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'¡Shazam!': un fantástico espectáculo superheróico con mucho más corazón que músculo
Críticas

'¡Shazam!': un fantástico espectáculo superheróico con mucho más corazón que músculo

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Nota de Espinof

Nunca he ocultado mi devoción hacia los inicios de lo que debería haber sido un DC Universe que, a día de hoy, parece un proyecto deslavazado y condenado a caer en el olvido mientras la franquicia avanza por otros derroteros. Un arranque en el que Zack Snyder nos regaló dos espectáculos sombríos, intachables y duramente criticados como 'El hombre de acero' y 'Batman v Superman', y que encontraron su digna sucesora en la 'Wonder Woman' de Patty Jenkins.

Después de la profunda decepción que experimenté con 'Liga de la justicia' y 'Aquaman', mis temores respecto a la nueva piedra que Warner iba a colocar en su proyecto superheróico estaban desorbitados, ya que prometía continuar abrazando una ligereza tonal y un estilo que, lejos de elevarse como señas propias de identidad, parecían más pendientes de intentar imitar la fórmula que tan bien está funcionando a la competencia.

Finalmente, los miedos a un nuevo descalabro han terminado siendo completamente infundados, porque las dos fresquísimas y sorprendentes horas de '¡Shazam!' consiguieron provocar en mi un efecto opuesto al que experimenta su protagonista, convirtiéndome en un crío durante la proyección gracias a un peculiar cóctel de comedia familiar, acción de primera y una nostalgia velada en sus referentes que, en última instancia, se sitúa entre lo más alto de la filmografía de Detective Comics gracias a su inmenso corazón.

Disfrutando como niños

He de reconocer que tenía mis dudas sobre la solvencia que podía demostrar David F. Sandberg'Annabelle: Creation'— al capitanear un proyecto de una escala tan grande como esta primera aventura del superhéroe anteriormente conocido como Capitán Marvel. Contra todo pronóstico, el sueco no sólo se ha mostrado especialmente cómodo fuera de su aparente zona de confort y con un gran presupuesto, manejándose en el género con soltura, sino que ha dejado su inspirada huella de especialista en terror en varios pasajes del filme con notables resultados.

Hablar de '¡Shazam!' es hacerlo de una maquinaria diseñada y engrasada a la perfección en la que funcionan a un gran nivel la inmensa mayoría de sus componentes, siendo el más destacado un sentido de la comedia que domina el tono de la película y que no necesita esforzarse demasiado para provocar alguna que otra carcajada genuina entre el patio de butacas. Si a esto le sumamos el festival referencial y meta, que llega a rivalizar con lo visto en 'Spider-Man: Un nuevo universo', con no pocas alusiones al cine, los videojuegos y la cultura pop de las últimas cuatro décadas, el deleite está asegurado.

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Sobre esta base, que no teme en mostrarse como una suerte de versión supervitaminada de la eterna 'Big' de Penny Marshall —a la que homenajea sin disimulo—, Sandberg da rienda suelta a un festival de acción mucho menos extenso de lo que cabría esperar, pero que deja un buen número de set-pieces notablemente ejecutadas, emocionantes, y que salpimentan el conjunto añadiéndole un extra de sabor e intensidad y revelándolo como un entretenimiento casi perfecto.

Pero si algo hace que '¡Shazam!' trascienda entre la maraña de producciones congéneres con la que se nos bombardea mes tras mes, ese es el tratamiento de sus personajes. Como siempre que se hace con mimo y gusto por el detalle, la construcción del grupo de protagonistas se eleva como la mayor virtud de la cinta y como el principal reclamo de la misma. Aunque no se puede decir lo mismo de un villano que, como suele ocurrir, y pese a los esfuerzos del siempre eficiente Mark Strong, se antoja desdibujado y ligeramente plano.

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Lo mejor que puede pasarle a un largometraje es que este abrace por completo su naturaleza sin miedo alguno. En este caso, aprovechando al cien por cien la última aproximación de Geoff Johns al personaje en el mundo del cómic, David F. Sandberg ha firmado un atípico blockbuster, modélico y desenfadado en el que el gran corazón de su vis dramática funciona al mismo nivel que su cariz de divertimento sin pretensiones. Y todo ello para hacernos recordar una vez más las sensaciones que se experimentaban siendo niños en una sala de cine, pero esta vez encerrados en el cuerpo de un adulto.

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