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"Un plano largo, sin cortes, un descenso a los infiernos. Esa es la realidad de la mina". Luis Trapiello, director de 'Enterrados'
Directores y guionistas

"Un plano largo, sin cortes, un descenso a los infiernos. Esa es la realidad de la mina". Luis Trapiello, director de 'Enterrados'

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El director mierense Luis Trapiello es un todoterreno que se ha dedicado a la pintura, la fotografía, el teatro y la escritura antes de llegar al cine. 

Guionista y director de ‘Enterrados’, el thriller dramático protagonizado por Joaquín Furriel y Candela Peña, charla con nosotros durante la promoción de su notable película.

Kiko Vega (KV): Lo que podría ser una simple historia de supervivencia y rescate en forma de drama humano se rebela hasta terminar siendo otra cosa muy distinta.

Luis Trapiello (LT): Claro, me gusta mucho que sea así, aunque también me la he jugado, es muy arriesgado dejarlo todo para el final. Hay muchas pistas desperdigadas durante la historia, pero aún así puede parecer que todo llega al final.

KV: La película arranca con una primera secuencia impactante y 100% real: un descenso al pozo minero. ¿Fue complicado rodarlo?

LT: Eso fue así. Vamos a bajar en la jaula, compañeros. Joaquín, el protagonista, nunca había bajado y al salir me dijo “no me hizo falta interpretar”. Mucha gente del equipo bajó con los dientes apretados agarrándose a lo que tuvieran a mano. Un plano largo, sin cortar, un descenso a los infiernos. Es la realidad. Es así. Hicimos dos tomas, pero fue más complicado cuando rodamos el teaser con Daniel Guzmán y Álex Angulo, en una jaula que bajaba a cinco metros por segundo y sin servofrenos.

"En algunos casos, las condiciones son salvajes. Es terror puro"

KV: El prólogo y buena parte de la película abraza sin complejos el cine de terror, ¿era la mejor manera de mostrar al público cómo funciona la mina?

LT: La sensación es terrorífica, sí. Hablé con mineros y trabajadores de aquí y de la cuenca del Narcea, donde las minas son privadas, y en algunos casos, las condiciones son salvajes. El terror puro.

KV: ¿El enfrentamiento entre despachos y curritos puede sentar mal a alguien?

LT: Yo creo que se entiende en el contexto de la película. Todo es muy natural, todo ha pasado y podría volver a pasar. Por desgracia siempre tiene que haber alguien que sea el primero en ir. Y culpar es muy humano. Es una pena porque teníamos más materia para rodar de la unidad de rescate, pero no tuvimos mucho tiempo. Está lo que tenía que estar, pero me habría gustado dar más cancha ahí.

KV: La música de Ernesto Paredano es alucinante. ¿Tuvo libertad plena o tenías claro por donde querías que fueran los tiros?

LT: Ernesto, asturiano en Santo Domingo, hizo un trabajo alucinante. Me gusta pensar que sí, que en parte tengo algo que ver con ella. Pero el mérito es suyo. Estuvimos cinco meses trabajando en ello. Tuvo plena libertad, pero estuve tan encima todo el tiempo que también la siento como mía. Fue una apuesta muy arriesgada, los productores en principio no lo veían claro, hubo que pelear. Hay partes muy arriesgadas musicalmente hablando. El trabajo de Ernesto es espectacular.

KV: La película tiene un montador de lujo como Alejandro Lázaro, eso tiene que dar seguridad.

LT: Antes hablábamos de la escena de la jaula, la de la bajada. Pues fue idea suya arrancar así. Yo tenía otro arranque en la cabeza, pero me paré a pensar lo que decía y vi que era un acierto. Tenía toda la razón. Me abrió los ojos, como tiene que ser. El director puede tener la cabeza en muchos sitios, y un montador como él te ayuda a dar un paso atrás y volver a mirar. Tuve mucha suerte de tener un montador como él.

"Fue una apuesta muy arriesgada, los productores en principio no lo veían claro"

KV: Eso te honra.

LT: Bueno, siendo operaprimista, como dicen los argentinos, igual hay que tener un poco más de la humildad que por defecto ya debes tener encima. Rodeado de un equipo así puedo dejarme guiar, por supuesto. Eso no quiere decir que no hayamos tenido alguna discusión, pero conté con un equipo de lujo.

KV: El plano secuencia es demencial, de lo mejor del año. Supongo que eso ya estaba incluso antes que el guión.

LT: Lo tenía clarísimo. Me habría gustado hacerlo aún más grande. Escribo pensando en el montaje. Para mí no es una competición de a ver cuánto dura, quería algo narrativo, metafórico, que funcionase a varios niveles y que tuviera un sentido real. Acabar delante del espejo es un símbolo de lo que vamos a ver a continuación.

KV: Muchos guiños al género, una vez más. Y ya era hora de aprovechar una herramienta como el dron para hacer algo más que un plano de situación.

LT: Siempre vemos coches arriba y abajo, y se pueden hacer muchas cosas. Por problemas técnicos no pudimos montar el plano final como el del inicio, acabando donde empezaba aquel y saliendo prácticamente de la mina, pero no pudo ser. Nos llevó un día entero de trabajo en un rodaje tan ajustado es demasiado, pero lo hicimos.

KV: Vienes de familia de mineros, ¿has hecho la película que te gustaría haber enseñado a los que ya no están entre nosotros?

LT: Claro, me habría encantado. No sé si habrían preferido algo más tradicional, pero aquí también hay mucha emoción más allá de la peripecia. Creo que Guillermo Del Toro acierta cuando dice que la emoción es el nuevo punk. Parece que rehuimos siempre de llegar al corazón, y creo que es un error ser más cool de lo debido. Hay que ir a la emoción y a la calidez.

KV: ¿El rodaje se dividió en dentro y fuera?

LT: Sí, me habría gustado hacerlo de manera más tradicional, pero empezamos con los exteriores. Y eso que también tuvimos alguna escena compleja con otro dron.

Rodar la mina del tirón nos complicó mucho mostrar la progresión del personaje de Joaquín, que se entregó al máximo. Dejó de comer y apenas bebía para llegar al final. 

KV: Candela Peña tiene las mejores frases de la película, ¿se tiró de cabeza al proyecto?

LT: Lo ha hecho todo, y le encantó la idea. Si un minero es un referente de alguien auténtico, Candela Peña es una actriz que derrocha autenticidad. No se me ocurre una actriz mejor que ella para la película.

KV: Me parece un homenaje muy bonito a nuestra generación la escena de la salida del colegio. Todos hemos presenciado una mala tarde en la que se comunicaba a algún compañero que la mina se había tragado a un ser querido.

LT: Más o menos todos hemos pasado por ahí, sí. Un tío de mi mujer se mató en la mina. Y siendo de Mieres ya sabes lo que hay, conoces a mucha gente que pasó por ahí. También hablé con gente que lo sobrevivió. En los ochenta no debió pasar ni un mes sin muertos en la mina. Eso lo hemos vivido. La sensación de mi madre era como la de la mujer de un torero, vivir angustiada cada hora.

KV: ¿Ya tienes algo nuevo entre manos?

LT: Estaba con una cosa pequeña con un par de guionistas más, pero en mi cabeza estaba otra historia que me estaba comiendo por dentro, así que me he tirado de cabeza. Es algo muy personal, y estoy con ello. Una historia que en teoría debería llevarnos hasta África. Otra historia de personajes al límite.

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