Compartir
Publicidad

'Lars y una chica de verdad', maravilloso delirio

'Lars y una chica de verdad', maravilloso delirio
2 Comentarios
Publicidad
Publicidad

Tenía ganas de una película como ésta. La huelga de guionistas sigue haciendo mella en la cantidad de truños nuevos que tenemos que soportar cada viernes (salvo honrosas excepciones), y este 2008 está plagado de remakes, o películas que también son remakes aunque no lo reconozcan formalmente. Cuando viene algo mínimamente decente, y no en cuanto a guión, es porque hay millones y millones de euros detrás.

Por todo esto, 'Lars y una chica de verdad' viene con discreción (como viene siempre este tipo de películas) pero con firmeza. Con un presupuesto de apenas 12 millones de euros, la película se apoya en los actores y el excelente guión, justamente nominado al Oscar, de Nancy Oliver, responsable de la historia de algunos de los mejores capítulos de la serie 'Dos Metros bajo Tierra'. En cuanto al cine indie, se ha hablado mucho de 'Juno', una película a mi gusto bastante inflada, y no mucho de ésta.

En un pueblo cualquiera de Estados Unidos, vive Lars (Ryan Gosling), un chico tan extremadamente tímido que el simple contacto físico le produce dolor. Como vecinos, puerta con puerta, tiene a su hermano Gus (Paul Schneider) y a su cuñada Karin (Emily Mortimer). Un día, un compañero de trabajo le avisa de la existencia de muñecas personalizables que se pueden comprar por Internet, con la aparente indiferencia de Lars, que sin embargo avisa a Lars y Karin de que se ha echado una novia, llamada Bianca. Cuando se dan cuenta de que Bianca no es una persona real, se preocupan muchísimo y deciden seguirle la corriente.

De lo primero que hay que hablar, para ser justos, es de Ryan Gosling, uno de los tres o cuatro actores más prometedores de Hollywood, y Dios sabe que no exagero. Su fama comenzó en la interesante 'El Creyente', y no ha parado desde entonces, eligiendo muy bien los títulos en los que ha participado, aunque con más o menos acierto. Ryan Gosling consigue que Lars sea un personaje curiosísimo, fascinante. No llega a la sobreactuación, y sin embargo construye un protagonismo potente, con gran cantidad de matices, tics, y un logrado trabajo por detrás. En otras palabras, Ryan Gosling está fabuloso, en uno de los mejores papeles que he visto en el cine del pasado año.

Una de las mejores virtudes de 'Lars y una chica de verdad' es que, pese a la sencillez y brutal honestidad de la propuesta, es que entretiene y hasta divierte. Es de alabar que la película empieza siendo una amena comedia con momentos sensacionales (cuando Lars está en la iglesia y hace ruido por accidente), y se torna en drama con una fluidez asombrosa. Hay muchos silencios, que disfrazan falsamente la trama con lentitud que no le pertenece, y una comicidad insinuada pero omnipresente.

La primera media hora es sencillamente fenomenal, aunque luego, a partir de la primera hora, es comprensible que uno empiece a mirar el reloj. Por suerte, ahí está Gosling para levantar el pulso de la película cuando más le hace falta, subrayando la calidad del conjunto y eclipsando la intermitente falta de ritmo de algunas escenas.

Detalles como la realista, colorista y cuidada fotografía, con estética y vestuario retro, y la considerable cantidad de planos subjetivos, sobretodo en los espacios cerrados, es muy de agradecer teniendo en cuenta que estamos ante una agradable historia típicamente rural, con momentos de marcada intimidad. La música de David Torn, aunque suele pasar desapercibida, tiene sus momentos. Y la dirección del debutante australiano Craig Gillespie es arriesgada y solvente, así que podemos pensar que nos quedan por ver algunos buenos títulos de este director.

La película, en definitiva, es un profundo, original e impactante análisis de la soledad y de los mecanismos cerebrales para subsanarla. Lo que le pasa a Lars no es más que una reacción ante tanto tiempo sin comunicación con los demás. Es impresionante la evolución que muestra al protagonista, que pasa de una timidez enfermiza a una jovialidad y locuacidad que sólo despiertan afecto y dulzura a su alrededor. Es por tanto, una historia muy sabia sobre la perfección de la media naranja, la condición del ser humano, imperfecto y permanentemente traumatizado, en una alegoría sobre el amor que, consiguiéndolo, nunca pretende la lágrima con artificios sentimentaloides. Como precedente sólo se me ocurre el simpático libro de Christine Nöstlinger, 'Konrad, o el niño que salió de una lata de conservas', sobre una solterona maniática que compra por catálogo a un niño perfecto.

A Ryan Gosling le acompaña un portentoso elenco: Patricia Clarkson, que hace de psicóloga, y está muy bien como siempre; Paul Schneider, como Gus, el preocupado hermano de Lars, con un carácter aspero y una actuación francamente natural; y sobretodo, Emily Mortimer. Su papel de cuñada embarazada merece todo reconocimiento y halago, y aprovecha muy bien las pocas escenas que se le otorgan.

No obstante, tengo algo que decir sobre 'Lars y una chica de verdad' para no tenerla en más alta estima. Resulta un poco inverosímil la aceptación de todo el pueblo de la situación de Lars. Da la impresión de que viven en el país de las gominolas, aunque por suerte esta sensación no dura mucho y no da tiempo al espectador a que forje una actitud de escepticismo. SPOILER Asimismo, el final cerrado tiene algo de forzado e inconcluso, sin que satisfaga mucho el hecho de que Lars, al terminar todo, siga creyendo que Bianca existió de verdad. FIN SPOILER.

Total, que tenemos una película muy estimable, la verdadera película indie de estos últimos meses. Un verdadero ejemplo de cómo una premisa original, con poco dinero, puede dar lugar a un resultado sorprendentemente redondo. Una película para ver con la pareja, o ver con la familia (a pesar de sus puntuales referencias sexuales), con una atmósfera de buen feeling sobresaliente. Y Ryan Gosling, repito, estupendísimo.

En Blogdecine:

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio