Con Ridley Scott nunca sabes si estás apostando por el genio visionario de 'Alien', 'Blade Runner', 'Thelma y Louise' o 'El último duelo', o por el tipo sin sentido del ritmo de 'Napoleón', 'La casa Gucci', 'Gladiator II' o 'Legend'. Por eso es normal entrar con cierto miedo a ver 'La constelación del perro', sin saber exactamente con cual de los dos nos vamos a encontrar. Tristemente, ya os aviso, es con el segundo: esta es una de sus peores películas, donde no le queda nada por contar y oscila continuamente entre el sopor y lo directamente risible. Ridley, esta no te ha salido.
Si no quieres sopa, toma dos cazos
No es que Scott haya perdido pericia tras la cámara, ojo. En 'La constelación del perro' hay escenas fantásticas rodadas con originalidad, nervio y espectáculo puro: persecuciones in extremis, bombardeos aéreos y hasta melancólicos momentos de soledad que por sí solos están muy bien... pero dentro de la película resultan solo en pequeñas chispas de genialidad en un océano de absoluto tedio que cae continuamente en lugares comunes del cine post-apocalíptico, un subgénero que tenemos más que mascado y al que Scott no sabe darle un toque especial. Simplemente, se limita a repetir. Simplemente, se limita a aburrir.
Si esta fuera la primera película post-apocalíptica de la historia, diríamos que pone las bases de un nuevo subgénero. Sin embargo, lo que hace es regurgitar todo lo que ya han asentado otros antes, sin abrir el espacio a nuevas ideas, ni argumentales ni estilísticas. Todo lo hemos visto ya antes: los supervivientes rurales, el encuentro con infectados, el supuesto lugar donde se gesta una nueva sociedad, la ayuda entre grupos de personas, etcétera. Solo que Scott no parece querer contar nada tras esta sucesión de escenas que, pretendiendo ser reflexivas, acaban siendo soporíferas.
No tengo nada en contra del cine lento. Es más: lo disfruto... siempre que haya algo detrás. Motivación, alma, sentido. Scott abandona la película a su suerte y espera que los planos contemplativos consigan maquillar la desidia. Sin embargo, 'La constelación del perro' está tan muerta como el mundo en el que se desarrolla: no hay ni una pizca de originalidad, creatividad ni ritmo, y ni tan siquiera actores tan solventes como Jacob Elordi, Josh Brolin o Margaret Qualley pueden sacar oro de un guion repleto de amenazas vacías y enemigos que parecen salidos de un mal videojuego.
Mirando a las estrellas
Emocionalmente, aunque lo intenta, 'La constelación del perro' siempre parece que no le pone el suficiente esfuerzo: las historias lacrimógenas de sus protagonistas son los mismos relatos de separación, muerte y dolor que ya hemos visto cientos de veces en el cine de este subgénero, y es un soniquete que suena a disco rayado. Intentan hacerte empatizar, pero saben a croquetas de la semana pasada. Scott, al final, es tan buen director como el guion que tiene entre manos. Y en este caso, ninguno de los dos está en su mejor momento.
La trama de la película es un camino clásico: del punto A al punto B, encontrándose por el medio con obstáculos que impiden (emocional y literalmente) seguir su ruta. Finalmente, cuando consiguen seguir adelante, la película culmina en un anti-clímax totalmente inesperado. De hecho, cuando los créditos salen en pantalla, reconozco que me pregunté dónde estaban los 15 minutos que faltaban en una historia que queda coja, sin un momento realmente definitorio y en la que lo más impactante es el diseño de la guarida de los malvados... que, a su vez, nunca terminamos de explorar demasiado. Todo pasa entre cabañas marrones, hogares austeros y bosques tristes, en el apocalipsis más aburrido, plano y gris del cine de los últimos años.
Por supuesto, hay escenas y planos dirigidos de manera fantástica, que nos recuerdan que quien está detrás de las cámaras no es un mindundi, sino uno de los directores más míticos de la historia del cine moderno. Tristemente, aquí deja que su talento se muestre solo a gotitas: si en 'Gladiator II' pecaba de exceso, aquí tiene una carencia de epicidad e interés preocupante. Por interesante que hubiera sido el post-apocalipsis pasado por el filtro del creador de 'Blade Runner', nos tenemos que conformar con la visión del tipo que hizo 'El consejero'. ¿No os acordáis ya de ella? Pues efectivamente, por eso era.
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