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John Carpenter: 'Christine', un Carpenter menor

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Si lo pensamos bien, era cuestión de tiempo que los caminos del cineasta John Carpenter y del ínclito novelista Stephen King terminaran cruzándose. No solamente porque sus personalidades creativas tengan bastante en común, también por su mutuo interés por los relatos fantásticos y de sci-fi, a los que aplican parecidos códigos narrativos, cada uno en su campo. Así, ‘La niebla’ (‘The Fog’, 1980) o ‘Halloween’ (id, 1978) podrían haber partido perfectamente de la pluma de King, mientras que novelas como ‘El fugitivo’ (adaptada años después por Paul Michael Glaser en ‘Perseguido’ (‘The Running Man’), demanera bastante digna), ‘La zona muerta’ o ‘Desesperación’, por nombrar sólo unas pocas entre muchas, podrían haber sido filmadas con gran comodidad temática por Carpenter. El hecho de que la unión tuviera lugar con uno de los cuentos menos interesantes de King, publicado el mismo año en que se hizo la película, no deja de ser extraño, por mucho que Carpenter extraiga de él lo máximo posible.

Pero más extraño resulta aún que Carpenter, después de dos incontestables obras mayores como lo fueron ‘1997: Rescate en Nueva York’ (‘Escape from New York’, 1981) y ‘La cosa’ (‘The Thing’, 1982), se ponga a continuación con un material que ya de partida no añade nuevo a una filmografía que estaba siendo ascendente a cada nuevo proyecto, y que de repente interrumpe esa ascendencia y se dedica a contarnos una fantasía de terror que en comparación con pasados logros personales del cineasta, sabe a poco. ‘Christine’ (id, 1983) confirma por un lado la capacidad de trabajo de Carpenter (que filmaba título por año), pero esto también confirma que Carpenter era un outsider en Hollywood. Un tipo demasiado independiente para permitirse el mínimo paso en falso (y ‘La cosa’ no había arrasado precisamente en taquilla), pues aunque había sido el responsable de grandes éxitos populares, la industria norteamericana otorga margen según el último proyecto. Este, en particular, daría todavía bastante dinero, pero al mismo tiempo resultaba una película escandalosamente fácil para un talento como el de Carpenter, que da la impresión de que la filma con el piloto automático puesto.

Que nadie me malinterprete. No creo, bajo ningún concepto, que ‘Christine’ sea una película insignificante. Divierte bastante, está realizada con gran profesionalidad, y posee, al menos, dos secuencias antológicas. Pero carece de la densidad del gran cine de Carpenter, el mismo que mientras se ríe de los géneros, o por lo menos los cuestiona, hace uso de ellos para proponer aventuras inolvidables en su fuerza narrativa y en su gozoso tenebrismo. Ignoro la capacidad de elección de Carpenter a esas alturas, pero este material habría sido perfecto varios años antes, sólo en el inicio de su carrera. De hecho, si se borrara su nombre de los títulos de crédito, sería muy difícil adivinar quién es el director, pues ni en la dirección de actores, ni en la planificación visual o el montaje, ni en el ritmo, se aprecia nada del director capaz de hacer maravillas con todo ello en su película inmediatamente anterior. ‘Christine’ más parece dirigida por un principante aventajado pero tímido, que narrase con buenas maneras pero sin trascender nunca de la mera solvencia. Esto no hace sino otorgar mayor mérito a proyectos posteriores mucho más arriesgados y mucho más personales que dieron muy poco dinero.

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El coche demoníaco

Ya desde el mismo comienzo da la impresión de que estamos asistiendo a un telefilme desganado, o a un episodio de ‘Cuentos asombrosos’ (‘Amazing Stories’, 1985-87), antes que a una película dirigida por el maestro que nos perturbó con ‘Asalto en la comisaría del distrito 13’ (‘Assault on Precinct 13’, 1976). El prólogo, situado en los años cincuenta, queda casi como una broma que, si pretende dar miedo, fracasa, y si pretende ser una parodia, también. Damos un salto de veinte años, y nos situamos en un ambiente estudiantil, de instituto estadounidense que tanto hemos visto (apenas, por cierto, en ‘Halloween’) durante décadas, y que tan poco tiene que ver con Carpenter. Como muy poco, o nada, tienen que ver con él ninguno de los caracteres que pueblan sus imágenes, ni, si se me apura, un cierto espíritu del “american way of life” que el cineasta, aquí desconocido, habría aprovechado en otras ocasiones para criticar veladamente, con su sutilidad habitual. Pero da la impresión de que simplemente quiere sacar adelante el proyecto sin romperse demasiado la cabeza.

El reparto, por entero, me parece indigno de Carpenter. No es que sean actores muy mediocres (algunos lo son, desde luego) es que da la impresión de que el casting ha buscado tirar de tópicos, y que los actores que dieran vida a esos tópicos fueran lo más anodinos posible. De tal manera que no hay ni un solo personaje con el que podamos identificarnos, ni siquiera uno que caiga bien. El protagonista, Arnie, está interpretado con gran falta de ritmo e intensidad por Keith Gordon, cuya carrera ha sido bastante liviana, por decir algo. Suyo va a ser el viaje psicológico de la historia, desde su posición de “nerd” (expresión norteamericana que designa a los frikis, pringados de la clase con cero habilidad social y objetivo de las burlas de los más duros…) hasta la de obsesivo asesino, controlado maléficamente por un (falso) Plymouth del 58, que irá dictándole lo que ha de hacer y que es capaz de regenerarse como por arte de magia, a pesar de múltiples destrozos (se destruyeron casi dos docenas de modelos durante el rodaje). El resto de personajes es casi inexistente, como sombras destinadas a cumplir una función en una trama que se antoja anémica en su desarrollo y trivial en su conclusión.

Sin embargo, la secuencia en la que el coche se venga de los que le destrozaron, acudiendo a una gasolinera y provocando un gran incendio, posee una gran fuerza visual. Impresiona ver el coche en llamas, como un engendro infernal, surgiendo de la explosión y persiguiendo al último de los gamberros que le destrozó, para convertirle también en una bola de fuego. Antológica también la secuencia en la que persigue a uno de los gamberros por la carretera nocturna, para terminar acorralándole. Son muestras menores del gran Carpenter, que ni siquiera se encuentra inspirado (como suele) en la composición visual, con un scope sin demasiada inventiva, trabajando por primera vez sin su habitual Dean Cundey, lo que es bastante significativo, y debutando con el operador Donald M. Morgan, que sin ser mediocre, no es tan hábil como cundey. Ni siquiera la música del propio Carpenter y Alan Howarth goza de personalidad. Con todo, el conjunto se ve bien, pero no es en absoluto una buena película.

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Conclusión

No será, por desgracia, la última vez que Carpenter cuente con un material de partida tan pobre, debido a un guión que no termina de exprimir un relato determinado. De hecho, a medida que la carrera del cineasta avance, irá ganando en depuración estilística, en madurez y en solvencia visual, mientras que demasiados guiones que acepta adolecen de arritmias, incoherencias, cuando no incompetencia, mediocridad y fallos graves de construcción y de personajes. Con todo, demuestra su versatilidad y su fuerza de voluntad en productos tan desganados como ‘Christine’. Ya llegarían mejores tiempos. De hecho, no faltaba mucho para que llegaran.

Especial John Carpenter en Blogdecine

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