de memeces infumables los espectadores sabemos bastante, por desgracia), mientras que en las suyas se erige en algo mucho más interesante, elegante en su tosquedad, ingenioso en su chapucería. Una película mal hecha a propósito. Bastaría ver cualquiera de las películas anteriores de Carpenter, para percatarse de su absoluto dominio de la técnica cinematográfica, pero cuando algunos analistas describieron ésta como “basura” realmente no entendieron la broma. O a lo mejor es que no habían visto ninguna de esas películas.

Poner en paralelo, de nuevo, la carrera de Carpenter con la de Spielberg, al ser ambos compañeros de generación, resulta una vez más casi inevitable y hasta apasionante. Que en los años ochenta Spielberg dirigiese sus tres primeros Indiana Jones, forjando a un héroe de folletín habilidoso y astuto, forrándose con el esfuerzo, es lo opuesto a Carpenter, cuyo coñero espíritu de serie B y hasta el cartel de la película, son deudores también del folletín, pero en lugar de para ensalzarlos, para reírse un poco de ellos, con un improbable héroe que tiene de heroico lo justo, si tiene algo, y cuyo glamour o misterio se reduce a una camiseta sudada, a unos reflejos asombrosos y a una sonrisa bonachona. Eso sí, y ahí está lo difícil, sin perder la épica ni el misterio. Pero mientras Spielberg se forró, ‘Golpe en la pequeña China’ significó un involuntario punto de inflexión en la carrera de su máximo responsable, que haría su carrera posterior bastante difícil para todo un outsider como es él. Con el considerable presupuesto de ‘La cosa’ (‘The Thing’, 1982), ‘Starman’ y esta última, y con sus regulares o pobres resultados en taquilla, Carpenter se quedaría pronto sin capacidad de maniobra, pero también harto y desilusionado de Hollywood.

El camionero y dos mujeres de ojos verdes

La cosa, más o menos, es la siguiente: camionero simplote, jugador, vacilón, creído y vulgar, por nombre Jack Burton (por favor, leed tal cual, no “Barton”, como podéis comprobar en la versión original, y lo mismo sucede con cierto director famoso) acompaña a su amigo chino Wang Chi (Dennis Dun) al aeropuerto a recoger a su novia, procedente de Pekín, entre otras cosas porque Wang le debe dinero y no quiere que se le escape. Allí aparecerá la metomentodo Gracie Law (Kim Cattrall), una banda de Chinatown raptará a la novia de Wang por tener los ojos verdes y comenzará una carrera por salvarla que les llevará de bruces contra guerreros inmortales y todopoderosos, capaces de lanzar rayos, echar a volar, ser arrollados por un camión sin sufrir daño, echar luz blanca por boca y ojos, y cosas por el estilo. Burton perderá el camión, y se pasará el resto de la película buscándolo y ayudando a sus amigos chinos a vencer a Lo Pan, un individuo de dos mil años de edad sobre quien pesa una maldición de la que sólo se librará, recuperando su cuerpo mortal, cuando se case con una mujer de ojos verdes (uff…). Lo cierto es que la trama termina por darte bastante igual, ante el torrente de bromas, diálogos como balas, acción frenética, galería de personajes a cuál más divertido y las ganas de hacer disfrutar al espectador, más que nada porque salta a la vista lo mucho que disfrutaron y se divirtieron haciendo la película, y eso se transmite a la pantalla.

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Lo primero que me gustaría destacar de la película es su más que notable atmósfera y aspecto, gracias a un diseño de producción magnífico de John J. Lloyd, que hubo de construir un plató enorme con varias calles de Chinatown (lo que lógicamente encareció el proyecto), y la fotografía del gran (no me cansaré de decirlo) Dean Cundey, que volvía a trabajar con Carpenter por primera vez desde ‘La cosa’, y con el que ya no volvería a colaborar. Ambos le dan un look irresistible a la película. Por supuesto tirando de clichés, pero con un barroquismo conceptual y un mimo por el detalle realmente admirables. En ese ambiente alucinado de pesadilla oriental, se sitúa una aventura que no da respiro, en la que los momentos de acción están filmados de manera formidable. Ya la secuencia del aeropuerto, con un ritmo sostenido que luego se dispara a toda velocidad, es ejemplar en su planificación y en su montaje, y el resto de set-pieces de acción no desmerecen. Y ya desde el aeropuerto nos reiremos con Jack Burton, claramente superado por sus enemigos y cuya mayor hazaña, siempre, es salir con vida de milagro.

El propio Carpenter definía a Jack Burton como un perdedor que imagina, erróneamente, que es un líder. Lo único de lo que dispone Jack es de carisma, porque sus dotes para el combate, sus golpes de astucia, sus conclusiones, sus frases supuestamente ingeniosas, dejan mucho que desear. Ante un héroe tan lamentable, el estudio no sabía a qué atenerse, y por eso obligaron a Carpenter a filmar ese prólogo que es como un pegote innecesario que no viene a cuento, entre Egg Shen y el abogado, que trata de aportar una falsa aureola de heroicidad al personaje de Kurt Russell. Un Russell por lo demás magnífico, que además de tener el coraje de encarnar a un personaje tan poco atractivo (imponiéndose a opciones como Clint Eastwood o Jack Nicholson, entre otras cosas porque estaban ocupados en otros proyectos), no se limita a estar, sino que se deja la piel y demuestra un enorme sentido del ridículo, con unas grandes dotes para la comedia bufa, tomándose en serio algo tan importante como la risa. A su lado, una guapa Kim Cattrall, que hasta entonces había protagonizado comedias insustanciales y que el lector ahora conocerá por su papel en ‘Sexo en Nueva York’, le da la réplica a la perfección, y en su tensión sexual, sus pullas constantes y su complicidad, encontraremos algunos de los mejores momentos de la película.

Una vez más en un filme de Carpenter, la sensación de camaradería, de compañerismo, será enorme. A fin de cuentas, regresamos a un relato en el que un grupo de personas han de enfrentarse a un peligro o una amenaza enigmáticos, que supera su capacidad de entendimiento, y es maravilloso el modo en que los seis amigos (el camionero, la metomentodo, el dueño del restaurante, el maitre, la periodista y el anciano) interactúan y se relacionan entre sí y con la situación que han de superar. Wang Chi será mucho mejor guerrero que Burton, un experto espadachín y luchador de artes marciales, mientras que el anciano Egg Shen, interpretado por ese improbable y alocado actor, ya fallecido, que era Victor Wong, le va a la historia como un guante. El grupo vivirá una doble infiltración en las oficinas y niveles inferiores del infierno de Lo Pan (James Hong): la primera como una alucinada toma de contacto, y la segunda como una victoria sobre las fuerzas del mal. Tanto los efectos especiales (que alternan entre lo muy cutre, como la criatura que captura a Gracie, y lo casi perfecto, como la fusión entre efectos de cámara y de animación), como los efectos sonoros, están cuidados para provocar una impresión muy definida: la de adentrarnos en un mundo con sus propias reglas naturales.

Pero, lo que son las cosas: mientras productos de muy inferior calidad como otra comedia de fantasía y aventura, la mediocre ‘Cazafantasmas’ (‘Ghostbusters’, Ivan Reitman, 1984), o la rival de aquel año en misticismo oriental, la lamentable ‘El chico de oro’ (‘The Golden Child’, Michael Ritchie, 1986), convencían al público menos exigente y se convertían en grandes éxitos de taquilla, la artesanal pequeña joya que es esta película recibía duros ataques críticos, que por ejemplo comentaban la nula profundidad de los personajes (?) o la imitación de Carpenter de géneros marchitos (??), cuando no la escasa comicidad de sus situaciones y diálogos (???). Si los años ochenta fueron una década lamentable para el cine norteamericano, lo fueron por una doble causa: la acusada infantilización de los espectadores, cuyo gusto e interés por un cine más elaborado se precipitó en caída libre, y el desprecio de la crítica (personalmente nunca he encontrado en la crítica norteamericana una crítica de referencia, en absolutamente ninguna época…) por los trabajos más arriesgados y heterodoxos de aquellos años.

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Conclusión

Delirante, desternillante película, de trazas muy notables y de un refrescante y muy agradecido sentido lúdico, que ignora los caminos trillados del héroe y sabe reírse de sí misma. Su rotundo fracaso en taquilla empujaría a Carpenter a tomar la decisión de no trabajar nunca más para los grandes estudios, decisión que se vería obligado a traicionar, como veremos, algunos años después. Él siempre se ha sentido muy orgulloso de ‘Golpe en la pequeña China’, por muchos problemas que le haya proporcionado dirigirla. Por cierto que recomiendo encarecidamente su visionado en versión original (como no puede ser de otra manera) porque la alteración brutal de los diálogos y la degradación de la calidad de la excelente música de Carpenter son lamentables en la versión doblada de esta película. Y no suelo hablar de versiones dobladas porque no me interesan lo más mínimo, pero el que crea que ha visto la película viéndola doblada, creo que está muy equivocado. Ha visto una adulteración sonrojante.

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Especial John Carpenter en Blogdecine

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